Notas de Elena | Domingo 11 de julio del 2021 | Jesús trae división | Escuela Sabática

Domingo 11 de julio: Jesús trae división
El Salvador ordenó a sus discípulos que no esperasen que la enemistad del mundo hacia el Evangelio sería vencida, ni que después de un tiempo la oposición cesaría. Dijo: “No he venido para meter paz, sino espada”. La creación de esta lucha no es efecto del Evangelio, sino resultado de la oposición que se le hace. De todas las persecuciones, la más difícil de soportar es la divergencia entre los miembros de la familia, el alejamiento afectivo de los seres terrenales más queridos. Pero Jesús declara: “El que ama padre o madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama hijo o hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no toma su cruz, y sigue en pos de mí, no es digno de mí”.
La misión de los siervos de Cristo es un alto honor y un cometido sagrado. “El que os recibe a vosotros —dice él—, a mí recibe; y el que a mí recibe, recibe al que me envió”. Ningún acto de bondad a ellos manifestado en su nombre dejará de ser reconocido y recompensado. Y en el mismo tierno reconocimiento, él incluye a los más débiles y humildes miembros de la familia de Dios. “Cualquiera que diere a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente —a aquellos que son como niños en su fe y conocimiento de Cristo— en nombre de discípulo, de cierto os digo, que no perderá su recompensa” (El Deseado de todas las gentes, pp. 324, 325).
Poco antes de su crucifixión, Cristo les dio a sus discípulos un legado de paz… Esta paz no es la paz que se adquiere a través de la conformidad con el mundo. Es una paz interna más bien que una paz externa. Afuera habrá guerras y luchas, causadas por la oposición de enemigos confesados, y la frialdad y suspicacia de aquellos que pretenden ser amigos. La paz de Cristo no hará desaparecer la división, sino que permanecerá entre las dificultades y la división.
Aunque llevaba el título de Príncipe de Paz, Cristo dijo de sí mismo: “No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada”. Mateo 10:34… Aunque era el Príncipe de Paz sin embargo, era causa de división.
Las familias deben ser divididas para que todos aquellos que invocan el nombre del Señor se salven. Todos los que rehúsan su amor infinito encontrarán que el cristianismo es una espada, un factor perturbador de su paz (Nuestra elevada vocación, p. 330).
En el don incomparable de su Hijo, Dios rodeó al mundo entero con una atmósfera de gracia tan real como el aire que circula en derredor del globo. Todos los que decidan respirar esta atmósfera vivificante vivirán y crecerán hasta alcanzar la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús.
Como la flor se vuelve hacia el sol para que los brillantes rayos le ayuden a perfeccionar su belleza y simetría, así debemos volvemos hacia el Sol de justicia, a fin de que la luz celestial brille sobre nosotros y nuestro carácter se transforme a la imagen de Cristo (El camino a Cristo, p. 68).
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