Notas de Elena | Lección 3 | Preparémonos para el cambio | Escuela Sabática

Sábado 13 de abril: Preparémonos para el cambio

La justicia de Cristo va delante de nosotros. Tenemos que imitar su carácter. Y entonces., ¿qué? La gloria de Jehová será nuestra retaguardia. Nuestro Jefe va adelante de nosotros, y mientras lo seguimos nos imparte su justicia que se revela en nosotros mediante una vida bien ordenada y una piadosa conversación. La fe y las obras nos hacen cristianos, y nos preparan para sentarnos en lugares celestiales con Cristo (Cada día con Dios, p. 260).

Una vida de monotonía no es la más conducente al crecimiento espiritual. Algunos pueden alcanzar el más elevado nivel de la espiritualidad únicamente por medio de un cambio en el orden regular de las cosas. Cuando Dios ve, en su providencia, que son esenciales algunos cambios para el éxito de la formación del carácter, él perturba la plácida corriente de la vida. Cuando ve que un obrero necesita ser asociado más íntimamente con él, lo separa de sus amigos y conocidos. Cuando estaba preparando a Elías para la traslación, Dios lo llevaba de un lugar a otro, a fin de que el profeta no se asentase cómodamente en un punto, y así dejase de ganar fuerza espiritual (Obreros evangélicos, p. 284).

La presencia del Padre rodeaba a Cristo, y nada le sucedía que Dios en su infinito amor no permitiera para bendición del mundo. Esto era fuente de consuelo para Cristo, y lo es también para nosotros. El que está lleno del espíritu de Cristo vive en Cristo. Lo que le suceda viene del Salvador, que le rodea con su presencia. Nada podrá tocarle sin permiso del Señor. Todos nuestros padecimientos y tristezas, todas nuestras tentaciones y pruebas, todas nuestras pesadumbres y congojas, todas nuestras privaciones y persecuciones, todo, en una palabra, contribuye a nuestro bien. Todos los acontecimientos y circunstancias obran con Dios para nuestro bien (Ministerio de curación, p. 389).

Traiga la luz del cielo a su conversación. Hablando palabras que animan y enriquecen, usted revelará que la luz de la justicia de Cristo mora en su alma. Los niños necesitan palabras agradables. Es esencial para su felicidad sentir que la aprobación descansa sobre ellos. Luchen por superar la dureza de expresión, y cultivar tonos suaves. Capten la belleza contenida en las lecciones de la Palabra de Dios, y atesórenla como esencial para la felicidad y el éxito de su hogar. En un ambiente feliz los niños desarrollarán disposiciones dulces y luminosas.

La auténtica belleza de carácter no es algo que brilla solo en ocasiones especiales; la gracia de Cristo que mora en el alma se revela en todas las circunstancias. El que atesora esta gracia como una presencia permanente en la vida revelará belleza en el carácter tanto en circunstancias probatorias corno fáciles. En el hogar, en el mundo, en la iglesia, hemos de vivir la vida de Cristo (Reflejemos a Jesús, p. 177).

Domingo 14 de abril: Desprevenidos

El apóstol [Pablo] instó a los creyentes corintios a prestar oídos a la lección contenida en la historia de Israel… Mostró cómo el amor a la comodidad y al placer los había predispuesto para cometer los pecados que provocaron la manifiesta venganza de Dios. Fue al sentarse los hijos de Israel a comer y a beber, y al levantarse a jugar, cuando abandonaron el temor de Dios…

Las palabras de amonestación del apóstol a la iglesia de Corinto se aplican a todo tiempo, y convienen especialmente a nuestros días. Por idolatría, él no se refería solamente a la adoración de los ídolos, sino al servicio propio, al amor a la comodidad, a la complacencia de los apetitos y pasiones. Una mera profesión de fe en Cristo, un jactancioso conocimiento de la verdad, no hace cristiano a un hombre. Una religión que trata solamente de agradar a los ojos, a los oídos o al gusto, o que sanciona la complacencia propia, no es la religión de Cristo (Los hechos de los apóstoles, pp. 154, 155).

Dios no sancionó la poligamia en ningún caso. Va contra su voluntad. Sabía que destruiría la felicidad del hombre. La paz de Abrahán fue malograda en gran medida gracias a su infeliz unión con Agar…

Si Abrahán y Sara hubieran esperado con fe inconmovible el cumplimiento de la promesa de que tendrían un hijo, se habrían evitado muchos sinsabores. Creían que las cosas sucederían como Dios las había prometido, pero no podían creer que Sara, a su edad, pudiera tener un hijo. Ella sugirió un plan por medio del cual creía que se podría cumplir la promesa de Dios. Suplicó al patriarca que tomara a Agar por esposa. En esto ambos manifestaron falta de fe y perfecta confianza en el poder divino. Al escuchar la voz de Sara y al tomar a Agar como esposa, Abrahán no soportó la prueba de su fe en el ilimitado poder de Dios, y acarreó mucha infelicidad sobre Sara y sobre sí mismo. El Señor quería probar la firmeza de la fe y la confianza del patriarca en sus promesas (La historia de la redención, pp. 78, 79).

