Lección 9 | Domingo 26 de mayo 2019 | Perder la salud | Escuela Sabática Adultos

Domingo 26 de mayo
PERDER LA SALUD
Miles de años nos separan del árbol de la vida; y todos lo notamos, especialmente en relación con nuestra salud física. Tarde o temprano, a menos que perdamos la vida siendo jóvenes por un accidente, todos enfrentamos la dura realidad del deterioro de la salud.
Y, si bien nos resulta ingrato tener problemas de salud, ¿cuánto más doloroso es cuando nos toca no solo a nosotros, sino a algún miembro de nuestra familia? ¿Cuántos padres, especialmente al atender a un hijo enfermo, desearon haberse enfermado ellos en lugar del niño? Lamentablemente, no tenemos esa opción.
¿Qué tienen en común todos estos relatos? Marcos 5:22-24, 35-43; Mateo 15:22-28; Lucas 4:38, 39; Juan 4:46-54.
En cada uno de estos casos, y sin duda en muchos más, hay un miembro de la familia que suplica la ayuda de Jesús por otro miembro de su familia.
Obviamente, reconocemos que sufrimos porque vivimos en un mundo caído. Cuando el pecado entró en el mundo, no solo entró la muerte, sino también el dolor crónico y la enfermedad. Cuando nos enfrentamos a una enfermedad crónica o terminal, podemos sentir conmoción, enojo, desesperación, e incluso ganas de gritar: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?” (Sal. 22:1). Así como lo hizo David, haríamos bien en llevar nuestras preguntas, nuestro enojo y nuestro dolor a Dios.
En muchos sentidos, la enfermedad y el sufrimiento continuarán siendo un misterio hasta que la muerte finalmente sea derrotada en la venida de Jesús. Al mismo tiempo, podemos recoger verdades importantes de la Palabra de Dios. Si bien Job soportó un dolor indescriptible, experimentó una intimidad más profunda con Dios. Él explica: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5). Pablo tuvo algún tipo de enfermedad crónica, y su forma de afrontarla nos dice que el sufrimiento puede capacitarnos para consolar a los demás, puede darnos compasión por otros que están sufriendo y permitirnos ministrar con mayor eficacia (2 Cor. 1:3-5); es decir, si no permitimos que nos supere.
Si nosotros o los miembros de la familia padecemos una enfermedad, ¿qué promesas podemos reclamar? ¿Por qué, en momentos como este, es tan importante para nosotros la realidad de Jesús, nuestro Señor, que sufrió en la Cruz? ¿Qué nos enseña él en la Cruz sobre el amor inefable de Dios, incluso en medio de una enfermedad en nuestra familia?=============================
Lecciones de Escuela Sabática para Adultos
Lección 9: Para el 1 de junio de 2019
TIEMPO DE PERDER
2er. Trimestre 2019 – Las Etapas Familiares
Narración: Carlos Martín

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