Notas de Elena | Lección 1 | Perseguidos, pero no olvidados | Escuela Sabática Semanal

Sábado de tarde, 27 de diciembre
Perseguidos, pero no olvidados
El apóstol Pablo sentía una profunda responsabilidad por los que se convertían por sus labores. Por encima de todas las cosas, anhelaba que fueran fíeles, “para que yo pueda gloriarme en el día de Cristo — decía—, que no he corrido en vano, ni trabajado en vano”. Filipenses 2:6. Temblaba por el resultado de su ministerio. Sentía que hasta su propia salvación podría estar en peligro si no cumpliera su deber y la iglesia no cooperase con él en la obra de salvar almas. Sabía que la sola predicación no bastaba para enseñar a los creyentes a proclamar la palabra de vida. Sabía que línea sobre línea, precepto sobre precepto, un poquito aquí y otro poquito allí, debían ser enseñados a progresar en la obra de Cristo.
Es un principio universal que cuando quiera que uno se niegue a usar las facultades que Dios le da, estas decaen y mueren. La verdad que no se vive, que no se imparte, pierde su poder vivificante, su virtud sanadora. De aquí el temor del apóstol Pablo de que no presentase a todo hombre perfecto en Cristo. La esperanza de Pablo de entrar en el cielo se obscurecía cuando contemplaba cualquier fracaso suyo que diera a la iglesia el molde humano en lugar del divino. Su conocimiento, su elocuencia, sus milagros, su visión de las escenas eternas obtenidas en el tercer cielo, todo sería inútil si por la infidelidad en su obra aquellos por quienes trabajaba cayeran de la gracia de Dios. Y así, de viva voz y por carta, rogaba a aquellos que habían aceptado a Cristo que siguiesen una conducta que los habilitara para ser “irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de la nación maligna y perversa… como luminares en el mundo; reteniendo la palabra de vida”. Filipenses 2:15, 16.
Todo verdadero ministro siente una pesada responsabilidad por el progreso espiritual de los creyentes confiados a su cuidado, un anhelante deseo de que sean colaboradores de Dios. Comprende que del fiel cumplimiento del trabajo que Dios le da depende en gran medida el bienestar de la iglesia. Trata ardiente e incansablemente de inspirar en los creyentes el deseo de ganar almas para Cristo, recordando que todo el que se añade a la iglesia debería ser un agente más para el cumplimiento del plan de la redención (Los hechos de los apóstoles, pp. 168, 169).
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Domingo 28 de diciembre: Pablo, el prisionero de Jesucristo
No es por causa de restricción alguna por parte de Dios por lo que las riquezas de su gracia no fluyen hacia la tierra, a los hombres. Si todos tuvieran la voluntad de recibir, todos serían llenados de su Espíritu.
Es el privilegio de toda alma ser un canal vivo por medio del cual Dios pueda comunicar al mundo los tesoros de su gracia, las inescrutables riquezas de Cristo. No hay nada que Cristo desee tanto como agentes que representen al mundo su Espíritu y carácter. No hay nada que el mundo necesite tanto como la manifestación del amor del Salvador mediante la humanidad. Todo el cielo está esperando que haya canales por medio de los cuales pueda derramarse el aceite santo para que sea un gozo y una bendición para los corazones humanos.
“Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo… y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús”. Efesios 2:4-7.
Tales son las palabras que “Pablo el anciano”, “prisionero de Cristo Jesús”, escribiendo desde su cárcel de Roma, se esforzó por presentar a sus hermanos, aquello para cuya presentación plena el lenguaje le resultaba inadecuado: “Las inescrutables riquezas de Cristo”, el tesoro de la gracia que se ofrecía sin costo a los caídos hijos de los hombres.
Mientras vuestra alma suspire por Dios, encontraréis más y más de las inescrutables riquezas de su gracia. Mientras las contempléis, llegaréis a poseerlas y se os revelarán los méritos del sacrificio del Salvador, la protección de su justicia, la perfección de su sabiduría y su poder para presentamos ante el Padre “sin mácula, y sin reprensión”. 2 Pedro 3:14 (La maravillosa gracia de Dios, 28 de junio, p. 187).
