Notas de Elena | Domingo 19 de julio del 2020 | Un conflicto cósmico | Escuela Sabática

Domingo 19 de julio:

Un conflicto cósmico
Cristo no dijo a sus discípulos que su trabajo sería fácil. Les mostró la vasta confederación del mal puesta en orden de batalla contra ellos. Tendrían que luchar “contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires”. Efesios 6:12. Pero no se los dejaría luchar solos. Les aseguró que él estaría con ellos; y que si ellos avanzaban con fe, estarían bajo el escudo de la omnipotencia. Les ordenó que fuesen valientes y fuertes; porque Uno más poderoso que los ángeles estaría en sus filas: el General de los ejércitos del cielo. Hizo amplia provisión para la prosecución de su obra, y asumió él mismo la responsabilidad de su éxito. Mientras obedecieran su palabra y trabajasen en comunión con él, no podrían fracasar. Id a todas las naciones, les ordenó, id a las partes más alejadas del globo habitable, y estad seguros de que aun allí mi presencia estará con vosotros. Trabajad con fe y confianza; porque yo no os olvidaré nunca. Estaré siempre con vosotros, ayudándoos a realizar y cumplir vuestro deber, guiándoos, alentándoos, santificándoos, sosteniéndoos y dándoos éxito en hablar palabras que llamen la atención de otros al cielo (Hechos de los apóstoles, p. 24).
Tenemos enemigos invisibles a los cuales hacer frente; hombres malignos son instrumentos mediante los cuales obran los poderes de las tinieblas, y sin discernimiento espiritual, el alma ignorará las tretas de Satanás, será entrampada, tropezará y caerá. El que quiera vencer debe aferrarse bien de Cristo. No debe mirar hacia atrás, sino mantener la vista siempre hacia arriba. Elevaos mediante el Mediador; manteneos aferrados del Mediador; ascended a una clase de trabajo después de otra; no deis lugar a la carne para satisfacción de las concupiscencias (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1094).
El primer intento por derribar la ley de Dios, hecho entre los inmaculados habitantes del cielo pareció por algún tiempo coronado de éxito. Un inmenso número de ángeles fue seducido; pero el aparente triunfo de Satanás se convirtió en derrota y pérdida, y determinó su separación de Dios y su destierro del cielo…
Millares de personas repiten hoy la misma rebelde queja contra Dios. No comprenden que al quitarle al hombre la libertad de elegir, le roban su prerrogativa como ser racional y le convierten en un mero autómata. No es el propósito de Dios forzar la voluntad de nadie. El hombre fue creado moralmente libre. Como los habitantes de todos los otros mundos, debe ser sometido a la prueba de la obediencia; pero nunca se le coloca en una situación en la cual se halle obligado a ceder al mal. No puede sobrevenirle tentación o prueba alguna que no sea capaz de resistir. Dios tomó medidas tales, que nunca tuvo el hombre que ser necesariamente derrotado en su conflicto con Satanás (Patriarcas y profetas, pp. 342, 343).
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
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