Lección 3 | Cuando tu mundo se cae a pedazos | Escuela Sabática Universitaria

“CONSOLAOS, PUEBLO MÍO”

Desde el momento en que se pronunciaron por primera vez, las palabras del profeta Isaías han quedado grabadas, y hasta incrustadas, en nuestra conciencia. Hay palabras inolvidables, cargadas no solo de significado, sino también de esperanzas y promesas; palabras como: “Dios con nosotros” (Isa. 7:14, TLA); “Porque un niño nos es nacido” (9:6); “Todo valle sea alzado” (40:4); y “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (53:5).

Las palabras crean ilustraciones, imágenes mentales, ecos. Las palabras débiles y miserables crean imágenes débiles y miserables; las palabras potentes, refinadas y bien elaboradas crean imágenes potentes y refinadas, y ecos fuertes y nítidos. Esto, por supuesto, explica por qué las palabras de Isaías nos hablan en forma tan fuerte, tan nítida, incluso después de 27 siglos.

Este trimestre analizaremos a Isaías, sus palabras, sus tiempos, sus dificultades. Pero principalmente a su Dios, el Dios que, tanto en aquel entonces como hoy, nos interpela: “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú” (Isa. 43:1).

El Dr. Roy Gane, experto en Hebreo, es profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico Adventista de la Universidad Andrews, en Berrien Springs, Míchigan, Estados Unidos.

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