Así, aunque aparentemente ajeno a la labor activa, Pablo ejerció más amplia y duradera influencia que si hubiese podido viajar libremente de iglesia en iglesia como en años anteriores. Como preso del Señor, era objeto del más profundo afecto de parte de sus hermanos; y sus palabras, escritas por quien estaba en cautiverio por la causa de Cristo, imponían mayor atención y respeto que cuando él estaba personalmente con ellos. Hasta que Pablo les fue quitado, los creyentes no se dieron cuenta de cuán pesadas eran las cargas que había soportado por ellos. En otros tiempos se habían excusado en gran parte de las responsabilidades porque les faltaba su sabiduría, tacto e indomable energía; pero ahora, abandonados a su inexperiencia para aprender las lecciones que habían rehuido, apreciaron sus amonestaciones, consejos e instrucciones como no los habían estimado durante su obra personal. Al informarse de su valentía y fe durante su largo encarcelamiento, fueron estimulados a una mayor fidelidad y celo en la causa de Cristo (Los hechos de los apóstoles, pp. 362, 363).
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Lunes 29 de diciembre: Pablo encadenado
A pesar de la iniquidad que prevalecía, había un número de hombres santos, ennoblecidos y elevados por la comunión con Dios, que vivían en compañerismo con el cielo. Eran hombres de poderoso intelecto, que habían realizado obras admirables. Tenían una santa y gran misión; a saber, desarrollar un carácter justo y enseñar una lección de piedad, no solo a los hombres de su tiempo, sino también a las generaciones futuras. Solo algunos de los más destacados se mencionan en las Escrituras; pero a través de todos los tiempos, Dios tuvo testigos fíeles y adoradores sinceros.
¡Cuán a menudo los que confiaron en la Palabra de Dios, aunque eran en sí mismos completamente impotentes, han resistido el poder del mundo entero! Enoc, de corazón puro y vida santa, puso su fe en el triunfo de la justicia contra una generación corrupta y mofadora; Noé y su casa resistieron a los hombres de su época, hombres de mucha fuerza física y mental y de la más degradada moralidad; los hijos de Israel, que junto al mar Rojo no eran más que una multitud indefensa y aterrorizada de esclavos, resistieron al más poderoso ejército de la más poderosa nación del globo; David, siendo tan solo un pastorcillo que tenía la promesa del trono dada por Dios, resistió a Saúl, el monarca reinante, dispuesto a no ceder su poder. El mismo hecho se destaca en el caso de Sadrac y sus compañeros en el horno de fuego, y Nabucodonosor en el trono; Daniel entre los leones, y sus enemigos en los puestos elevados del reino; Jesús en la cruz, y los sacerdotes y príncipes judíos forzando al gobernador romano para que hiciese su voluntad; Pablo encadenado y llevado a sufrir la muerte de un criminal, y Nerón, déspota de un imperio mundial.
No solo en la Biblia se encuentran estos ejemplos. Abundan en los anales del progreso humano. Los valdenses y los hugonotes, Wiclef y Hus, Jerónimo y Lutero, Tyndale y Knox, Zinzendorf y Wesley, y multitudes más, han dado testimonio del poder de la Palabra de Dios contra el poder y el proceder humanos que apoyan el mal. Estos constituyen la verdadera nobleza del mundo. Constituyen su realeza. Los jóvenes de hoy día son llamados a ocupar sus lugares (Conflicto y valor, 3 de enero, p. 9).
Consideremos por un momento la experiencia de Pablo. El apóstol fue encarcelado y encadenado en el momento en que parecía que su labor era más necesaria para fortalecer la sufrida y perseguida iglesia. Pero este fue el momento en que el Señor obró y las victorias que ganó fueron preciosas.
Cuando en apariencia Pablo podía hacer menos, la verdad encontró entrada en el palacio real. No fueron los sermones magistrales de Pablo delante de estos hombres notables, sino sus cadenas lo que llamó la atención de ellos. Mediante su cautiverio el apóstol se transformó en un conquistador para Cristo. La paciencia y la humildad con las que él se sometió a su prolongado e injusto confinamiento impulsaron a estos hombres a pesar el carácter del apóstol. Al enviar su último mensaje a sus amados en la fe, Pablo une a sus palabras los saludos de los santos de la casa de César dirigidos a los santos de las otras ciudades (Reflejemos a Jesús, 10 de diciembre, p. 350).
