Notas de Elena | Martes 4 de agosto del 2020 | El propósito de los dones espirituales | Escuela Sabática

Martes 4 de agosto: El propósito de los dones espirituales
Cristo confía “sus bienes” a sus siervos: algo que puedan usar para él. Da “a cada uno su obra”. Cada uno tiene su lugar en el plan eterno del cielo. Cada uno ha de trabajar en cooperación con Cristo para la salvación de las almas. Tan ciertamente como hay un lugar preparado para nosotros en las mansiones celestiales, hay un lugar designado en la tierra donde hemos de trabajar para Dios.
Los talentos que Cristo confía a su iglesia representan especialmente las bendiciones y los dones impartidos por el Espíritu Santo. “A este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otra palabra de ciencia según el mismo Espíritu, a otro, fe por el mismo Espíritu, y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu; a otro, operaciones de milagros, y a otro, profecía, y a otro, discreción de espíritus; y a otro, género de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como quiere”. 1 Corintios 12:8-11. Todos los hombres no reciben los mismos dones, pero se promete algún don del Espíritu a cada siervo del Maestro (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 262, 263).
Cristo, el resplandor de la gloria del Padre, vino al mundo como su luz. Vino a representar a Dios ante los hombres, y de él está escrito que fue ungido “de Espíritu Santo y de potencia” y “anduvo haciendo bienes”. Hechos 10:38. En la sinagoga de Nazaret dijo: “El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres: me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; para pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los quebrantados: para predicar el año agradable del Señor”. Lucas 4:18, 19. Esta era la obra que él recomendó a sus discípulos que hicieran. “Vosotros sois la luz del mundo”, dijo él. “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. Mateo 5:14, 16 (Palabras de vida del gran Maestro, p. 342).
[Cristo] nos ayudará a seguir su ejemplo, a hacer bien y rehusar hacer el mal. Debemos ser conductos consagrados a través de los cuales fluya el amor de Dios hacia aquellos que necesiten ayuda…
Cristo envía su luz a los que mantienen abiertas hacia el cielo las ventanas del alma. Mediante la influencia del Espíritu Santo realizan las obras de Dios. El que se aproxima más a la obediencia de la ley divina prestará un mayor servicio a Dios. El que sigue a Cristo, obrando de acuerdo con su bondad, su compasión, su amor por la familia humana, será aceptado por Dios como un obrero juntamente con él. El tal no se contentará con permanecer en un nivel bajo de espiritualidad. Constantemente tratará de alcanzar un nivel más elevado (Nuestra elevada vocación, p. 184).
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