 Cristo mismo nos presenta el peligro que nos acecha. Él conocía los riesgos que encontraríamos en estos postreros días y quería que nos preparásemos. “Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre”. Mateo 24:37. Comían y bebían, plantaban y edificaban, se casaban y se daban en matrimonio, y no conocieron hasta el día que Noé entró en el arca y el diluvio vino y los barrió a todos. El día de Dios encontrará a los hombres absortos igualmente en los negocios y placeres del mundo, en banquetes y glotonerías, y en la complacencia [de apetitos] pervertido[s]…

Creer en la próxima venida del Hijo del Hombre en las nubes de los cielos no inducirá a los verdaderos cristianos a ser descuidados y negligentes en los asuntos comunes de la vida. Los que aguardan la pronta aparición de Cristo no estarán ociosos. Al contrario, serán diligentes en sus asuntos. No trabajarán con negligencia y falta de honradez, sino con fidelidad, presteza y esmero (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 303, 304).

Lunes 15 de abril: Preparación para el matrimonio

Algunos de nosotros tenemos temperamento nervioso, y somos rápidos como un relámpago para pensar y obrar; pero no crea nadie que no puede aprender a ser paciente. La paciencia es una planta que crecerá rápidamente si se cultiva con esmero. Al conocernos cabalmente a nosotros mismos, y combinando nuestra firme decisión con la gracia de Dios, podremos ser vencedores y llegar a la perfección en todas las cosas sin que nada nos falte. La paciencia derrama el bálsamo de la paz y el amor en los acontecimientos de la vida hogareña…

La paciencia buscará unidad en la iglesia, la familia y la sociedad. Debemos fundir esta virtud en nuestra vida (Mi vida hoy, p. 100).

Las palabras bondadosas, alegres y alentadoras resultarán mucho más eficaces que las medicinas más poderosas. Infundirán ánimo al corazón de la abatida y desanimada esposa, y la alegría infundida a la familia por los actos y las palabras de bondad, recompensará diez veces el esfuerzo hecho. El esposo debiera recordar que gran parte de la carga de educar a sus hijos recae sobre la madre, y que ella ejerce una gran influencia para modelar sus mentes. Esto debe inducirle a manifestar los sentimientos más tiernos, y a aliviar con solicitud sus cargas. Debe alentarla a apoyarse en su afecto, y a dirigir sus pensamientos hacia el cielo, donde hay fuerza, paz y descanso final para los cansados. No debe volver a la casa con la frente ceñuda, sino que su presencia debiera brindar alegría a la familia y estimular a la esposa a mirar hacia arriba y creer en Dios. Unidos, pueden aferrarse a las promesas de Dios y atraer su rica bendición sobre la familia. La falta de bondad, el espíritu de queja y la ira, apartan a Jesús de la morada. Vi que los ángeles de Dios huirán de una casa donde se pronuncian palabras desagradables y se manifiesta inquietud y disensión (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 276).

Es mucho más seguro conducirse reflexivamente en estos asuntos. Tómese suficiente tiempo para observar cada punto, y no confíe en su propio juicio, sino más bien permita que su madre, que lo ama, su padre y los amigos confidentes ponderen a la persona hacia la cual se siente inclinado. No confíe en su juicio, tampoco se case con alguien que usted sabe que no será una honra para sus padres, [sino] con alguien que revele inteligencia, que posea valor moral. La joven que ofrece sus afectos a un hombre y llama su atención por medio de avances amorosos, rondando por donde pueda para ser vista por él, no es la joven con la cual usted debe asociarse, a menos que usted sea un hombre rudo…

Sería mucho mejor no casarse que hacerlo infortunadamente. Busque el consejo de Dios en todos estos asuntos. Actúe con calma y sea sumiso a la voluntad de Dios con el fin de no entrar en un estado febril de excitación que, por sus ataduras, lo descalifique para su servicio (Testimonios acerca de la conducta sexual, adulterio y divorcio, pp. 25, 26).