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Martes 30 de diciembre: Pablo en Filipos
Pablo, el más grande maestro humano, aceptaba tanto los deberes más humildes como los más elevados. Reconocía la necesidad del trabajo, tanto para las manos como para la mente, y desempeñaba un oficio para mantenerse. Se dedicaba a la fabricación de tiendas mientras predicaba diariamente el evangelio en los grandes centros civilizados. “Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo —dijo cuando se despedía de los ancianos de Éfeso—, estas manos me han servido”. Hechos 20:34.
Al par que poseía altas dotes intelectuales, Pablo revelaba en su vida el poder de una sabiduría aún más rara. Sus enseñanzas, ejemplificadas por su vida, revelan principios de la más profunda significación, que eran ignorados por los grandes espíritus de su tiempo. Poseía la más elevada de todas las sabidurías que da una pronta perspicacia y simpatía, que pone al hombre en contacto con los hombres, y lo capacita para despertar la naturaleza mejor de sus semejantes e inspirarlos a vivir una vida más elevada…
Vedle en la cárcel de Filipos donde, a pesar del dolor que abruma su cuerpo, su canto de alabanza rasga el silencio de la noche. Después que el terremoto ha abierto las puertas de la cárcel, se vuelve a oír su voz en palabras de aliento para el carcelero pagano: “No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí”. Hechos 16:28. Todos habían permanecido en su sitio, contenidos por la presencia de un compañero de prisión. Y el carcelero, convencido de la realidad de aquella fe que sostenía a Pablo, se interesó por el camino de la salvación, y con toda su casa se unió al perseguido grupo de discípulos de Cristo.
Así transcurrió su vida, según él mismo dice, “en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez”. 2 Corintios 11:26, 27.
“Nos maldicen —dijo—, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. Nos difaman, y rogamos”, “como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo”. 1 Corintios 4:12, 13; 2 Corintios 6:10.
Hallaba gozo en el servicio; y al fin de su vida de trabajo, al echar una mirada retrospectiva a sus luchas y triunfos, pudo decir: “He peleado la buena batalla”. 2 Timoteo 4:7 (La educación, pp. 66-68).
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Miércoles 31 de diciembre: Pablo y Colosas
Rodeados por las costumbres y la influencia del paganismo, los creyentes de Colosas corrían peligro de ser inducidos a abandonar la sencillez del evangelio, y Pablo, al amonestarlos contra esa posibilidad, les presentó a Cristo como el único que los podía guiar seguramente… “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias”. Colosenses 2:6, 7.
Cristo había anticipado que se levantarían engañadores, por cuya influencia la “maldad” se multiplicaría y “el amor de muchos” se enfriaría. Mateo 24:12. Advirtió a sus discípulos que la iglesia correría más peligro por causa de este mal que por las persecuciones de sus enemigos. Una y otra vez Pablo previno a los creyentes contra esos falsos maestros. Deberían precaverse de ese peligro más que de cualquier otro, pues al recibir a los falsos maestros, estarían abriendo la puerta a errores por medio de los cuales el enemigo podría embotar las percepciones espirituales y sacudir la confianza de los nuevos conversos al evangelio. Cristo era la norma por medio de la cual debían probar las doctrinas que se presentaran. Debían rechazar todo lo que no estuviera en armonía con sus enseñanzas. Cristo crucificado por el pecado. Cristo resucitado de entre los muertos, Cristo ascendido a lo alto, esta era la ciencia de la salvación que ellos debían aprender y enseñar.
