Notas de Elena | Domingo 24 de enero del 2021 | Fin de la oscuridad para Galilea (Isa. 9:1-5)| Escuela Sabática

Domingo 24 de enero: Fin de la oscuridad para Galilea (Isa. 9:1-5)
Se permitió al profeta que proyectase la mirada a través de los siglos hasta el tiempo del advenimiento del Mesías prometido. Al principio vio solo “tribulación y tiniebla, oscuridad y angustia”. Isaías 8:22. Muchos que estaban anhelando recibir la luz de la verdad eran extraviados por falsos maestros que los arrastraban a los enredos de la filosofía y el espiritismo; otros ponían su confianza en una forma de la piedad, pero no practicaban la verdadera santidad en su vida. La perspectiva parecía desesperada; pero pronto la escena cambió, y se desplegó una visión maravillosa ante los ojos del profeta. Vio al Sol de Justicia que se levantaba con sanidad en sus alas; y, extasiado de admiración, exclamó: “…El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz: los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos”. Isaías 9:1, 2.
Esta gloriosa Luz del mundo iba a ofrecer salvación a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Acerca de la obra que le esperaba, el profeta oyó que el Padre eterno declaraba: “Poco es que tú me seas siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures los asolamientos de Israel: también te di por luz de las gentes, para que seas mi salud hasta lo postrero de la tierra”. Isaías 49:6 (Profetas y reyes, pp. 276, 277).
De todas las maneras que pudo, el enemigo de la verdad y de la justicia obró para inducir a los descendientes de Abraham a olvidar su alta y santa vocación y a desviarse hacia el culto de los dioses falsos. Y con frecuencia sus esfuerzos triunfaron excesivamente. Durante siglos, antes del primer advenimiento de Cristo, las tinieblas cubrieron la tierra y densa obscuridad los pueblos. Satanás arrojaba su sombra infernal sobre la senda de los hombres, a fin de impedirles que adquiriesen un conocimiento de Dios y del mundo futuro. Multitudes moraban en sombra de muerte. Su única esperanza consistía en que se disipase esta lobreguez, para que Dios pudiese ser revelado.
Con visión profética, David, el ungido de Dios, había previsto que el advenimiento de Cristo sería “como la luz de la mañana cuando sale el sol, de la mañana sin nubes”. 2 Samuel 23:4. Y Oseas atestiguó: “Como el alba está aparejada su salida”. Oseas 6:3. En silencio y con suavidad se produce el amanecer en la tierra, y se despierta la vida en ella cuando se disipan las sombras de las tinieblas. Así había de levantarse el Sol de Justicia, y traer “en sus alas… salud”. Malaquías 4:2. Las multitudes “que moraban en tierra de sombra de muerte” habían de ver “gran luz”. Isaías 9:2 (Profetas y reyes, p. 507).
Cristo vino para sanar a los enfermos y proclamar liberación a los cautivos de Satanás. Él era en sí mismo la salud y la fuerza. Impartía vida a los enfermos, a los afligidos, a los poseídos de los demonios. No rechazaba a ninguno que viniese para recibir su poder sanador. Sabía que aquellos que le pedían ayuda habían atraído la enfermedad sobre sí mismos; sin embargo no se negaba a sanarlos. Y cuando la virtud de Cristo penetraba en estas pobres almas, quedaban convencidas de pecado, y muchos eran sanados de su enfermedad espiritual tanto como de sus dolencias físicas. El evangelio posee todavía el mismo poder, y ¿por qué no habríamos de presenciar hoy los mismos resultados? {Exaltad a Jesús, p. 252).
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
ESCUELA SABÁTICA ADULTOS 2021
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