Notas de Elena | Martes 10 de marzo del 2020 | Tocado por un ángel | Escuela Sabática

Martes 10 de marzo: Tocado por un ángel
El profeta Daniel fue ejemplo de verdadera santificación. Llenó su larga vida del noble servicio que rindió a su Maestro. Era un hombre “muy amado” (Daniel 10:11) en el cielo.
Sin embargo, en lugar de prevalerse de su pureza y santidad, este profeta tan honrado de Dios se identificó con los mayores pecadores de Israel cuando intercedió cerca de Dios en favor de su pueblo: “¡No derramamos nuestros ruegos ante tu rostro a causa de nuestras justicias, sino a causa de tus grandes compasiones!” “Hemos pecado, hemos obrado impíamente. Daniel 9:18, 15, 20…
No puede haber glorificación de sí mismo, ni arrogantes pretensiones de estar libres de pecado por parte de los que andan a la sombra de la cruz del Calvario. Harta cuenta se dan de que fueron sus pecados los que causaron la agonía del Hijo de Dios y destrozaron su corazón; y este pensamiento les inspira profunda humildad. Los que viven más cerca de Jesús son también los que mejor ven la fragilidad y culpabilidad de la humanidad, y su sola esperanza se cifra en los méritos de un Salvador crucificado y resucitado (Maranata, el Señor viene, p. 233).
Cuando el ángel estaba por desarrollar delante de Daniel las sumamente interesantes profecías que se registrarían para nosotros que somos testigos de su cumplimiento, el ángel dijo: “Esfuérzate y aliéntate” Daniel 10:19. Nosotros estamos por recibir la mismísima gloria que le fue revelada a Daniel, porque ella es para el pueblo de Dios en estos últimos días, a fin de que puedan dar a la trompeta un sonido certero (Mensajes selectos, t. 3, p. 446).
“Y solo yo, Daniel, vi aquella visión… y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento”. Daniel 10:7, 8. Todos los que están verdaderamente santificados tendrán una experiencia similar. Cuanto más claras sus concepciones de la grandeza, la gloria y la perfección de Cristo, más vívidamente verán su propia debilidad e imperfección. No tendrán ninguna disposición a alardear de un carácter impecable; lo que parecía correcto y amable en ellos, en contraste con la pureza y la gloria de Cristo aparecerá solamente como indigno y corruptible… Tan grande era la gloria divina revelada a Daniel que él no la pudo soportar. Entonces el mensajero del cielo veló la refulgencia de su rostro y apareció al profeta “con semejanza de hijo de hombre” versículo 16. Por medio de su poder divino fortaleció a este hombre de integridad y de fe, para escuchar el mensaje enviado a él de parte de Dios. Cuando los hombres se hallan separados de Dios, y tienen conceptos muy vagos de Cristo, entonces dicen: “Soy sin pecado; estoy santificado” (Reflejemos a Jesús, p. 90).
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
Lecciones de Escuela Sabática para Adultos
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