Notas de Elena | Lección 2 | Las decisiones que tomamos | Escuela Sabática

Sábado 6 de abril: Las decisiones que tomamos

La voluntad es el poder que gobierna en la naturaleza del hombre, el poder de decisión o elección. Todo ser humano que razone tiene la facultad de escoger lo recto. En toda vicisitud de la vida la Palabra de Dios nos dice: “Escogeos hoy a quién sirváis”. [Joshua 24:15]. Todos pueden poner su voluntad de parte de la de Dios, escoger obedecerle y así, al relacionarse con los instrumentos divinos, mantenerse donde nada pueda forzarlos a hacer mal (La educación, p. 289).

En nuestro mundo existen dos clases. Una de ellas está compuesta por aquellos que contemplan a un Salvador crucificado y resucitado. La otra incluye a todos aquellos que han elegido el alejar su mirada de la cruz y seguir las indicaciones de las influencias satánicas. Esta última clase está ocupadísima en colocar tropiezos delante del pueblo de Dios para inducirlo a caer, y alejarlo del camino de la obediencia, hacia la senda de la desobediencia y la muerte…

Es tiempo de que cada uno de nosotros decida de qué lado estamos. Los instrumentos satánicos trabajarán con toda mente que se preste a ello. Pero también hay instrumentos celestiales, que esperan comunicar los brillantes rayos de la gloria de Dios a todos los que están ansiosos de recibirlos.

A nosotros nos toca decidir si seremos contados entre los seguido-res de Cristo, o los siervos de Satanás. Cada día demostramos, mediante nuestra conducta, al servicio de quién hemos elegido estar (Nuestra elevada vocación, p. 17).

A veces nos equivocamos, pero si vemos nuestros errores y los confesamos. Dios es justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda iniquidad. Nuestros fracasos no debieran desalentarnos, sino que debieran ser transformados en victorias. Es privilegio tuyo escoger hoy a quién vas a servir.

Tienes a tu alcance posibilidades más que finitas. Si te ligas a Dios, y te vuelves a él con completa decisión de alma, él aceptará al pródigo.

Haz tu decisión para siempre y por la eternidad. No dejes que ningún instrumento humano te quite tu alma. Nadie puede pagar el rescate de tu alma. Jesús ya lo hizo. ¿Serás indiferente a tal amor?… Nuevamente digo: “Ven”. Jesús te invita; todo el Cielo dice: “Ven” (Alza tus ojos, p. 343).

La historia de las naciones nos habla a nosotros hoy. Dios asignó a cada nación e individuo un lugar en su gran plan. Hoy los hombres y las naciones son probados por la plomada que está en la mano de Aquel que no comete error. Por su propia elección, cada uno decide su destino (Profetas y reyes, p. 393).

Domingo 7 de abril: El libre albedrío y la libertad de elección

Cada actor de la historia está en su puesto y su lugar, pues la gran obra de Dios, de acuerdo con su propio plan, será hecha por hombres que se han preparado para ocupar puestos para bien o para mal. Cuando los hombres se oponen a la justicia se convierten en instrumentos de injusticia; pero no están obligados a tomar este curso de acción. No tienen por qué convertirse en instrumentos de injusticia, como tampoco Caín estuvo obligado a serlo.

Los hombres están libres para actuar de acuerdo a su propia voluntad, ya sea con el carácter colocado bajo la influencia divina o colocado bajo el régimen cruel de Satanás (The Faith 1 Live By, p. 155; parcialmente en Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1079).

Somos hechura de Dios y su Palabra declara que somos “asombrosa y maravillosamente” formados. Ha preparado esta habitación viviente para la mente; la ha “entretejido maestramente” como un templo que el Señor mismo ha preparado para la morada de su Espíritu Santo. La mente rige a todo el hombre. Todos nuestros hechos, buenos o malos, tienen su origen en la mente. Es ella la que adora a Dios y nos une con los seres celestiales. Sin embargo, muchos pasan toda su vida sin adquirir inteligencia en cuanto al estuche [el cuerpo humano] que contiene este tesoro (Conducción del niño, p. 338).

Lo que debéis entender es la verdadera fuerza de la voluntad. Esta es el poder gobernante en la naturaleza del hombre, la facultad de decidir o escoger. Todo depende de la correcta acción de la voluntad. Dios dio a los hombres el poder de elegir; a ellos les toca ejercerlo. No podéis cambiar vuestro corazón, ni dar por vosotros mismos sus afectos a Dios; pero podéis escoger servirle. Podéis darle vuestra voluntad, para que él obre en vosotros tanto el querer como el hacer, según su voluntad. De ese modo vuestra naturaleza entera estará bajo el dominio del Espíritu de Cristo, vuestros afectos se concentrarán en él y vuestros pensamientos se pondrán en armonía con él.