Martes 16 de abril: Preparación para la paternidad

[La] madre [de Jesús] fue su primera maestra humana. De sus labios y de los pergaminos de los profetas, aprendió las cosas celestiales. Vivió en un hogar de campesino, fiel y alegremente cumpliendo su parte de los deberes hogareños… [Él] era un siervo dispuesto, un hijo amante y obediente. Aprendió un oficio y con sus propias manos trabajaba en el taller de carpintero con José. Vestido con el traje sencillo de un jornalero común caminaba por las calles del pequeño pueblo, yendo y viniendo de su humilde empleo.

Recibió su educación de fuentes celestiales, por medio del trabajo útil, el estudio de las Escrituras y de la naturaleza, y de las experiencias de la vida: los libros de texto de Dios, llenos de instrucción para todos los que se allegan a ellos con corazones dispuestos, con discernimiento y espíritu de entendimiento (Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 234).

Ana consagró a Samuel al Señor, y Dios se le reveló a él en su niñez y juventud. Debemos trabajar mucho más por nuestros niños y jóvenes, pues Dios los aceptará para que hagan grandes cosas en su nombre… Él desea que los niños le sirvan con un afecto indiviso.

Padres, hay una gran obra que debéis hacer para Jesús, quien ha hecho todo por vosotros. Tomadlo como a vuestro guía y ayudador. Dios no ha retenido de vosotros el máximo don que tenía para dar: su Hijo unigénito. Los niños y jóvenes no deben ser estorbados en su aproximación a Jesús. Satanás trata de aprisionar a los niños como con cintas de acero, y podréis tener éxito en llevarlos a Jesús solo mediante decididos esfuerzos personales. Debiera prodigarse más ferviente labor a los niños y a los jóvenes, pues son la esperanza de la iglesia. José, Daniel y sus compañeros, Samuel, David, Juan y Timoteo son brillantes ejemplos que testifican del hecho de que “el temor de Jehová es el principio de la sabiduría”. Proverbios 9:10 (Mensajes selectos, t. 1, p. 374).

La madre debe sentir la necesidad de la dirección del Espíritu Santo, sentir que ella misma debe experimentar verdadera sumisión a los caminos y a la voluntad de Dios. Entonces, por la gracia de Cristo, puede ser una maestra sabia, bondadosa y amante. Para hacer debidamente su obra, se requieren de ella talento, habilidad, paciencia, cuidado reflexivo, desconfianza propia y oración ferviente. Procure cada madre cumplir sus obligaciones por esfuerzo perseverante. Lleve a sus pequeñuelos en los brazos de la fe a los pies de Jesús, y cuéntele su gran necesidad y pídale sabiduría y gracia. Fervorosa, paciente y valientemente, ella debe procurar mejorar su propia capacidad, a fin de usar correctamente las más altas potencias de la mente en la educación de sus hijos.

Como gobernantes unidos del reino del hogar, sientan el padre y la madre bondad y cortesía el uno hacia el otro. Nunca debe su comportamiento militar contra los preceptos que procuran inculcar. Deben conservar la pureza del corazón y la vida si quieren que sus hijos sean puros. Deben educar y disciplinar el yo si quieren que sus hijos se sometan a la disciplina. Deben dar a sus hijos un ejemplo digno de imitación (Consejos para los maestros, p. 122).

Miércoles 17 de abril: Preparación para la vejez

La infinita misericordia y el amor de Jesús, el sacrificio hecho en nuestro favor, demandan de nosotros la más seria y solemne reflexión. Debemos espaciarnos en el carácter de nuestro querido Redentor e intercesor. Debemos meditar en la misión de Aquel que vino a salvar a su pueblo de sus pecados. Cuando contemplemos así los asuntos celestiales, nuestra fe y amor serán más fuertes y nuestras oraciones más aceptables a Dios, porque se elevarán acompañadas de más fe y amor. Serán inteligentes y fervorosas. Habrá una confianza constante en Jesús y una experiencia viva y diaria en su poder de salvar completamente a todos los que van a Dios por medio de él.

Mientras meditemos en la perfección del Salvador desearemos ser enteramente transformados y renovados conforme a la imagen de su pureza. Nuestra alma tendrá hambre y sed de llegar a ser como Aquel a quien adoramos. Cuanto más concentremos nuestros pensamientos en Cristo, más hablaremos de él a otros y mejor le representaremos ante el mundo (El camino a Cristo, p. 89).

Si queremos desarrollar un carácter que Dios pueda aceptar, debemos formar hábitos correctos en nuestra vida religiosa. La oración diaria es algo esencial para el crecimiento en la gracia, aun para la vida espiritual misma, como lo es el alimento temporal para el bienestar físico. Debernos acostumbrarnos a elevar los pensamientos a menudo a Dios en oración. Si la mente vagabundea, debemos volverla de nuevo; por un esfuerzo perseverante, el hábito por fin se impone como algo fácil. No podemos, por un solo momento, separarnos de Cristo con seguridad. Podemos tener su presencia para asistirnos en cada uno de nuestros pasos, pero únicamente al observar las condiciones que él mismo ha establecido.

