Notas de Elena | Miércoles 26 de agosto del 2020 | El fundamento de la aceptación | Escuela Sabática

Miércoles 26 de agosto: El fundamento de la aceptación
A pesar de la condición corrupta en que se encuentra la sociedad de hoy, en ella hay almas capaces de cosas mejores: almas representadas por Cristo bajo el símbolo de “la perla perdida”. Cristo lo dio todo con el fin de buscar y salvar todo lo que se había perdido y rescatar la perla que había valorado a un precio infinito. ¿Qué estamos listos a hacer a fin de colaborar con él en esta tarea? ¿Qué sacrificio estamos dispuestos a realizar?…
Cuando consideramos que Cristo murió por los impíos cuando eran todavía pecadores, podemos comprender cuán dispuesto y aun ansioso está para bendecirnos, de modo que nosotros también podamos ser una bendición para otros (Exaltad a Jesús, p. 347).
“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu”.
Esta es precisamente la obra que el Señor ha dispuesto que el mensaje que él ha dado a sus siervos realice en la mente y en el corazón de todo agente humano. Es la vida perpetua de la iglesia el que sus miembros amen a Dios en forma suprema, y amen a los demás como se aman a sí mismos (Testimonios para los ministros, p. 95).
¡La Palabra de Dios es nuestra norma, ¡pero cuán lejos de ella se ha apartado su pueblo profeso! Nuestra fe religiosa debe ser no solo teórica sino práctica. La religión pura y sin mancha no nos permitirá pisotear los derechos de la más pequeña de las criaturas de Dios, mucho menos de los miembros de su cuerpo y los miembros de nuestra propia familia. Dios es amor, y quienquiera que mora en él vive en amor. La influencia del egoísmo mundano, que algunos llevan consigo como una nube, enfriando la misma atmósfera que otros respiran, hace que el alma se enferme y frecuentemente provoca la muerte…
La religión de Cristo es más que hablar. La justicia de Cristo consiste en actos correctos y en buenas obras que proceden de motivos puros y altruistas. La justicia exterior, mientras esté faltando el adorno interior, será en vano… Si no tenemos la luz y el amor de Dios no somos sus hijos. Si no recogemos con Cristo, esparcimos. Todos ejercemos una influencia, y esa influencia afecta el destino de otros para su bien presente y futuro o para su pérdida eterna (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 580).
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
ESCUELA SABÁTICA
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