Notas de Elena | Miércoles 8 de septiembre del 2021 | No endurezcáis vuestros corazones | Escuela Sabática

Miércoles 8 de septiembre: No endurezcáis vuestros corazones
Dios requiere pronta e implícita obediencia a su ley; pero los hombres están dormidos o paralizados por los engaños de Satanás, quien les sugiere excusas y subterfugios, y vence sus escrúpulos diciendo, como dijo a Eva en el huerto: “No moriréis”. Génesis 3:4. La desobediencia no solo endurece el corazón y la conciencia del culpable, sino que tiende a corromper la fe de los demás. Lo que les parecía muy malo al principio, pierde gradualmente esta apariencia al estar constantemente delante de sus ojos, hasta que finalmente dudan de que sea realmente un pecado, e inconscientemente caen en el mismo error…
Muchos son los obstáculos que hay en la senda de los que quieren obedecer a los mandamientos de Dios. Hay fuertes y sutiles influencias que los vinculan con los caminos del mundo. Pero el poder del Señor puede romper esas cadenas. Él suprimirá todo obstáculo delante de los pies de sus fíeles, o les dará fuerza y valor para vencer toda dificultad si buscan fervientemente su ayuda. Todos los obstáculos se desvanecerán ante un ferviente deseo de hacer la voluntad de Dios y un esfuerzo persistente por cumplirla a cualquier costo, aun cuando se hubiere de sacrificar la vida misma. La luz del Cielo iluminará las tinieblas de aquellos que, en las pruebas y perplejidades, avancen mirando a Jesús como el autor y consumador de su fe (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 146-148).
La frialdad del hielo, la dureza del hierro, la naturaleza impenetrable e inimpresionable de la roca, todo esto encuentra una equivalencia en el carácter de muchos cristianos profesos. Así fue como el Señor endureció el corazón de Faraón. Dios habló al rey egipcio por boca de Moisés, dándole las evidencias más notables del poder divino; pero el monarca tercamente rehusó la luz que lo hubiera conducido al arrepentimiento. Dios no envió un poder sobrenatural para endurecer el corazón del rey rebelde, pero, como Faraón resistió a la verdad, el Espíritu Santo se retiró, y quedó en las tinieblas y la incredulidad que había elegido.
Los hombres se separan de Dios al rehusar la influencia del Espíritu. El no tiene en reserva agentes más poderosos para iluminar sus mentes. Ninguna revelación de su voluntad puede alcanzarlos en su incredulidad (Nuestra elevada vocación, p. 162).
Cristo dice: “Yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca”. Juan 15:16. Como embajadora de Cristo, ruego a todos los que leen estas líneas que presten atención mientras se dice hoy: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”. Hebreos 3:15; 4:7. Sin un momento de dilación, pregúntense: ¿Qué soy yo para Cristo? ¿Qué es Cristo para mí? ¿Cuál es mi obra? ¿Cuáles son las características del fruto que debo dar? (Cada día con Dios, p. 49).
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
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