Notas de Elena | Domingo 6 de septiembre del 2020 | Jesús: la base de nuestro testimonio | Escuela Sabática

Domingo 6 de septiembre: Jesús: la base de nuestro testimonio
Por medio de la gracia transformadora de Cristo, los frutos del Espíritu se muestran en la vida de los que una vez estuvieron muertos en los pecados y transgresiones. Su disposición, sus palabras y sus acciones revelan que son partícipes de la naturaleza divina. Esta gracia maravillosa fue revelada a Pablo, y él trabajó constantemente para que otros conocieran esas verdades salvadoras (Alza tus ojos, p. 307).
El pecado nos separó de la vida de Dios. Nuestra alma está paralizada. Por nosotros mismos somos tan incapaces de vivir una vida santa como aquel lisiado lo era de caminar. Son muchos los que comprenden su impotencia y anhelan esa vida espiritual que los pondría en armonía con Dios; luchan en vano para obtenerla… Alcen la mirada estas almas que luchan presa de la desesperación. El Salvador se inclina hacia el alma adquirida por su sangre, diciendo con inefable ternura y compasión: “¿Quieres ser sano?” Él os invita a levantaros llenos de salud y paz. No esperéis hasta sentir que sois sanos. Creed en su palabra, y se cumplirá. Poned vuestra voluntad de parte de Cristo. Quered servirle, y al obrar de acuerdo con su palabra, recibiréis fuerza… Él impartirá vida al alma de los que “estabais muertos en vuestros delitos”. Efesios 2:1. Librará al cautivo que está sujeto por la debilidad, la desgracia y las cadenas del pecado (El Deseado de todas las gentes, pp. 172, 173).
Debemos aprender de Cristo. Debemos conocer qué es él para los que ha redimido. Debemos comprender que por medio de la fe en él tenemos el privilegio de ser participantes de la naturaleza divina y escapar de este modo de la corrupción que está en el mundo por causa de la concupiscencia. Entonces seremos limpios de todo pecado, de todos los defectos del carácter. No necesitamos retener ninguna inclinación pecaminosa…
Al participar de la naturaleza divina, las tendencias hacia el mal, heredadas y cultivadas son extirpadas del carácter, y nos convertimos en un poder viviente para el bien. Al aprender cada día del divino Maestro, al participar de su naturaleza, colaboramos con Dios al vencer las tentaciones de Satanás. Dios obra y el hombre obra para que podamos ser uno con Cristo, tal como Cristo es uno con Dios. Entonces nos sentamos con Cristo en los lugares celestiales. La mente reposa con paz y seguridad en Jesús (God’s Amazing Grace, p. 235; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, p. 235).
Dios revela en su Palabra lo que puede hacer por los seres humanos. Amolda y adapta de acuerdo con la semejanza divina los caracteres de aquellos que quieran llevar el yugo de Cristo. Por medio de su gracia son hechos participantes de la naturaleza divina, y así se los capacita para vencer la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia. Dios es quien nos da poder para vencer. Los que oyen su voz y obedecen sus mandamientos, reciben el poder para formar caracteres rectos. Los que desobedecen sus órdenes explícitas, formarán caracteres similares a las propensiones que fomentan (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 7, pp. 954, 955).
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