Notas de Elena | Miércoles 15 de junio del 2022 | La copa de la adivinación | Escuela Sabática

Miércoles 15 de junio: La copa de la adivinación
Judá se había comprometido a ser garante de Benjamín. “Vino Judá con sus hermanos a casa de José, que aún estaba allí, y se postraron delante de él en tierra. Y les dijo José: ¿Qué acción es esta que habéis hecho? ¿No sabéis que un hombre como yo sabe adivinar”? José les preguntó así a fin de que ellos reconocieran sus acciones pasadas equivocadas, y para que sus verdadero sentimientos pudieran ser revelados más plenamente. No pretendía tener ningún poder de adivinación, pero pretendía que sus hermanos creyeran que podía leer los actos secretos de sus vidas. “Entonces dijo Judá: ¿Qué diremos a mi señor? ¿Qué hablaremos, o con qué nos justificaremos? Dios ha hallado la maldad de tus siervos; he aquí, nosotros somos siervos de mi señor, nosotros, y también aquel en cuyo poder fue hallada la copa. Judá les dijo a sus hermanos que Dios los había encontrado culpables de su iniquidad por vender a su hermano a Egipto, y que ahora se les estaban devolviendo sus transgresiones, permitiéndoles convertirse también en esclavos (Spiritual Gifts, t. 3, p. 163).
Tan pronto como hubo pecado, hubo un Salvador. Cristo sabía lo que tendría que sufrir, sin embargo se convirtió en el sustituto del hombre. Tan pronto como pecó Adán, el Hijo de Dios se presentó como fiador por la raza humana…
“Los tengo esculpidos en las palmas de mis manos”. Las palmas de sus manos llevan las marcas de las heridas que recibió. Si somos heridos y magullados, si hacemos frente a dificultades difíciles de sobrellevar, recordemos cuánto sufrió Cristo por nosotros…
Satanás declaró que los seres humanos no podían vivir sin pecar. Cristo pasó ileso por el mismo terreno donde Adán tropezó y cayó, y por medio de una vida sin pecado colocó a la raza humana en terreno ventajoso, para que todos puedan estar de pie ante el Padre, aceptos en el Amado (In Heavenly Places, p. 13; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 15).
Los que trabajan en la causa de la verdad debieran presentar la justicia de Cristo, no como una luz nueva, sino como una luz preciosa que por un tiempo ha sido perdida de vista por la gente. Hemos de aceptar a Cristo como a nuestro Salvador personal, y él nos imputa la justicia de Dios en Cristo. Repitamos y destaquemos la verdad que ha descrito Juan: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados’’. 1 Juan 4:10.
En el amor de Dios se ha manifestado la más maravillosa veta de verdad preciosa, y se exponen delante de la iglesia y del mundo los tesoros de la gracia de Cristo… Qué amor es este, qué maravilloso, insondable amor que indujo a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Cuánto pierde el alma que entiende las vigorosas demandas de la ley y que, sin embargo, no llega a comprender la sobreabundante gracia de Cristo (Mensajes selectos, t. 1 p. 182).
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA 2022
Lectura del Folleto Comentarios de Elena G. de White
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