Desear ser bondadosos y santos es rectísimo; pero si no pasáis de esto, de nada os valdrá. Muchos se perderán esperando y deseando ser cristianos. No llegan al punto de dar su voluntad a Dios. No deciden ser cristianos ahora (El camino a Cristo, pp. 47, 48).

La ley [del amor] constituye el fundamento de su gobierno, y el servicio de amor el único servicio aceptable para el cielo. Dios ha concedido libertad de acción a todos, ha dotado a los hombres de capacidad para apreciar su carácter, y por lo tanto de habilidad para amarlo y elegir su servicio. Mientras los seres creados adoraron a Dios, estuvieron en armonía en todo el universo. Mientras el amor a Dios reinó supremo, abundó el amor por los demás. Como no había transgresión de la ley, que es un trasunto del carácter de Dios, ninguna nota de discordia per-turbaba las armonías celestiales (A fin de conocerle, p. 368).

Lunes 8 de abril: Cómo tomar decisiones acertadas

En una vida completamente dedicada al beneficio ajeno, el Salvador hallaba necesario retirarse de los caminos muy transitados y de las muchedumbres que le seguían día tras día. Debía apartarse de una vida de incesante actividad y contacto con las necesidades humanas, para buscar retraimiento y comunión directa con su Padre. Como uno de nosotros, participante de nuestras necesidades y debilidades, dependía enteramente de Dios, y en el lugar secreto de oración, buscaba fuerza divina, a fin de salir fortalecido para hacer frente a los deberes y las pruebas. En un mundo de pecado, Jesús soportó luchas y torturas del alma. En la comunión con Dios, podía descargarse de los pesares que le abrumaban. Allí encontraba consuelo y gozo.

En Cristo el clamor de la humanidad llegaba al Padre de compasión infinita. Como hombre, suplicaba al trono de Dios, hasta que su humanidad se cargaba de una corriente celestial que conectaba a la humanidad con la divinidad. Por medio de la comunión continua, recibía vida de Dios a fin de impartirla al mundo. Su experiencia ha de ser la nuestra (El Deseado de todas las gentes, p. 330).

Cuando no piensan en Dios ni le veneran… como su consejero y su fuerte torre de defensa, ¡cuán pronto los pensamientos seculares y la perversa incredulidad penetran en su vida y la vana confianza y la filosofía acuden a reemplazar la fe humilde y confiada! Con frecuencia se estiman las tentaciones como la voz del verdadero Pastor, porque los hombres se han separado de Jesús. No pueden estar seguros un momento, a menos que alberguen buenos principios en el corazón, y los apliquen en toda transacción comercial.

“Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada”. Santiago 1:5. Esta promesa es de más valor que el oro o la plata. Si con corazón humilde buscamos la dirección divina en toda dificultad y perplejidad, tenemos la promesa de su Palabra de que obtendremos misericordiosa respuesta. Y su palabra nunca faltará. El cielo y la tierra pasarán, pero su palabra nunca pasará. Confiemos en el Señor, y nunca seremos confundidos o avergonzados. “Mejor es esperar en Jehová que esperar en hombre. Mejor es esperar en Jehová que esperar en príncipes”. Salmos 118:8, 9 (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 402, 403).

En la Palabra hallamos amonestaciones y promesas sustentadas por Dios. Se nos invita a escudriñar esta Palabra para hallar ayuda cuando nos vemos en situaciones difíciles. Si no consultamos la Guía a cada paso, preguntando: ¿Es éste el camino del Señor? nuestras palabras y acciones se mancharán de egoísmo. Olvidaremos a Dios, y andaremos por caminos que él no escogió para nosotros.

La Palabra de Dios rebosa de preciosas promesas y consejos útiles. Es infalible, porque Dios no puede equivocarse. Brinda ayuda en cualquier circunstancia y situación de la vida; y Dios observa con tristeza cuando sus hijos se apartan de ella para recurrir a la ayuda humana (Mi vida hoy, p. 27).

Martes 9 de abril: La elección de las amistades

No hay nada en nosotros mismos por lo cual podamos ejercer sobre otros influencia para bien. Al comprender nuestra impotencia y nuestra necesidad del poder divino, no confiaremos en nosotros mismos… Cuando inconscientemente estamos en peligro de ejercer una mala influencia, los ángeles estarán a nuestro lado, induciéndonos a un mejor proceder, escogiendo las palabras por nosotros, e influyendo en nuestras acciones. En esta forma, nuestra influencia puede llegar a ser un gran poder, aunque silencioso e inconsciente, para llevar a otros a Cristo y al mundo celestial.

