Notas de Elena | Lunes 20 de abril del 2020 | La experiencia | Escuela Sabática

Lunes 20 de abril: La experiencia
El mundo no puede conocer a Dios en su sabiduría humana. Sus sabios obtienen un conocimiento imperfecto de Dios, de sus obras creadas, y luego, en su necedad, exaltan la naturaleza y sus leyes por encima del Dios de la naturaleza. Los que no tienen un conocimiento de Dios mediante la aceptación de la revelación que ha hecho de sí mismo en Cristo, obtendrán solamente un conocimiento imperfecto de él en la naturaleza, y ese conocimiento, lejos de dar conceptos elevados de Dios y de colocar a todo el ser en conformidad con la voluntad divina, convierte a los hombres en idólatras. Profesando ser sabios, se hacen necios.
Los que creen que pueden obtener un conocimiento de Dios aislados de su Representante, a quien la Palabra declara “la imagen misma de su sustancia” (Hebreos 1:3), necesitarán reconocerse como necios ante sí mismos antes de que puedan ser sabios. Es imposible obtener un perfecto conocimiento de Dios por la naturaleza sola, pues la naturaleza en sí es imperfecta. En su imperfección, no puede representar a Dios, no puede revelar el carácter de Dios en su perfección moral. Pero Cristo vino como un Salvador personal para el mundo. Representó a un Dios personal. Como un Salvador personal, ascendió a lo alto y vendrá otra vez como ascendió al cielo: como Salvador personal —Mensajes selectos, t. 1, p. 347.
Ni uno de nosotros está seguro, ni siquiera con la experiencia pasada en la obra, y ciertamente está menos seguro si no la ha tenido, a menos que viva como viendo al Invisible. Debemos actuar diariamente y hora tras hora guiados por los principios de la verdad bíblica: justicia, misericordia y el amor de Dios. El que desee tener poder moral e intelectual debe obtenerlo de la Fuente divina. Debe inquirir en todo punto, antes de tomar cada decisión: ¿es este el camino del Señor? —El ministerio médico, p. 129.
[Satanás] tienta a los hombres a desconfiar del amor de Dios y a dudar de su sabiduría. Constantemente pugna por despertar en los seres humanos un espíritu de curiosidad irreverente, un inquieto e inquisitivo deseo de penetrar en los inescrutables secretos del poder y la sabiduría de Dios. En sus esfuerzos por escudriñar aquello que Dios tuvo a bien ocultarnos, muchos pasan por alto las verdades eternas que nos ha revelado y que son esenciales para nuestra salvación. Satanás induce a los hombres a la desobediencia llevándoles a creer que entran en un admirable campo de conocimiento. Pero todo esto es un engaño. Ensoberbecidos por sus ideas de progreso, pisotean los requerimientos de Dios, caminando por la ruta que los lleva a la degradación y a la muerte.
Satanás hizo creer a la santa pareja que ellos se beneficiarían violando la ley de Dios. ¿No oímos hoy día razonamientos semejantes? Muchos hablan de la estrechez de los que obedecen los mandamientos de Dios, mientras pretenden tener ideas más amplias y gozar de mayor libertad. ¿Qué es esto sino el eco de la voz del Edén: “El día que comiereis de él”, es decir, el día que violareis el divino mandamiento, “seréis como dioses”?… Aunque había comprobado que el pecado acarrea una pérdida infinita, ocultó su propia desgracia para atraer a otros a la misma situación —Historia de los patriarcas y profetas, pp. 37, 38.
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
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