Lección 3 | Orgullo versus humildad | Notas de Elena Semanal


Sábado de tarde, 11 de abril
Satanás cayó porque ambicionó ser igual a Dios. Deseaba participar en los consejos y propósitos divinos, de los cuales estaba excluido, porque, como ser creado, era incapaz de comprender la sabiduría del Infinito, fue este orgullo ambicioso el que lo indujo a la rebelión, y por este mismo medio trata de causar la ruina del hombre.
El pecado tuvo su origen en el egoísmo. Lucifer, el querubín protector, deseó ser el primero en el cielo. Trató de dominar a los seres celestiales, apartándolos de su Creador, y granjearse para sí su homenaje. Para ello, representó falsamente a Dios, atribuyéndole el deseo de ensalzarse. Trató de investir al amante Creador con sus propias malas características.
Cuando quiera que se entreguen al orgullo y la ambición, su vida se mancilla; porque el orgulloso, ni sintiendo necesidad alguna, cierra su corazón a las bendiciones infinitas del cielo.
Si Lucifer hubiese deseado realmente ser como el Altísimo, nunca habría abandonado el puesto que le había sido señalado en el cielo; porque el espíritu del Altísimo se manifiesta en un ministerio abnegado. Lucifer deseaba el poder de Dios, pero no su carácter. Buscaba para sí el lugar más alto, y todo ser impulsado por su espíritu hará lo mismo.
El orgullo es un temible rasgo de carácter. Antes del quebrantamiento es la soberbia’. Esto es verdad en la familia, en la iglesia y en la nación (La fe por la cual vivo, 3 de marzo, p. 70).
La dulce voz de la misericordia llega hoy a vuestros oídos. Hoy estáis recibiendo la invitación celestial. Hoy todo en el cielo dice: Venid. Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven.
Venid, porque todo está listo ahora. Todo el que quiera, que venga y beba del agua de la vida de balde. Ahora necesitamos sencillez infantil. Necesitamos que todo lo semejante al orgullo, la vanidad y la insensatez desaparezca. Estamos frente al juicio. Los hombres y las mujeres necesitarán apoyarse en una fortaleza superior a toda ayuda humana. Deben afirmarse del brazo poderoso de Jehová. Estamos frente al día cuando las obras de los hombres serán probadas; y deseamos que vosotros estéis listos. Os instamos en el nombre del Maestro a prepararos. Os llamamos para que os apartéis del orgullo del mundo, la soberbia, la vanidad y la insensatez de la vida, Jesús os ama. Jesús tiene compasión de vosotros. Se ha enviado a la hueste angélica para que os ayude. Y ahora, cuando todo el ciclo está interesado en vosotros, ¿no os interesaréis en vosotros mismos?
Algunos temen confiar plenamente en la Palabra del Señor como si eso fuera presunción. Oran para que el Señor les enseñe y remen aferrarse a la palabra de la promesa de Dios y creer que han sido enseñados por él. Mientras comparezcamos ante nuestro Padre celestial con humildad y con un espíritu capaz de recibir enseñanza, dispuestos y ansiosos de aprender, ¿porqué habríamos de dudar del cumplimiento de la propia promesa de Dios?… Cuando usted busque descubrir sus designios, su parte en esta relación con Dios consiste en creer que será guiado y bendecido al hacer su voluntad… Es Cristo quien guía hoy a su pueblo, mostrándole dónde y cómo trabajar (Sond and Daughten of God, p. 67; parcialmente en Hijos e hijas e Dios, de marzo, p. 69).

