Notas de Elena | Jueves 17 de septiembre del 2020 | El llamado final de Dios | Escuela Sabática

Jueves 17 de septiembre: El llamado final de Dios
Nuevamente digo: El Señor no ha hablado mediante ningún mensajero que llame Babilonia a la iglesia que guarda los mandamientos de Dios. Es verdad que hay cizaña junto con el trigo, pero Cristo dijo que enviaría a sus ángeles a reunir primero la cizaña en atados para quemarla, y a poner el trigo en el granero. Sé que el Señor ama a su iglesia, la cual no ha de ser desorganizada ni dispersada en átomos independientes. No existe la menor lógica en esto ni hay la más mínima evidencia de que ocurrirá tal cosa. Quienes obedezcan este mensaje falso y procuren influir en otros para que también lo acepten, serán engañados y preparados para recibir engaños mayores, y los frutos de sus esfuerzos se reducirán a la nada.
Algunos miembros de la iglesia tienen orgullo, suficiencia propia e incredulidad arraigada, y manifiestan resistencia a abandonar sus ideas, aunque se amontonen las evidencias que indican que el mensaje a la iglesia de Laodicea se aplica a ellos. Pero eso no eliminará a la iglesia. Dejad [que los ángeles lleven] a cabo la obra de separación (Mensajes selectos, t. 2, p. 78).
En la obra final que se haga para la amonestación del mundo, se envían dos distintos llamados a las iglesias: el mensaje del segundo ángel, y la voz que se oyó en los cielos: “Salid de ella, pueblo mío… porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades”. Apocalipsis 18:4-5.
Como Dios llamó a los hijos de Israel a salir de Egipto, para que pudieran guardar su sábado así llama a su pueblo a salir de Babilonia para que no adoren a la bestia ni a su imagen. El hombre de pecado, que pensó en cambiar los tiempos y la ley, se ha exaltado a sí mismo por encima de Dios, presentando al mundo este falso descanso; el mundo cristiano ha aceptado a este hijo del papado, y lo ha acunado y alimentado, desafiando así a Dios al quitar su monumento conmemorativo y estableciendo un [día de] descanso rival (Mensajes selectos, t. 3, p. 463).
El cuarto mandamiento, que Roma ha tratado de poner a un lado, es el único precepto del Decálogo que señala a Dios como Creador de los cielos y la tierra, y por lo tanto distingue al verdadero Dios de los dioses falsos. El sábado fue instituido para conmemorar la obra de la Creación, y dirigir las mentes de los hombres al Dios vivo y verdadero. Su poder creador se menciona a lo largo de las Escrituras como prueba de que el Dios de Israel es superior a las deidades paganas. Si siempre se hubiera guardado el sábado los pensamientos y los afectos del hombre se hubieran dirigido a su Hacedor como objeto de reverencia y adoración, y nunca habría existido ni un idólatra, ni un ateo ni un infiel.
Esta institución, que señala a Dios como el Creador, es una señal de su legítima autoridad sobre los seres que creó. El traslado del día de reposo del sábado al domingo es la señal o la marca de la autoridad de la Iglesia Romana. Los que, cuando comprenden los requerimientos del cuarto mandamiento deciden observar el falso día de reposo en lugar del verdadero, están de esa manera rindiendo homenaje al único poder que lo autoriza (La historia de la redención, pp. 401, 402).
Viernes 18 de septiembre: Para estudiar y meditar
La fe por la cual vivo, 31 de julio, “Confirmados en la verdad presente”, p. 220;
La maravillosa gracia de Dios, 16 de diciembre, “Gozo perpetuo”, p. 358.
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