Notas de Elena | Miércoles 11 de agosto del 2021 | Cómo ponerlo en práctica | Escuela Sabática
Miércoles 11 de agosto: Cómo ponerlo en práctica

La cruz del Calvario nos atrae con poder, ofreciéndonos una razón por la cual deberíamos amar a nuestro Salvador y hacerlo el primero y el último y el mejor en todo. Deberíamos ocupar el lugar que nos corresponde como penitentes humildes al pie de la cruz. Allí, al contemplar la agonía de nuestro Salvador, al Hijo de Dios que muere —el Justo por los injustos—, podemos aprender lecciones de mansedumbre y humildad de mente. Contemplemos a Aquel a cuya sola palabra acudirían legiones de ángeles en su ayuda, transformado en un objeto de diversión y burla, de injurias y odio. Él mismo se entrega como un sacrificio por el pecado. Al ser vilipendiado, no amenaza; cuando se lo acusa falsamente, no abre su boca. En la cruz, ora por sus asesinos. Al morir, paga un precio infinito por cada uno de ellos. Soporta sin murmurar el castigo por los pecados del hombre (Exaltad a Jesús, p. 227).
El Cielo contempló con pesar y asombro a Cristo colgado de la cruz, mientras la sangre fluía de sus sienes heridas y el sudor teñido de sangre brotaba en su frente. De sus manos y sus pies caía la sangre, gota a gota, sobre la roca horadada para recibir el pie de la cruz. Las heridas hechas por los clavos se desgarraban bajo el peso de su cuerpo. Su jadeante aliento se fue haciendo más rápido y más profundo, mientras su alma agonizaba bajo la carga de los pecados del mundo. Todo el cielo se llenó de asombro cuando Cristo ofreció su oración en medio de sus terribles sufrimientos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Lucas 23:34 (El Deseado de todas las gentes, p. 708).
El Maestro del cielo, no menos un personaje que el Hijo de Dios, vino al mundo a revelar el carácter del Padre a los hombres, a fin de que lo adorasen en espíritu y en verdad. Cristo reveló a los hombres el hecho de que la adherencia más estricta a las ceremonias y rituales no los salvaría; porque el reino de Dios era espiritual en su naturaleza… Presentó a los hombres lo que era exactamente contrario a las representaciones del enemigo en cuanto al carácter de Dios, y buscó impresionar sobre los hombres el amor paternal del Padre, quien “de tal manera amó al mundo, que ha dado su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Instó a los hombres a reconocer la necesidad de la oración, el arrepentimiento, la confesión y el abandono del pecado. Les enseñó a ser honrados, tolerantes, misericordiosos y compasivos, recomendándoles amar no solo a quienes los amaban, sino a los que los odiaban y los trataban despectivamente. En todo esto estaba revelándoles el carácter del Padre, quien es longánime, misericordioso, lento para la ira y lleno de bondad y verdad. Los que aceptaron su enseñanza estaban bajo la custodia protectora de los ángeles, quienes eran comisionados para fortalecer, iluminar, a fin de que la verdad pudiera renovar y santificar el alma (Fundamentáis of Christian Education, p. 177).
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
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