Domingo, 12 de abril: Las opresivas garras del orgullo
No hay nada que debilite la fortaleza de la iglesia como el orgullo y la pasión… Cristo nos ha dado un ejemplo de amor y humildad, y ha ordenado a sus seguidores que se amen mutuamente como él los ha amado. Con humildad, debemos estimar a otros superiores a nosotros. Debemos ser severos con nuestros propios defectos de carácter, prontos para discernir nuestros errores y equivocaciones, y tener menos en cuenta las faltas ajenas que las nuestras. Debemos sentir un interés especial en considerar las cosas ajenas, no para codiciarlas, no para encontrar faltas en ellas, no para hacer comentarios en cuanto a ellas y presentarlas en una luz dudosa, sino para hacer estricta justicia en codas las cosas a nuestros hermanos y a todos con quienes nos tratamos. Ofende a Dios el espíritu de hacer planes para nuestro interés egoísta, con el fin de obtener alguna ganancia, o para mostrar superioridad o rivalidad. El Espíritu de Cristo guiará a sus seguidores para que se preocupen, no solo por su éxito o ventajas, sino por tener también interés en el éxito y ventajas de sus hermanos. Esto será amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos…
Solo Jesús ha de ser exaltado. Cualquiera sea la habilidad o el éxito de alguno de nosotros, no es porque hayamos creado esas facultades nosotros mismos; son un depósito sagrado dado por Dios, para ser usadas sabiamente en su servicio para su gloria. Todo es un capital confiado por el Señor. ¿Por qué envanecemos, entonces? ¿Por qué habremos de llamar la atención hacia nuestro yo defectuoso? Todo lo que poseemos en talento y sabiduría lo recibimos de la Fuente de sabiduría, a fin de que podamos glorificar a Dios…
El orgullo del talento, el orgullo del intelecto, no pueden existir en el corazón que está oculto con Cristo en Dios… Humillémonos pues y adoremos a Jesús, pero nunca, nunca, nos exaltemos en lo mínimo… Si el motivo de toda nuestra vida es servir y honrar a Cristo y bendecir a la humanidad en el mundo, entonces el camino más sombrío del deber se convertirá en un camino resplandeciente, un camino trazado para que caminemos los redimidos del Señor (That IMay Know Him, p. 176; parcialmente en Afin de conocerle, 19 de junio, p. 177).
Recuerden los que están en posiciones de responsabilidad que nos estamos acercando a los peligros de los últimos días. El Señor está pasando revista al mundo entero… Nadie deje que su guía sea un ser finito y propenso a errores. Dios es quien está detrás de los mortales, Uno de quien todos reciben la sabiduría y el conocimiento que los capacita para hacer el bien. Y Dios está dispuesto a ayudar a cada uno. El Señor no hace acepción de personas.
Todos aquellos a quienes el Señor ha investido con ricos dones han de guardarse no sea que el orgullo y la autosuficiencia obtengan el control. La persona que ejerza mayor influencia, aquella a quien el pueblo esté dispuesto a seguir, necesita estar abierta a las oraciones y admoniciones de otros obreros. Oren para ser guardados del orgullo y de la exaltación propia (El Cristo triunfante, 31 de mayo, p. 160).

Lunes, 13 de abril: Conócete a ti mismo
Usted piensa que sus errores y transgresiones han sido tan gravosos al Señor, que él no… lo salvará. Cuanto más se acerque a Jesús, tanto más culpable aparecerá ante sus propios ojos, porque su visión será más clara, y sus imperfecciones serán vistas en un contraste más nítido con su perfecta naturaleza. Pero no se desanime. Esta es una evidencia de que los engaños de Satanás han perdido su poder; de que la influencia vivificante del Espíritu de Dios está surgiendo en usted, y que su indiferencia y despreocupación están desapareciendo.
Ningún amor profundo por Jesús puede morar en el corazón de aquellos que no ven ni comprenden su propia pecaminosidad. El alma que es transformada por la gracia, admirará su carácter divino; pero si no vemos nuestra propia deformidad moral, es una evidencia inequívoca de que no hemos tenido una visión de la belleza y excelencia de Cristo. Cuanto menos cosas de estima veamos en nosotros mismos, tanto más veremos para apreciar en la infinita pureza y amor de nuestro Salvador. Una visión de nuestra propia pecaminosidad nos conduce hacia Aquel que puede perdonar…
Dios no trata con nosotros de la manera en que un hombre finito trata con otro. Sus pensamientos son pensamientos de misericordia, amor y tierna compasión… El dice: “Yo deshice como a nube tus rebeliones…” Isaías 44:22.
