Notas de Elena | Martes 18 de agosto del 2020 | El ministerio sanador de Jesús: parte 1 | Escuela Sabática

Martes 18 de agosto: El ministerio sanador de Jesús: parte 1
Las palabras pronunciadas por Jesús: “Tus pecados te son perdonados” (Mateo 9:2), tienen un inmenso valor para nosotros. Él dijo: He llevado tus pecados en mi propio cuerpo en la cruz del Calvario. Él ve vuestras aflicciones. Su mano se posa sobre la cabeza de cada alma contrita, y Jesús se convierte en nuestro Abogado delante del Padre, y nuestro Salvador. El corazón humillado y contrito recibirá una gran bendición con el perdón…
Podemos repetir a otros su tierna compasión, a otros que vagan en el laberinto del pecado. Debemos revelar tiernamente a otros la gracia de Cristo que nos ha sido manifestada. El alma se llenará de una gran ternura y compasión por seres humanos que todavía están bajo el control de Satanás. Cristo se multiplicará en cada hombre y mujer que cree en él, porque habrán de vivir nuevamente la vida de Cristo al bendecir, iluminar y brindar esperanza, paz y gozo a otros corazones (Dios nos cuida, p. 149).
Habéis confesado vuestros pecados y en vuestro corazón los habéis desechado. Habéis resuelto entregaros a Dios. Id pues a Él, y pedidle que os limpie de vuestros pecados, y os dé un corazón nuevo. Creed que lo hará porque lo ha prometido. Esta es la lección que el Señor Jesús enseñó mientras estuvo en la tierra. Debemos creer que recibimos el don que Dios nos promete, y lo poseemos. El Señor Jesús sanaba a los enfermos cuando tenían fe en su poder; les ayudaba con las cosas que podían ver; así les inspiraba confianza en él tocante a las cosas que no podían ver y los inducía a creer en su poder de perdonar los pecados. Esto se ve claramente en el caso del paralítico: “Mas para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados (dijo entonces al paralítico): ¡Levántate, toma tu cama y vete a tu casa!” Mateo 9:6 (EI camino a Cristo, pp. 49, 50).
Durante su vida en la tierra, Cristo enseñó la lección de la atención cuidadosa que debe dispensarse a las cosas pequeñas. La gran obra de la redención pesaba continuamente sobre su alma. Mientras enseñaba y sanaba, todas las energías de su mente y su cuerpo eran esforzadas hasta el límite; no obstante, notaba las cosas más sencillas de la vida y la naturaleza. Sus lecciones más instructivas fueron aquellas en las cuales, mediante las cosas sencillas de la naturaleza, ilustró las grandes verdades del reino de Dios. No pasó por alto las necesidades del más humilde de sus siervos. Su oído oía cada clamor de necesidad. Estaba atento al toque de la mujer enferma aun en medio de la multitud; el más levé toque de fe obtuvo respuesta. Cuando resucitó de la muerte a la hija de Jairo, recordó a los padres que debían darle algo de comer (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 291, 292).
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