Notas de Elena | Martes 11 de agosto del 2020 | Los beneficios de estudiar la Palabra de Dios | Escuela Sabática

Martes 11 de agosto: Los beneficios de estudiar la Palabra de Dios
Los diez santos preceptos enunciados por Cristo en el monte Sinaí fueron la revelación del carácter de Dios e hicieron conocer al mundo el hecho de que él tenía potestad sobre toda la heredad humana. Esa ley de los diez preceptos del amor más grande que pueda ser presentado al hombre es la voz del Dios del cielo que habla al alma la promesa: “Haz esto, y no quedarás bajo el control y dominio de Satanás”. No hay nada negativo en aquella ley, aunque parezca así…
El Señor ha dado sus santos mandamientos para que sean una muralla de protección en torno de sus seres creados, y los que deseen preservarse de la contaminación de apetitos y pasiones, pueden llegar a ser participantes de la naturaleza divina (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, p. 1119).
Es cierto que el apóstol [Pablo] ha dicho que hay algunas cosas que son difíciles de entender en las Escrituras; sí, las hay. Y si no fuera porque hay temas que son difíciles y complejos para entender, bien podría el escéptico que ahora argumenta que Dios ha dado una revelación que no puede ser entendida —bien podría él, digo yo—, tener algo más que argumentar. La infinitud de Dios es tanto más alta de lo que nosotros somos, que es imposible que el hombre comprenda el misterio de la piedad.
Los ángeles de Dios contemplaron con asombro a Cristo, quien tomó la forma de hombre y humildemente unió su divinidad con la humanidad para poder ministrar a los hombres caídos. Esto asombra a los ángeles celestiales. Dios nos ha dicho que él lo hizo, y debemos aceptar la Palabra de Dios al pie de la letra (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 7, p. 931).
Desde la niñez [Timoteo] había conocido las Sagradas Escrituras. El ambiente de su hogar era religioso. La piedad de su vida hogareña era… pura, juiciosa, y no estaba corrompida por falsos conceptos… La Palabra de Dios era la norma que guiaba a Timoteo. Recibió su instrucción línea sobre línea, precepto tras precepto, un poquito allí, otro poquito allá. Y la fuerza espiritual de esas lecciones mantuvo puro su lenguaje y lo libró de conceptos corruptores. Las instructoras que tenía en el hogar colaboraron con Dios en la tarea de educar a ese joven para que pudiera llevar las cargas que recaerían sobre sus hombros a tan temprana edad…
Las lecciones bíblicas ejercen una influencia moral y religiosa sobre el carácter, a medida que se las pone en práctica en la vida. Timoteo aprendió y utilizó esas lecciones. No poseía talentos extraordinarios; pero su obra fue valiosa porque empleó la capacidad que Dios le había dado como dones consagrados al servicio de Dios. Su bien fundado conocimiento de la verdad y la piedad experimental le confirieron distinción e influencia. El Espíritu Santo halló en Timoteo una mente que podía ser moldeada y modelada hasta el punto de convertirse en templo que sirviera de morada al Espíritu de Dios (Mi vida hoy, p. 34).
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