Notas de Elena | Sábado 29 de febrero del 2020 | De la confesión a la consolación | Escuela Sabática

Sábado 29 de febrero
Hay necesidad de oración, de oración muy ferviente, sincera, como en agonía…
Daniel oró a Dios, sin ensalzarse a sí mismo ni pretender bondad alguna: “Oye, Señor; oh, Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío”. Daniel 9:19. Esto es lo que Santiago llama la oración eficaz y ferviente. De Cristo se dice: “Estando en agonía oraba más intensamente”. Lucas 22:44. ¡Qué contraste presentan con esta intercesión de la Majestad celestial las débiles y tibias oraciones que se ofrecen a Dios! Muchos se conforman con el servicio de los labios, y pocos tienen un anhelo sincero, ferviente y afectuoso por Dios.
La comunión con Dios imparte al alma un íntimo conocimiento de su voluntad. Pero muchos de los que profesan la fe, no saben lo que es la verdadera conversión. No han experimentado la comunión con el Padre por medio de Jesucristo y no han sentido el poder de la gracia divina para santificar el corazón… La verdadera oración requiere las energías del alma y afecta la vida. El que presenta así sus necesidades delante de Dios, siente el vacío de todo lo demás bajo el cielo. “Delante de ti están todos mis deseos”, dijo David, “y mi suspiro no te es oculto”. Salmos 38:9. “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” Salmos 42:2. “Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí”. Salmos 42:4 (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 525, 526).
Los paganos pensaban que sus oraciones tenían en sí méritos para expiar el pecado.
Por lo tanto, cuanto más larga fuera la oración, mayor mérito tenía. Si por sus propios esfuerzos podían hacerse santos, tendrían entonces algo en que regocijarse y de lo cual hacer alarde… Los fariseos habían adoptado este concepto pagano de la oración, que existe todavía hasta entre los que profesan ser cristianos. La repetición de expresiones prescritas y formales mientras el corazón no siente la necesidad de Dios, es comparable con las “vanas repeticiones” de los gentiles…
Las oraciones más elocuentes son palabrería vana si no expresan los sentimientos sinceros del corazón. La oración que brota del corazón ferviente, que expresa con sencillez las necesidades del alma, así como pediríamos un favor a un amigo terrenal esperando que lo hará, ésa es la oración de fe. Dios no quiere nuestras frases de simple ceremonia; pero el clamor inaudible de quien se siente quebrantado por la convicción de sus pecados y su debilidad llega al oído del Padre misericordioso (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 74, 75).
Como humano, la oración fue para [Jesús] una necesidad y un privilegio. Encontraba consuelo y gozo en la comunión con su Padre. Y si el Salvador de los hombres, el Hijo de Dios, sintió la necesidad de orar, ¡cuánto más nosotros, débiles mortales, manchados por el pecado, no debemos sentir la necesidad de orar con fervor y constancia! (El camino a Cristo, p. 94).
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
Lecciones de Escuela Sabática para Adultos
Lección 10: Para el 7 de marzo del 2020
DE LA CONFESIÓN A LA CONSOLACIÓN
1er. Trimestre 2020
DANIEL – El libro de Daniel

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