Notas de Elena | Sábado 5 de diciembre del 2020 | El cristiano y el trabajo | Escuela Sabática

Sábado 5 de diciembre
A Adán fue dada la obra de cuidar el jardín. El Creador sabía que Adán no podía ser feliz sin ocupación. La belleza del huerto le deleitaba, pero esto no bastaba. Debía tener trabajo que diera ejercicio a los admirables órganos de su cuerpo. Si la dicha hubiese consistido en estarse sin hacer nada, el hombre, en su estado de inocencia, habría sido dejado sin ocupación. Pero el que creó al hombre sabía qué le convenía para ser feliz; y tan pronto como lo creó le asignó su trabajo. La promesa de la gloria futura y el decreto de que el hombre debe trabajar para obtener su pan cotidiano provinieron del mismo trono…
Los ángeles se deleitan en un hogar donde Dios reina supremo, y donde se enseña a los niños a reverenciar la religión, la Biblia y al Creador. Las familias tales pueden aferrarse a la promesa: “Yo honraré a los que me honran”. 1 Samuel 2:30. Y cuando de un hogar tal sale el padre a cumplir sus deberes diarios, lo hace con un espíritu enternecido y subyugado por la conversación con Dios (El hogar cristiano, pp. 23, 24).
Enseñemos a nuestros hijitos a ayudarnos mientras sus manos son pequeñas y sus fuerzas son escasas. Impresionemos en su mente el hecho de que el trabajo ennoblece, que el cielo lo dispuso para el hombre, que le fue dado a Adán en el Edén, como una parte esencial para el desarrollo perdurable de la mente y el cuerpo. Enseñémosles que el placer inocente nunca satisface tanto como cuando sigue a un trabajo activo (Conducción del niño, p. 117).
La vida de Cristo, desde sus más tempranos años, fue una vida de fervorosa actividad. Él no vivió para agradarse a sí mismo. Era el Hijo del Dios infinito; no obstante, trabajó en el oficio de carpintero con su padre José. Su oficio fue significativo. Había venido al mundo como edificador del carácter, y como tal toda su obra fue perfecta. Toda su labor material se distinguió por la misma perfección que transmitía a los caracteres que estaba transformando por su poder divino. Él es nuestro modelo.
Los padres debieran enseñar a sus hijos el valor y el debido uso del tiempo. Enséñeseles que vale la pena luchar para hacer algo que honre a Dios y beneficie a la humanidad. Aun en sus tempranos años pueden ser misioneros para Dios (Palabras de vida del gran Maestro, p. 280).
Cristo ha dado a todos la obra de ministrar. Él es el Rey de la gloria y, sin embargo, declara: “El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir”. No obstante ser la Majestad del cielo, estuvo dispuesto a venir a esta tierra para hacer la obra que su Padre le había confiado. Él ennobleció el trabajo. Trabajó con sus manos como carpintero para darnos un ejemplo de laboriosidad. Desde una edad muy temprana desempeñó su parte en el sostén de la familia. Se daba cuenta de que constituía una parte en la sociedad de la familia, y voluntariamente cargó con lo que le correspondía (Mensajes para los jóvenes, p. 148).
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
ESCUELA SABÁTICA
Lecciones de Escuela Sabática para Adultos
Lección 11: Para el 12 de diciembre de 2020
EL CRISTIANO Y EL TRABAJO
Cuarto Trimestre 2020
LA EDUCACIÓN
4to. Trimestre 2020



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