Notas de Elena | Sábado 20 de febrero del 2021 | Servir y salvar | Escuela Sabática

Sábado 20 de febrero
Juan [el Bautista] recordó la profecía concerniente al Mesías: “Jehová me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los mansos; me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar a los cautivos libertad, y a los aprisionados abertura de la cárcel; para proclamar el año de la buena voluntad de Jehová… para consolar a todos los que lloran”. Isaías 61:1, 2 (VM). Jesús de Nazaret era el Prometido. Demostraba su divinidad al satisfacer las necesidades de la humanidad doliente. Su gloria resaltaba por su condescendencia al colocarse a nuestro humilde nivel.
Las obras de Cristo no solo declaraban que era el Mesías, sino que manifestaban cómo iba a establecerse su reino. Juan percibió en revelación la misma verdad que fue comunicada a Alias en el desierto cuando “un viento grande e impetuoso rompía los montes, y hacía pedazos las peñas delante de Jehová; mas Jehová no estaba en el viento: y después del viento hubo un terremoto; mas Jehová no estaba en el terremoto: y después del terremoto, un fuego; mas Jehová no estaba en el fuego”, pero después del fuego Dios habló al profeta en voz apacible y suave. 1 Reyes 19:11, 12 (VM). Así también iba Jesús a cumplir su obra, no trastornando tronos y reinos, no con pompa ni ostentación, sino hablando a los corazones de los hombres mediante una vida de misericordia y desprendimiento (El ministerio de curación, pp. 22, 23).
En su vida no había de entretejerse ninguna aserción de sí mismo. El Hijo de Dios no conocería los homenajes que el mundo tributa a los cargos, a las riquezas y al talento. El Mesías no iba a emplear recurso alguno de los que usan los hombres para obtener obediencia u homenaje. Su absoluto renunciamiento de sí mismo se predecía en estas palabras:
“No clamará, ni alzará, ni hará oír su voz en las plazas. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare”. Isaías 42:2, 3.
En pronunciado contraste con la conducta de los instructores de su época, iba a destacarse la del Salvador entre los hombres. En su vida no iban a presenciarse disputas ruidosas, adoración ostentosa ni actos destinados a obtener aplausos. El Mesías iba a esconderse en Dios, y Dios iba a revelarse en el carácter de su Hijo. Sin un conocimiento de Dios, la humanidad quedaría eternamente perdida. Sin ayuda divina, hombres y mujeres se degradarían cada vez más. Era necesario que Aquel que había hecho el mundo les impartiese vida y poder. De ninguna otra manera podían suplirse las necesidades del hombre (Profetas y reyes, p. 511).
61
Cristo veía la obra de los sacerdotes y los gobernantes. Los afligidos y angustiados, precisamente los que necesitaban ayuda, eran tratados con palabras de censura y reproche; pero él se abstuvo de pronunciar cualquier palabra que quebrantara la débil caña. Estimulaba el débil pábilo humeante de fe y esperanza, y no lo apagaba. Alimentaba su rebaño como un pastor; tomaba las ovejas en sus brazos y las llevaba en su seno (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 4, p. 1168).
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LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA 2021
Lectura del Folleto de Adultos
Lecciones de Escuela Sabática para Adultos
Lección 9: Para el 27 de febrero de 2021
SERVIR Y SALVAR
Primer Trimestre 2021
ISAÍAS
1er. Trimestre 2020 | Enero – Marzo 2021



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