La influencia personal es un poder. Debe obrar con la influencia de Cristo, elevar donde Cristo eleva, impartir los principios correctos y detener el progreso de la corrupción del mundo. Debe difundir la gracia que únicamente Cristo puede impartir. Debe elevar y endulzar las vidas y los caracteres de otros por medio del poder de un ejemplo puro unido con fe y amor sinceros (God’s Amazing Grace, p. 272; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, p. 272).

Por regla general, los que eligen como sus amigos y compañeros a personas que rechazan a Cristo y pisotean la ley de Dios finalmente llegan a participar de la misma mente y del mismo espíritu. Debiéramos sentir siempre un profundo interés en la salvación de los impenitentes y se les debiera manifestar un espíritu de bondad y cortesía; pero solo estaremos seguros eligiendo como nuestros amigos a los que son los amigos de Dios (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. 2, p. 994).

Jonatán, que por nacimiento era heredero del trono, sabía que había sido privado de él por decreto divino; sin embargo, fue el más tierno y fiel amigo de David, su rival, y lo protegió a riesgo de su vida; fue fiel a su padre durante los días sombríos de la decadencia de su poder, y cayó al fin a su lado. El nombre de Jonatán está atesorado en el cielo, y en la tierra es un testigo de la existencia y el poder del amor abnegado (La educación, p. 157).

Para todos, las cosas van mal de vez en cuando; la tristeza y el desánimo oprimen a toda alma. Entonces una presencia personal, un amigo que consuele e imparta fortaleza, desvía los dardos del enemigo que estaban destinados a destruir. No existe ni la mitad de los amigos cristianos que debiera haber. En horas de tentación, en una crisis, ¡de qué valor es un verdadero amigo! En esos momentos Satanás envía sus instrumentos para que los pies vacilantes tropiecen; pero los verdaderos amigos dispuestos a aconsejar impartirán una atractiva esperanza, la fe tranquilizadora que eleva al alma. ¡Oh, tal ayuda es de más valor que las perlas preciosas! …

Un apretón de manos enérgico y servicial de un verdadero amigo tiene más valor que el oro y la plata (Hijos e hijas de Dios, p. 163).

Miércoles 10 de abril: La elección del compañero de la vida

Uno de los mayores peligros que acosan al pueblo de Dios hoy día es la asociación con los impíos, especialmente al unirse en casamiento con los incrédulos. En el caso de muchos, el amor por lo humano eclipsa el amor por lo divino; dan el primer paso en la apostasía al atreverse a desobedecer la orden expresa del Señor, y con demasiada frecuencia el resultado es una apostasía completa. Siempre ha demostrado ser peligroso que los hombres lleven a cabo su propia voluntad en oposición a los requerimientos de Dios; sin embargo, es una lección que es difícil que los hombres aprendan: que Dios cumple lo que dice (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 2, p. 994).

Si hay un asunto que debe ser considerado con juicio sereno y sin apasionamiento, es el del matrimonio. Si alguna vez se necesita la Biblia como consejera, es antes de dar el paso que une a las personas para toda la vida. Pero el sentimiento que prevalece es que en este asunto uno se ha de guiar por las emociones, y en demasiados casos un sentimentalismo amoroso enfermizo empuña el timón y conduce a una ruina segura… La cuestión del matrimonio parece ejercer un poder hechizador sobre ellos. No se someten a Dios. Sus sentidos están encadenados, y obran sigilosamente, como si temiesen que alguien quisiese intervenir en sus planes (El hogar cristiano, p. 60).

Sobre esta roca han naufragado muchas almas. En esto cometen terribles errores aun personas que se dicen cristianas, cuya vida se distingue por su integridad, y que parecen sensatas en todo otro asunto. Revelan una voluntad obstinada que ningún razonamiento puede cambiar. Se quedan tan fascinados por sentimientos e impulsos humanos que no tienen deseo de escudriñar la Biblia ni de estrechar su relación con Dios (El hogar cristiano, p. 49).

El sermón que en el monte pronunció nuestro Salvador contiene instrucciones inestimables para ancianos y jóvenes. Debiera leérselo a menudo en el círculo familiar y debieran ponerse en práctica sus preciosas enseñanzas en la vida diaria. La regla de oro: “Todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos”, juntamente con la recomendación apostólica de vivir “prefiriendo cada cual al otro”, deben constituir la ley de la familia. Quienes cultiven el espíritu de Cristo manifestarán cortesía en la casa y un espíritu de benevolencia aun en las cosas pequeñas. Constantemente procurarán hacer felices a cuantos los rodeen, olvidándose de sí mismos mientras hacen a los demás objeto de sus bondadosas atenciones. Tal es el fruto que crece en el árbol cristiano.

