Notas de Elena | Martes 1 de diciembre del 2020 | Expertos en el error | Escuela Sabática

Martes 1 de diciembre: Expertos en el error
Es de vital importancia que escudriñemos las Escrituras diariamente, de modo que podamos conocer el camino del Señor, y que no seamos engañados por falacias religiosas. El mundo está lleno de teorías falsas e ideas espiritistas seductoras, que tienden a destruir las claras percepciones espirituales y a apartar de la verdad y la santidad. Especialmente en estos tiempos, es necesario que prestemos atención al consejo: “Nadie os engañe con palabras vanas”.
Debemos tener sumo cuidado, no sea que malinterpretemos las Escrituras. Las sencillas enseñanzas de la Palabra de Dios no han de ser tan espiritualizadas que se pierda de vista la realidad. No fuercen demasiado el significado de las oraciones en la Biblia en el intento de extraer algo novedoso con el fin de agradar a la imaginación. Tomen las Escrituras según están expresadas. Eviten las vanas especulaciones (Alza tus ojos, p. 314).
Ningún hombre, mediante presentaciones científicas, guíe las inteligencias a apartarse de lo real hacia lo imaginario. Dios llama a hombres que, en medio de la idolatría que se le rinde a la naturaleza, dirijan sus miradas al Dios de la naturaleza. El Señor utiliza la naturaleza como una sierva, con el fin de revelar su poder. Estas cosas, objetos de su creación, manifiestan la obra de sus manos. De todo lo que él ha creado, el hombre, la obra máxima de su creación, es el que más tremendamente lo ha deshonrado. En el juicio, los seres humanos aparecerán delante de Dios avergonzados y condenados, porque aunque se les dio inteligencia, raciocinio y la facultad del habla, no obedecieron la ley del Altísimo…
El hombre es solo eso, un hombre. Las palabras que salen de sus labios no han de ser consideradas como provenientes de Dios. A menos que Dios permanezca al lado de ellos en su servicio, y trabaje con ellos, no son nada. Es el colmo de la insensatez que el pueblo de Dios ponga su confianza en los hombres y haga de la carne su brazo derecho (Alza tus ojos, p. 292).
Los que leen y escuchan las sofisterías que predominan en esta época, no conocen a Dios tal como es. Contradicen la Palabra del Señor, exaltan y adoran a la naturaleza en lugar del Creador. Aunque podemos discernir la obra de Dios en las cosas que creó, estas no son Dios. La voz de la naturaleza se oye por la influencia que tiene sobre los sentidos. Su voz, declara la Palabra, se escucha hasta el fin del mundo. La creación física da testimonio de Dios y de Jesucristo como excelso Creador de todas las cosas. “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. Juan 1:3, 4…
En la actualidad, los hombres aseveran que las enseñanzas de Cristo con respecto a Dios no pueden verificarse por medio de las maravillas del mundo natural, porque la naturaleza no se halla en armonía con el Antiguo y Nuevo Testamento. Esta supuesta falta de conformidad entre aquélla y la ciencia no existe. La Palabra del Dios de los cielos no concuerda con la ciencia humana, pero está en perfecto acuerdo con su propia ciencia creada (Alza tus ojos, p. 276).
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
ESCUELA SABÁTICA
Lecciones de Escuela Sabática para Adultos
Lección 10: Para el 5 de diciembre de 2020
LA EDUCACIÓN ARTÍSTICA Y CIENTÍFICA
Cuarto Trimestre 2020
LA EDUCACIÓN
4to. Trimestre 2020



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