Notas de Elena | Martes 30 de junio del 2020 | Creciendo por medio de la generosidad | Escuela Sabática

Martes 30 de junio: Creciendo por medio de la generosidad
El amor de Cristo es profundo y ferviente, y mana como una corriente incontenible hacia todos los que quieran aceptarlo. En este amor no hay egoísmo. Si este amor de origen celestial es un principio permanente en el corazón, se dará a conocer no solo a aquellos con quienes estamos más vinculados por amor en una relación sagrada, sino a todos con quienes nos relacionamos. Nos inducirá a prestar pequeñas atenciones, a hacer concesiones, a impartir actos de bondad, a pronunciar palabras tiernas, veraces, animadoras. Nos impulsará a simpatizar con aquellos cuyos corazones anhelan simpatía (Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 212).
Dijo Jesús: “El agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”. Juan 4:14 Cuando el Espíritu Santo nos revele la verdad, atesoraremos las experiencias más preciosas y desearemos hablar a otras personas de las enseñanzas consoladoras que se nos han revelado. Al tratar con ellas, les comunicaremos un pensamiento nuevo acerca del carácter o la obra de Cristo. Tendremos nuevas revelaciones del amor compasivo de Dios, y las impartiremos a los que lo aman y a los que no lo aman.
“Dad, y se os dará”, porque la Palabra de Dios es una “fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corren del Líbano”. El corazón que probó el amor de Cristo anhela incesantemente beber de él con más abundancia, y mientras lo impartimos a otros, lo recibiremos en medida más rica y copiosa. Cada revelación de Dios al alma aumenta la capacidad de saber y de amar. El clamor continuo del corazón es: “Más de ti”, y a él responde siempre el Espíritu: “Mucho más”. Dios se deleita en hacer “mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” Efesios 3:12 (El discurso maestro de Jesucristo, p. 22).
Doquiera haya vida en los súbditos del reino de Dios, habrá aumento y crecimiento; habrá un constante intercambio: Se da, se acepta y se devuelve al Señor lo suyo. Dios obra por medio de todo verdadero creyente, y la luz y la bendición recibidas se dan de vuelta mediante la obra que realiza el creyente. Al dar de lo que ha recibido, aumenta su capacidad de recibir. Al impartir los dones celestiales, da lugar para que frescas corrientes de gracia y verdad, procedentes de la fuente viva, penetren en su alma. Dispone de más luz, de mayor conocimiento y más grandes bendiciones. Esta obra, que concierne a cada miembro de iglesia, implica la vida y el crecimiento de la iglesia.
Aquél cuya vida consiste en recibir siempre y no dar jamás, pronto pierde la bendición. Si la verdad no fluye de él en dirección de los demás, pierde la capacidad de recibir. Debemos impartir los bienes del cielo si queremos recibir bendiciones frescas… Si los hombres quieren ser canales por medio de los cuales fluyan las bendiciones de Dios en dirección de los demás, el Señor los mantendrá bien provistos (Cada día con Dios, p. 301).
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
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