La regla de oro es el principio de la cortesía verdadera cuya ilustra-ción más exacta se ve en la vida y el carácter de Jesús. ¡Oh, qué rayos de amabilidad y belleza se desprendían de la vida diaria de nuestro Salvador! ¡Qué dulzura emanaba de su misma presencia! El mismo espíritu se revelará en sus hijos. Aquellos con quienes more Cristo serán rodeados de una atmósfera divina. Sus blancas vestiduras de pureza difundirán la fragancia del jardín del Señor. Sus rostros reflejarán la luz de su semblante, que iluminará la senda para los pies cansados e inseguros (El hogar cristiano, p. 384).

Jueves 11 de abril: La elección de una carrera

Dios quería que el hombre hallase felicidad en su ocupación: el cuidado de las cosas que había creado, y que sus necesidades fuesen suplidas por los frutos de los árboles que había en el huerto.

A Adán fue dada la obra de cuidar el jardín. El Creador sabía que Adán no podía ser feliz sin ocupación. La belleza del huerto le deleitaba, pero esto no bastaba. Debía tener trabajo que diera ejercicio a los admirables órganos de su cuerpo. Si la dicha hubiese consistido en estarse sin hacer nada, el hombre, en su estado de inocencia, habría sido dejado sin ocupación. Pero el que creó al hombre sabía qué le con-venía para ser feliz; y tan pronto como lo creó le asignó su trabajo. La promesa de la gloria futura y el decreto de que el hombre debe trabajar para obtener su pan cotidiano provinieron del mismo trono (El hogar cristiano, p. 23).

Necesitamos en este país colegios para educar a niños y jóvenes, a fin de que sean amos del trabajo y no esclavos de él… Repare el trabajador en el beneficio que puede obtener en la ocupación más humilde haciendo uso de la capacidad que Dios le ha dado como un don. De este modo puede llegar a ser un educador que enseñe a otros el arte de trabajar inteligentemente. Puede comprender lo que quiere decir amar a Dios con el corazón, el alma, la mente y la fuerza. Las facultades físicas han de ponerse al servicio como resultado del amor hacia Dios. El Señor quiere la fuerza física; vosotros podéis revelar vuestro amor hacia él por el empleo debido de vuestras facultades físicas, haciendo precisamente el trabajo que es menester hacer. No hay acepción de personas para con Dios…

Hay en el mundo una gran cantidad de trabajo penoso y abrumador que hacer, y aquel que trabaja sin poner en acción las facultades de la mente, del corazón y del alma, dadas por Dios, y emplea solo la fuerza física, hace del trabajo una fatigosa carga. Hay hombres con mente, corazón y alma que consideran el trabajo como una actividad baja y tediosa y se entregan a él con resignada ignorancia, haciendo las cosas sin ganas, sin esforzar las aptitudes mentales para hacer mejor el trabajo.

Hay ciencia en las ocupaciones más humildes, y si todos lo consideraran así, verían nobleza en el trabajo. El corazón y el alma han de ponerse en cualquier clase de trabajo; entonces habrá alegría y eficiencia… Hay honra en cualquier clase de trabajo cuya ejecución sea esencial. Hágase de la ley de Dios la norma de la acción y ella ennoblecerá y santificará todo trabajo. La fidelidad en el cumplimiento de cada deber ennoblece la obra y revela un carácter que Dios puede aprobar (La educación cristiana, p. 335, 336).

Por su propia amarga experiencia, Salomón aprendió cuán vacía es una vida dedicada a buscar las cosas terrenales como el bien más eleva-do. Erigió altares a los dioses paganos, pero fue tan solo para compro-bar cuán vana es su promesa de dar descanso al espíritu. Pensamientos lóbregos le acosaban día y noche. Para él ya no había gozo en la vida ni paz espiritual, y el futuro se le anunciaba sombrío y desesperado.

Sin embargo, el Señor no le abandonó. Mediante mensajes de reprensión y castigos severos, procuró despertar al rey y hacerle comprender cuán pecaminosa era su conducta…

Salomón sintió los reproches de su conciencia y empezó a ver lo que verdaderamente significaba su locura. Afligido en su espíritu, y teniendo la mente y el cuerpo debilitados, se apartó cansado y sediento de las cisternas rotas de la tierra, para beber nuevamente en la fuente de la vida… No podía esperar que escaparía a los resultados agostadores del pecado; no podría nunca librar su espíritu de todo recuerdo de la conducta egoísta que había seguido; pero se esforzaría fervientemente por disuadir a otros de entregarse a la insensatez (Conflicto y valor, p. 196).

Viernes 12 de abril: Para estudiar y meditar

El Deseado de todas las gentes, “Una cosa te falta”, pp. 477-480.

Mensajes selectos, t. 1, “Un cielo que ganar”, pp. 112.

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