Mire hacia arriba, Usted que está en dificultades, tentado y desanimado. Mire hacia arriba. Siempre es seguro mirar hacia arriba; mirar hacia abajo resulta fatal. Si Usted mira hacia abajo, la tierra vacila y se bambolea; debajo de Usted, ninguna cosa es segura. Pero el cielo, por encima de Usted, está en calma y firme, y hay ayuda divina para todo aquel que sube. La mano del Infinito se extiende desde las almenas del cielo para asir la suya en un fuerte apretón. El poderoso Ayudador está cerca para bendecir, levantar y animar a los que más yerran, a los más pecadores, si ellos quieren contemplarlo por fe. Pero el pecador debe contemplarlo (Nuestra elevada vocación, 21 de enero, p. 29).
“Dios… les dio la ley, con la promesa de grandes bendiciones siempre que obedecieran: ‘Ahora pues… si guardareis mi pacto… vosotros seréis mi reino de sacerdotes y gente santa’. Éxodo 19:5, 6. Los israelitas no percibían la pecaminosidad de su propio corazón, y no comprendían que sin Cristo les era imposible guardar la ley de Dios; y con excesiva premura concertaron su pacto con Dios… Declararon: ‘Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho y obedeceremos’ (Éxodo 24:7)… y sin embargo, apenas unas pocas semanas después, quebrantaron su pacto con Dios al postrarse a adorar una imagen fundida. No podían esperar el favor de Dios por medio de un pacto que ya habían roto; y entonces, viendo su pecaminosidad y su necesidad de perdón, llegaron a sentir la necesidad del Salvador revelado en el pacto de Abraham y simbolizado en los sacrificios {La fe por la cual vivo, 13 de marzo, p. 80).

Martes 14 de abril: Moisés, un siervo humilde
Moisés pasó cuarenta años en los desiertos de Madián, como pastor de ovejas. Aparentemente apartado para siempre de la misión de su vida, recibió la disciplina esencial para su realización.
Moisés había aprendido muchas cosas que debía olvidar. Las influencias que le habían rodeado en Egipto, el amor a su madre adoptiva, su propia elevada posición como nieto del rey, el libertinaje que reinaba por doquiera, el refinamiento, la sutileza y el misticismo de una falsa religión, el esplendor del culto idólatra, la solemne grandeza de la arquitectura y de la escultura; todo esto había dejado una profunda impresión en su mente entonces en desarrollo, y hasta cierto punto había amoldado sus hábitos y su carácter. El tiempo, el cambio de ambiente y la comunión con Dios podían hacer desaparecer estas impresiones. Exigiría de parte de Moisés mismo casi una lucha a muerte renunciar al error y aceptar la verdad; pero Dios sería su ayudador cuando el conflicto fuese demasiado severo para sus fuerzas humanas…
Para recibir ayuda de Dios, el hombre debe reconocer su debilidad y deficiencia; debe esforzarse por realizar el gran cambio que ha de verificarse en él… Muchos no llegan a la posición que podrían ocupar porque esperan que Dios haga por ellos lo que él les ha dado poder para hacer por sí mismos…
Enclaustrado dentro de los baluartes que formaban las montañas, Moisés estaba solo con Dios. Los magníficos templos de Egipto ya no le impresionaban con su falsedad y superstición. En la solemne grandeza de las colinas sempiternas percibía la majestad del Altísimo, y por contraste, comprendía cuán impotentes c insignificantes eran los dioses de Egipto. Por doquiera veía escrito el nombre del Creador. Moisés parecía encontrarse ante su presencia, eclipsado por su poder. Allí fueron barridos su orgullo y su confianza propia. En la austera sencillez de su vida del desierto, desaparecieron los resultados de la comodidad y el lujo de Egipto. Moisés llegó a ser paciente, reverente y humilde, “muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra’ (Números 12:3), y sin embargo, era fuerte en su fe en el poderoso Dios de Jacob (Conflicto y valor, 21 de marzo, p. 86).
