Notas de Elena | Lunes 16 de mayo del 2022 | Dios proveerá | Escuela Sabática

Lunes 16 de mayo: Dios proveerá
Aquel día, el más largo en la vida de Abraham, llegó lentamente a su fin. Mientras su hijo y los siervos dormían, él pasó la noche en oración, todavía con la esperanza de que algún mensajero celestial viniera a decirle que la prueba era ya suficiente, que el joven podía regresar sano y salvo a su madre. Pero su alma torturada no recibió alivio… Satanás estaba muy cerca de él susurrándole palabras llenas de dudas e incredulidad; pero Abraham rechazó sus sugerencias…
Ni aun entonces murmuró Abraham contra Dios, sino que fortaleció su alma espaciándose en las evidencias de la bondad y la fidelidad de Dios. Se le había dado este hijo inesperadamente; y el que le había dado este precioso regalo ¿no tenía derecho a reclamar lo que era suyo? Entonces su fe le repitió la promesa: “En Isaac te será llamada descendencia” (Génesis 21:12), una descendencia incontable, numerosa como la arena de las playas del mar. Isaac era el hijo de un milagro, y ¿no podía devolverle la vida el poder que se la había dado? Mirando más allá de lo visible, Abraham comprendió la divina palabra, “porque pensaba que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos”. Hebreos 11:19… (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 129, 130).
[Con] voz temblorosa, Abrahán reveló a su hijo el mensaje divino. Con terror y asombro Isaac se enteró de su destino; pero no ofreció resistencia. Habría podido escapar a esta suerte si lo hubiera querido; el anciano, agobiado de dolor, cansado por la lucha de aquellos tres días terribles, no habría podido oponerse a la voluntad del joven vigoroso. Pero desde la niñez se le había enseñado a Isaac a obedecer pronta y confiadamente, y cuando el propósito de Dios le fue manifestado, lo aceptó con sumisión voluntaria. Participaba de la fe de Abrahán, y consideraba como un honor el ser llamado a dar su vida en holocausto a Dios. Con ternura trató de aliviar el dolor de su padre, y animó sus debilitadas manos para que ataran las cuerdas que lo sujetarían al altar (Historia de los patriarcas y profetas, p. 147).
Entonces Abrahán vio “un carnero a sus espaldas trabado en un zarzal”, y en seguida trajo la nueva víctima y la ofreció “en lugar de su hijo”. Lleno de felicidad y gratitud, Abrahán dio un nuevo nombre a aquel lugar sagrado y lo llamó “Jehová Yireh”, o sea, “Jehová proveerá” (Historia de los patriarcas y profetas, p. 148).
Fue para grabar en la mente de Abrahán la realidad del evangelio, así como para probar su fe, por lo que Dios le mandó sacrificar a su hijo… Ninguna otra prueba podría haber causado a Abrahán tanta angustia como la que le causó el ofrecer a su hijo.
Dios dio a su Hijo para que muriera en la agonía y la vergüenza. A los ángeles que presenciaron la humillación y la angustia del Hijo de Dios, no se les permitió intervenir como en el caso de Isaac. No hubo voz que clamara: “¡Basta!” El Rey de la gloria dio su vida para salvar a la raza caída. ¿Qué mayor prueba se puede dar del infinito amor y de la compasión de Dios? (Historia de los patriarcas v profetas, p. 150).
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
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