Lección 10 | Lunes 3 de junio del 2019 | Familias fuertes | Escuela Sabática Jóvenes

LUNES 3 DE JUNIO
FAMILIAS FUERTES
Logos: Gén. 2:7,21-25; 3:1; Mat. 7:1,2; Rom. 3:23; Efe. 6:10-18; Fil. 2:4-8; Col. 3:18-21; Heb. 12:14
LA PRIMERA FAMILIA (GÉN. 2:7. 21-25: 3:1)
Imagina al hombre perfecto: apuesto, fuerte, un líder brillante, amable y gentil. Adán era todo esto y mucho más. De este hombre perfecto. Dios tomó una costilla y formó una mujer. Ella era la luz de los ojos de Adán, hueso de su hueso, carne de su carne (Gén. 2:23). Pero en esta perfección, el pecado y el conflicto se infiltraron cuando el diablo apareció disfrazado en el Edén.
Por mucho que Adán amara a Eva, debería haber amado a Dios aún más. Cuando ella le trajo la fruta para comer, él tuvo que tomar una decisión: escuchar a su esposa u obedecer a Dios. La elección correcta hubiera sido obedecer a Dios y confiarle a él las consecuencias. Sin Importar lo cercanos que sean los lazos de nuestras familias, nuestra primera lealtad debe ser hada Dios.

CONFLICTO EN LAS RELACIONES (COL. 3:18-21)
Cuando Adán y Eva pecaron, Dios tenía todas las razones para estar enojado con ellos. Los había puesto en un ambiente perfecto y había suplido para cada necesidad y deseo posibles. Es más, les había advertido del plan del diablo para hacerlos caer. Se tenían el uno al otro para rendirse cuentas y animarse a permanecer fieles a Dios. Entonces, podríamos anticipar que su decisión de comer de la fruta prohibida airaría a cualquier ser razonable. Pero ¿cómo reaccionó Dios?
Dios descendió al Jardín del Edén en una búsqueda amorosa de sus traidores. Luego de cuestionarlos, procedió a ofrecer una solución para su debacle autoinducido: enviaría a su Hijo unigénito a morir por la humanidad para que todo aquel que quisiera salvación pudiera tenerla. Cuando Dios se decepciona en una relación, se ofrece a sí mismo como la resolución del conflicto. Así, vemos una clara distinción entre la ira y el pecado. Aunque Dios se enoja, nunca peca.
Al contrario, cuando aparecen conflictos en nuestras relaciones, somos los primeros en tomar la defensiva. Esto es precisamente lo que hicieron Adán y Eva. Adán culpó a Dios y a Eva; Eva, por su parte, culpó a Dios y a la serpiente. Culpar no resuelve el conflicto. De hecho, solo sirve para exacerbar una situación difícil y aumentar el distanciamiento entre las partes.
La próxima vez que nos encontremos en conflicto con miembros de la familia, aprendamos del ejemplo de Dios. En lugar de pensar en formas de defendernos a costa de otros, pensemos en cómo arreglar la raíz del conflicto. Esto requerirá de una actitud abnegada, una disposición a ser heridos y un mayor cariño por nuestros semejantes que por nosotros mismos.
Si somos honestos con nosotros mismos, no tenemos el tipo de amor abnegado necesario para resolver los conflictos a la manera de Dios. ¡Pero por eso necesitamos que Jesús nos transforme para ser como él!
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Lecciones de Escuela Sabática para Jóvenes
Lección 10: Para el 8 de junio de 2019
TIEMPO DE DIFICULTADES
2er. Trimestre 2019 – Las Etapas Familiares
Narración: Adan Vicente

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