Moisés estaba capacitado para destacarse entre los grandes de la tierra, para brillar en las cortes del reino más glorioso, y para empuñar el centro de su poder. Su grandeza intelectual lo distingue entre los grandes de todas las edades, y no tiene par como historiador, poeta, filósofo, general y legislador. Con el mundo a su alcance, tuvo fuerza moral para rehusar las halagüeñas perspectivas de riqueza, grandeza y fama…
Moisés había sido instruido tocante al galardón final que será dado a los humildes y obedientes siervos de Dios, y en comparación con el cual la ganancia mundanal se hundía en su propia insignificancia. El magnífico palacio de Faraón y el trono del monarca fueron ofrecidos a Moisés para seducirle; pero él sabía que los placeres pecaminosos que hacen a los hombres olvidarse de Dios imperaban en sus cortes señoriales. Vio más allá del esplendoroso palacio, más allá de la corona de un monarca, los altos honores que se otorgarán a los santos del Altísimo en un reino que no tendrá mancha de pecado. Vio por la fe una corona imperecedera que el Rey del cielo colocará en la frente del vencedor (Conflicto y valor, 16 de marzo, p. 81).

Miércoles 15 de abril: La mayor ofensa
“El cambio de corazón representado por el nuevo nacimiento puede realizarse únicamente por la obra efectiva del Espíritu Santo… El orgullo y el amor propio resisten al espíritu de Dios; cada inclinación natural del alma se opone al cambio que transforma la altivez y el orgullo en la mansedumbre y humildad de Cristo. Pero si hemos de caminar en la senda de la vida eterna no debemos prestar oído al susurro del yo. Con humildad y contrición debemos suplicar a nuestro Padre celestial: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí”. Salmo 51:10. Al recibir la luz divina y cooperar con las inteligencias celestiales, nacemos de nuevo, liberados de la corrupción del pecado por el poder de Cristo” (The Faith I Live By, p. 137; parcialmente en La fe por la cual vivo, 11 de mayo, p. 139).
Santiago y Juan presentaron, por medio de su madre, una petición a Cristo para solicitar que les fuera permitido ocupar los más altos puestos de honor en el reino. A pesar de las repetidas instrucciones de Cristo concernientes a la naturaleza de su reino, estos jóvenes discípulos aún abrigaban la esperanza de un Mesías que ascendería a su trono con majestuoso poder, de acuerdo con los deseos de los hombres…
Pero el Salvador contestó: “No sabéis lo que pedís: ¿podéis beber el vaso que yo he de beber, y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado?” Sabiendo que sus palabras misteriosas señalaban pruebas y sufrimiento, con todo contestaron confiadamente: “Podemos”. Deseaban atribuirse el supremo honor de demostrar su lealtad compartiendo todo lo que estaba por sobrevenir a su Señor.
“A la verdad mi vaso beberéis, y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados”, declaró Jesús… Santiago y Juan iban a ser partícipes con su Maestro en el sufrimiento —el uno destinado a una muerte prematura por la espada, el otro seguiría a su Maestro en trabajos, vituperio y persecución por más tiempo que todos los demás discípulos. “Mas el sentaros a mi mano derecha y a mi izquierda —continuó Jesús— no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está aparejado de mi Padre”…
En el reino de Dios no se obtiene un puesto por medio del favoritismo. No se gana ni es otorgado por medio de una gracia arbitraria. Es el resultado del carácter. La cruz y el trono son los símbolos de una condición alcanzada, los símbolos de la conquista propia por medio de la gracia de nuestro Señor Jesucristo…
Aquel que ocupe el lugar más cerca de Cristo, será el que haya bebido más profundamente de su espíritu de amor abnegado —amor que “no hace sinrazón, no se ensancha… no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal” —amor que induce al discípulo, así como indujo a nuestro Señor, a darlo todo, a vivir y trabajar y sacrificarse aun hasta la muerte para la salvación de la humanidad (Conflicto y valor, 4 de noviembre, p. 314).

