Notas de Elena | Martes 22 de Septiembre del 2020 | Pablo: instrumento escogido de Dios | Escuela Sabática

Martes 22 de septiembre: Pablo: instrumento escogido de Dios
Es muy ferviente e impresionante la invitación del apóstol [Pablo] a sus hermanos corintios a considerar de nuevo el inmaculado amor de su Redentor. “Ya sabéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo —declaró—, que por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”. Conocéis la altura desde la cual se rebajó, la profundidad de la humillación a la cual descendió. Habiendo emprendido la senda de la abnegación y el sacrificio, no se apartó de ella hasta que hubo dado su vida. No hubo descanso para él entre el trono y la cruz.
Pablo se fue deteniendo en un punto tras otro, a fin de que los que leyeran su epístola pudieran comprender plenamente la maravillosa condescendencia de su Salvador con ellos. Presentando a Cristo como era cuando era igual a Dios y recibía con él el homenaje de los ángeles, el apóstol trazó su curso hasta cuando hubo alcanzado las más bajas profundidades de la humillación. Pablo estaba convencido de que, si podía hacerles comprender el asombroso sacrificio hecho por la Majestad del cielo, barrería de sus vidas todo su egoísmo. Mostró cómo el Hijo de Dios había depuesto su gloria y se había sometido voluntariamente a las condiciones de la naturaleza humana; y entonces se había humillado como un siervo, llegando a ser “obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8), para poder elevar a los hombres de la degradación a la esperanza y el gozo del cielo (Los hechos de los apóstoles, pp. 267, 268).
Lo experimentado por el apóstol y su instrucción en cuanto a la santidad de la obra del ministro, son una fuente de ayuda e inspiración para los que se ocupan en el ministerio evangélico. El corazón de Pablo ardía de amor por los pecadores, y dedicaba todas sus energías a la obra de ganar almas. Nunca vivió un obrero más abnegado y perseverante. Las bendiciones que recibía las consideraba otras tantas ventajas que debía usar para bendición de otros. No perdía ninguna oportunidad de hablar del Salvador o ayudar a los que estaban en dificultad. Iba de lugar en lugar predicando el evangelio de Cristo y estableciendo iglesias. Dondequiera podía encontrar oyentes, procuraba contrarrestar el mal y tornar los hombres y mujeres a la senda de la justicia (Los hechos de los apóstoles, p. 295).
El Señor siempre asigna una tarea a cada ser humano. Esta es la cooperación divino-humana. Aquí conocemos al hombre que obedece la luz que se le ha dado. Si Saúl hubiera dicho: “Señor, no me siento inclinado en lo más mínimo a seguir tus indicaciones para obrar mi propia salvación”, todo habría sido inútil, aunque Dios le hubiera dado diez veces más luz.
La obra del hombre es colaborar con Dios. Y el conflicto más duro y más severo se produce cuando llega la hora de la gran resolución del ser humano de someter su voluntad y sus caminos a la voluntad y los caminos de Dios, y confiar en las influencias de la gracia que lo han acompañado durante toda su vida… La acción no estará de acuerdo con los sentimientos y la inclinación, sino con el conocimiento de la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos. Sigan y obedezcan la dirección del Espíritu Santo (Mente, carácter y personalidad, t. 2, p. 787).
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