Las amonestaciones de la Palabra de Dios respecto a los peligros que rodean a la iglesia cristiana, son para nosotros hoy. Así como en los días de los apóstoles los hombres intentaron destruir la fe en las Escrituras por medio de tradiciones y filosofías, hoy en día, por medio de los agradables conceptos de la “alta crítica”, la evolución, el espiritismo, la teosofía y el panteísmo, el enemigo de la justicia está tratando de conducir a las almas por caminos prohibidos. Para muchos, la Biblia es una lámpara sin aceite, porque han convertido sus mentes en canales por medio de los cuales fluyen creencias especulativas que producen falsos conceptos y confusión. La obra de la “alta crítica”, que consiste en disecar la Palabra de Dios, en tejer conjeturas acerca de ella, y en pretender reconstruirla, está destruyendo en realidad la fe en la Biblia como revelación divina. Está privando a la Palabra de Dios de la facultad de guiar, elevar e inspirar las vidas humanas. Mediante el espiritismo, multitudes son inducidas a pensar que el deseo es la ley más importante, que el libertinaje es libertad y que el hombre es responsable solo ante sí mismo… El poder de una vida más elevada, más pura y más noble, es nuestra gran necesidad (Reflejemos a Jesús, 26 de noviembre, p. 336).
La carta a los colosenses está llena de lecciones de gran valor para todos los que están ocupados en el servicio de Cristo, lecciones que muestran la sinceridad de propósito y la altura del blanco que será visto en la vida de aquel que representa correctamente a su Salvador. Renunciando a todo lo que pueda impedirle realizar progresos en el camino ascendente, o quiera hacer volver los pies de otros del camino angosto, el creyente revelará en su vida diaria, misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, tolerancia y el amor de Cristo…
En sus esfuerzos por alcanzar el ideal de Dios, el cristiano no debería desesperarse por nada. A todos es prometida la perfección moral y espiritual por la gracia y el poder de Cristo. Él es el origen del poder, la fuente de la vida. Nos lleva a su Palabra, y del árbol de la vida nos presenta hojas para la sanidad de las almas enfermas de pecado. Nos guía hacia el trono de Dios, y pone en nuestra boca una oración por la cual somos traídos en estrecha relación con él. En nuestro favor pone en operación los todopoderosos agentes del cielo. A cada paso sentimos su poder viviente (Exaltad a Jesús, 1 de septiembre, p. 258).
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Jueves 1 de enero: Las iglesias de Filipos y Colosas
En su carta a los colosenses, San Pablo enumera las abundantes bendiciones concedidas a los hijos de Dios. “No cesamos —dice— de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad”. Colosenses 1:9-11.
Escribe además respecto a su deseo de que los hermanos de Éfeso logren comprender la grandeza de los privilegios del cristiano. Les expone en el lenguaje más claro el maravilloso conocimiento y poder que pueden poseer como hijos e hijas del Altísimo. De ellos dependía que fueran “fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu”, y “arraigados y cimentados en amor”, para poder “comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento”. Pero la oración del apóstol alcanza al apogeo del privilegio cuando ruega que sean “llenos de toda la plenitud de Dios”. Efesios 3:16-19.
Así se ponen de manifiesto las alturas de la perfección que podemos alcanzar por la fe en las promesas de nuestro Padre celestial, cuando cumplimos con lo que él requiere de nosotros. Por los méritos de Cristo tenemos acceso al trono del Poder Infinito. “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” Romanos 8:32. El Padre dio a su Hijo su Espíritu sin medida, y nosotros podemos participar también de su plenitud…
Por medio de Jesús, los hijos caídos de Adán son hechos “hijos de Dios”. “Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos”. Hebreos 2:11. La vida del cristiano debe ser una vida de fe, de victoria y de gozo en Dios… Con razón declaró Nehemías, el siervo de Dios: “El gozo de Jehová es vuestra fuerza”. Nehemías 8:10. Y San Pablo dijo: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” Filipenses 4:4; 1 Tesalonicenses 5:16-18.
Solo en la medida en que la ley de Dios sea repuesta en el lugar que le corresponde habrá un avivamiento de la piedad y fe primitivas entre los que profesan ser su pueblo (Reflejemos a Jesús, 20 de julio, p. 207).
Viernes, 2 de enero: Para estudiar y meditar
En los lugares celestiales, “Bendiciones ilimitadas”, 31 de mayo, p. 160.
El discurso maestro de Jesucristo, “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan”, pp. 30-33.
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Narración: Adan Vicente

 



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