Jueves 16 de abril: Fija tus ojos en Cristo
Muchos son espiritualmente débiles porque se miran a sí mismos en lugar de mirar a Cristo… Cristo es el gran almacén del cual podemos extraer en cada ocasión fortaleza y felicidad. ¿Por qué, entonces, apartamos los ojos de su suficiencia para contemplar nuestra debilidad y lamentarnos por ella? ¿Por qué nos olvidamos de que él está listo para ayudarnos en todo momento de necesidad? Lo deshonramos cuando hablamos de nuestra ineficiencia. En lugar de mirarnos a nosotros mismos, contemplemos constantemente a Jesús, siendo cada día más semejantes a él, más y más capaces de hablar de él, mejor preparados para aprovecharnos de su bondad y su auxilio, y para recibir las bendiciones que nos ofrece. Al vivir así en comunión con él nos fortaleceremos con su fuerza, y seremos de ayuda y bendición para quienes nos rodean.
Cristo ha hecho toda provisión para que seamos fuertes. Nos ha dado su Espíritu Santo, cuyo oficio es recordarnos todas las promesas que Cristo ha hecho, para que tengamos paz y una dulce sensación de perdón. Si tan solo mantenemos los ojos fijos en el Salvador y confiamos en su poder, seremos llenados de una sensación de seguridad, pues la justicia de Cristo llegará a ser nuestra justicia…
Cuando las tentaciones os asalten, como ciertamente ocurrirá, cuando la preocupación y la perplejidad os rodeen, cuando, desanimados y angustiados, estéis a punto de entregaros a la desesperación, mirad, oh, mirad hacia donde visteis con el ojo de la fe por última vez la luz, y la oscuridad que os rodee se disipará a causa del brillo de su gloria. Cuando el pecado luche por enseñorearse de vuestra alma y abrume la conciencia, cuando la incredulidad nuble la mente, acudid al Salvador. Su gracia es suficiente para dominar el pecado. Él nos perdonará y nos hará gozosos en Dios.
Dios quiere que se expandan nuestras mentes… Hemos de ser uno con Cristo como él es uno con el Padre. Y el Padre nos amará como ama a su Hijo. Podemos tener la misma ayuda que tuvo Cristo, podemos tener fortaleza para cada emergencia, pues Dios será nuestra vanguardia y nuestra retaguardia. Nos protegerá por todos lados (La maravillosa gracia de Dios, 8 de septiembre, p. 259).
Dios ha hecho mucho para posibilitarnos la libertad en Cristo, para libertarnos de la esclavitud de los malos hábitos y de las malas inclinaciones. Queridos jóvenes amigos, ¿no os esforzaréis por ser libres en Cristo? Señaláis a este y a aquél cristiano profeso diciendo: “No tenemos confianza en ellos. Si sus vidas son ejemplos de cristianismo, no queremos nada de ellos”. No miréis a los que os rodean. Mirad, en vez de a ellos, a nuestro ejemplo perfecto, el hombre Cristo Jesús. Contemplándolo seréis cambiados a su imagen {Nuestra elevada vocación, 23 de enero, p. 31).
Viernes, 17 de abril: Para estudiar y meditar
Conflicto y valor, “Riquezas verdaderas”, 7 de julio, p. 194.
La fe por la cual vivo, “Paz por medio de la cruz”, 7 de abril, p. 105.



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