Notas de Elena | Sábado 6 de junio del 2020 | La Biblia y la Profecía | Escuela Sabática

Sábado 6 de junio
Cristo anunció a sus discípulos lo que les esperaba en su trabajo de evangelización. Sabía cuáles serían sus sufrimientos, y cuáles las pruebas y tribulaciones que tendrían que sobrellevar. No quiso ocultarles lo que iba a sucederles, no fuese que las dificultades, al sobrevenir repentinamente, hiciesen vacilar su fe. “Y ahora os lo he dicho antes que suceda —dice él—, para que cuando suceda, creáis”. Juan 14:29. La prueba, en vez de minar su fe, debía afirmarla. Unos a otros debían repetirse: “Nos había dicho que esto vendría y cómo hacerle frente” —Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 189.
Al pronunciar el ay sobre Judas, Cristo tenía también un propósito de misericordia para con sus discípulos. Les dio así la evidencia culminante de su carácter de Mesías. “Os lo digo antes que se haga para que cuando se hiciere, creáis que yo soy”. Si Jesús hubiese guadado silencio, en aparente ignorancia de lo que iba a sobrevenirle, los discípulos podrían haber pensado que su Maestro no tenía previsión divina, y que había sido sorprendido y entregado en las manos de la turba homicida. Un año antes, Jesús había dicho a los discípulos que había escogido a doce, y que uno de ellos era diablo. Ahora las palabras que había dirigido a Judas demostraban que su Maestro conocía plenamente su traición e iban a fortalecer la fe de los discípulos fieles durante su humillación. Y cuando Judas hubiese llegado a su horrendo fin, recordarían el ay pronunciado por Jesús sobre el traidor.
El Salvador tenía otro propósito aún. No había privado de su ministerio a aquel que sabía era el traidor. Los discípulos no comprendieron sus palabras cuando dijo, mientras les lavaba los pies: “No estáis limpios todos”, ni tampoco cuando declaró en la mesa: “El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar”. Pero más tarde, cuando su significado quedó aclarado, vieron allí pruebas de la paciencia y misericordia de Dios hacia el que más gravemente pecara —El Deseado de todas las gentes, pp. 611, 612.
Mientras se burlaban del Salvador, los hombres que profesaban ser expositores de la profecía repetían las mismas palabras que la Inspiración había predicho que pronunciarían en esta ocasión. Sin embargo, en su ceguera, no vieron que estaban cumpliendo la profecía. Los que con irrisión dijeron: “Confió en Dios: líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios”, no pensaron que su testimonio repercutiría a través de los siglos. Pero, aunque fueron dichas en son de burla, estas palabras indujeron a los hombres a escudriñar las Escrituras como nunca lo habían hecho antes. Hombres sabios oyeron, escudriña-ron, reflexionaron y oraron. Hubo quienes no descansaron hasta que, por la comparación de un pasaje de la Escritura con otro, vieron el significado de la misión de Cristo —El Deseado de todas las gentes, pp. 696, 697.
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
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