La religión debe convertirse en la gran ocupación de la vida. Cualquier otra cosa debe ser considerada como subordinada. Toda; nuestras facultades, nuestra alma, cuerpo y espíritu, deben empeñarse’ en la guerra cristiana. Debemos mirar a Cristo para obtener fortaleza y gracia, y ganaremos la victoria tan seguramente como lo hizo Jesús por nosotros (La edificación del carácter, p. 92).

Jesús [dice]: Así como me confesasteis delante de los hombres, os confesaré delante de Dios y de los santos ángeles. Habéis de ser mis testigos en la tierra, conductos por los cuales pueda fluir mi gracia para sanar al mundo. Así también seré vuestro representante en el cielo. El Padre no considera vuestro carácter deficiente, sino que os ve revestidos de mi perfección. Soy el medio por el cual os llegarán las bendiciones del Cielo. Todo aquel que me confiesa participando de mi sacrificio por los perdidos, será confesado como participante en la gloria y en el gozo de los redimidos.

El que quiera confesar a Cristo debe tener a Cristo en sí. No puede comunicar lo que no recibió. Los discípulos podían hablar fácilmente de las doctrinas, podían repetir las palabras de Cristo mismo; pero a menos que poseyeran una mansedumbre y un amor como los de Cristo, no le estaban confesando…

La misión de los siervos de Cristo es un alto honor y un cometido sagrado (El Deseado de todas las gentes, pp. 323, 324).

Jueves 18 de abril: Preparación para la muerte

[E]l carácter que adquiráis durante el tiempo de gracia será el carácter que tendréis cuando venga Cristo. Si queréis ser santos en el cielo, debéis ser santos primero en la tierra. Los rasgos de carácter que cultivéis en la vida no serán cambiados por la muerte ni por la resurrección. Saldréis de la tumba con la misma disposición que manifestasteis en vuestro hogar y en la sociedad. Jesús no cambia nuestro carácter al venir. La obra de transformación debe hacerse ahora. Nuestra vida diaria determina nuestro destino (El hogar cristiano, p. 12).

Cuando vi a mi esposo exhalar el último suspiro, sentí que Jesús era más precioso para mí que en ningún momento anterior de mi vida… cuando aquel sobre el cual se habían apoyado mis grandes afectos, aquel con quien había trabajado por 35 años, me fue arrebatado, pude poner mis manos sobre sus ojos y decir: “Te encomiendo mi tesoro, oh Señor, hasta la mañana de la resurrección”…

A veces me parecía que no podría soportar la muerte de mi esposo. Pero estas palabras parecían impresionar mi mente: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”. Salmos 46:10. Siento hondamente la pérdida, pero no me atrevo a entregarme a una congoja inútil. Esto no traería de regreso al muerto. Y no soy tan egoísta que, aunque pudiera hacerlo, lo sacara de su pacífico sueño para que de nuevo se empeñara en las batallas de la vida. Como un cansado guerrero, se acostó a descansar. Miraré con placer su lugar de reposo. La mejor manera en que yo y mis hijos podemos honrar la memoria del que ha caído es asumir la obra que él dejó y, con el poder de Jesús, llevarla hasta su terminación. Estaremos agradecidos por los años de utilidad que se nos han concedido; y por causa de mi esposo, y por causa de Cristo, aprenderemos de su muerte una lección que nunca olvidaremos. Permitiremos que esta aflicción nos haga más bondadosos y amables, más tolerantes, pacientes y considerados hacia los que viven (Notas biográficas de Elena G. de White, pp. 179, 280).

La obra pública de David estaba por terminar. Sabía que moriría pronto, y no dejó en desorden sus asuntos, lo que hubiera perturbado el ánimo de su hijo, sino que mientras tuvo suficiente vigor físico y mental arregló los asuntos de su reino, aun los más pequeños… Al arreglar sus asuntos David dio un buen ejemplo a todos los de edad avanzada, para que dispongan de sus asuntos mientras son capaces de hacerlo, de modo que cuando se acerquen a la muerte y disminuyan sus facultades mentales no haya nada material que aparte su mente de Dios (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 2, pp. 1018, 1019).

Viernes 19 de abril: Para estudiar y meditar

Cada día con Dios, “Una constante comunión con Dios”, p. 115.

El camino a Cristo, “Los dos lenguajes de la providencia”, pp. 85-91.

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Lección Escrita

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