Notas de Elena | Lunes 1 de julio 2019 | Un mundo completo | Escuela Sabática

Lunes 1 de julio: Un mundo completo
¡Cuán hermosa era la tierra cuando salió de las manos de su Creador! Dios presentó delante del universo un mundo en el que su minuciosa mirada no pudo encontrar mancha ni error, defecto ni imperfección. Cada parte de su creación ocupó el lugar que se le asignó, respondiendo de este modo al propósito para el cual fue creada. Al igual que las piezas de una maquinaría, todo funcionaba en perfecta armonía. La paz y el regocijo santo llenaron la tierra. No había turbación ni conflicto. Ninguna enfermedad afligía al hombre ni a la bestia y el reino vegetal se manifestaba libre de mancha y corrupción. Dios contempló la obra de sus manos forjada por Cristo y declaró que todo era “bueno en gran manera” (El Cristo triunfante, p. 10).
Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera… Génesis 1:31.
Dios nos habla por medio de la naturaleza. Escuchamos su voz al contemplar la belleza y la riqueza del mundo natural. Vemos su gloria en las hermosuras trazadas por su mano. Contemplamos sus obras sin velo que las cubra. Dios nos ha dado estas cosas, para que al contemplar las obras de sus manos podamos aprender acerca de él.
El Señor nos ha concedido estas cosas preciosas como una expresión de su amor. Él ama lo bello, y para complacernos y agasajarnos ha extendido delante de nosotros las bellezas de la naturaleza, tal como un padre terrenal trata de poner cosas lindas delante de los hijos que ama. Al Señor siempre le gusta vernos contentos (Cada día con Dios, p. 239).
Es por medio del don de Cristo como recibimos toda bendición. Mediante este don se derrama sobre nosotros día tras día, sin interrupción, el raudal de la bondad de Jehová. Todas las flores, con sus delicados tintes y fragancia, nos son dadas para nuestro deleite por medio de este único don. El sol y la luna fueron hechos por él. No hay una sola estrella que embellezca el cielo que él no hiciera. Cada gota de lluvia que cae, cada rayo de luz derramado sobre nuestro ingrato mundo atestigua el amor de Dios en Cristo. Todo lo recibimos por medio del único don inefable, el unigénito Hijo de Dios (Ministerio de curación, p. 331).
El gran poder que obra por la naturaleza y sostiene todas las cosas, no es, como lo representan algunos hombres de ciencia, simplemente un principio que lo compenetra todo, una energía que actúa. Dios es espíritu; sin embargo, es un Ser personal, pues el hombre fue hecho a su imagen.
La obra de Dios en la naturaleza no es Dios mismo en la naturaleza. Las cosas de la naturaleza son una expresión del carácter de Dios; por ellas podemos comprender su amor, su poder, y su gloría; pero no hemos de considerar a la naturaleza como Dios. La habilidad artística de los seres humanos produce obras muy hermosas, cosas que deleitan el ojo, y estas cosas nos dan cierta idea del que las, diseñó; pero la cosa hecha no es el hombre. No es la obra, sino el artífice el que debe ser tenido por digno de honra. De igual manera, aunque la naturaleza es una expresión del pensamiento de Dios, ella no es lo que debe ser ensalzado, sino el Dios de la naturaleza (Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 275).
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Notas de Elena G. de White
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