Notas de Elena | Domingo 26 de julio del 2020 | Jesús y la promesa del Espíritu Santo | Escuela Sabática

Domingo 26 de julio:

Jesús y la promesa del Espíritu Santo
Que Cristo se manifestaría a ellos, y sin embargo sería invisible al mundo, era un misterio para los discípulos. No podían entender las palabras de Cristo en su sentido espiritual. Estaban pensando en la manifestación exterior, visible. No podían entender el hecho de que ellos pudieran tener la presencia de Cristo con ellos, y que no obstante fuera invisible al mundo. No entendían el significado de una manifestación espiritual…
La promesa del Consolador les presentaba una rica verdad. Les aseguraba que no perderían su fe bajo las circunstancias más difíciles. El Espíritu Santo, enviado en el nombre de Cristo, iba a enseñarles todas las cosas, y traería todas las cosas a su memoria. El Espíritu Santo era el representante de Cristo, el Abogado que está constantemente intercediendo por la raza caída. El ruega porque pueda serles dado el poder espiritual, para que mediante el poder de Uno que es más poderoso que todos los enemigos de Dios y del hombre, pudieran vencer a sus enemigos espirituales (Reflejemos a Jesús, p. 121).
Al congregarse [los discípulos] después de la ascensión, estaban ansiosos de presentar sus peticiones al Padre en el nombre de Jesús. Con solemne reverencia se postraron en oración repitiendo la promesa: “Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre: pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo”. Juan 16:23, 24. Extendieron cada vez más alto la mano de la fe presentando este poderoso argumento: “¡Cristo Jesús es el que murió; más aún, el que fue levantado de entre los muertos; el que está a la diestra de Dios; el que también intercede por nosotros! Romanos 8:34.
El día de Pentecostés les trajo la presencia del Consolador, de quien Cristo había dicho: “Estará en vosotros”. Les había dicho, además: “Os conviene que yo vaya; porque si no me fuere, el Consolador no vendrá a vosotros; mas si me fuere, os le enviaré”. Juan 14:17; 16:7. Y desde aquel día, mediante el Espíritu, Cristo iba a morar continuamente en el corazón de sus hijos. Su unión con ellos sería más estrecha que cuando estaba personalmente con ellos. La luz, el amor y el poder de la presencia de Cristo resplandecían de tal manera por medio de ellos que los hombres, al mirarlos, “se maravillaban; y al fin los reconocían, que eran de los que habían estado con Jesús”. Hechos 4:13 (El camino a Cristo, pp. 74, 75).
El Espíritu Santo proporciona poder y capacita al hombre para vencer. El gobierno de Satanás debe ser subyugado mediante el poder del Espíritu. Es el Espíritu el que convence de pecado, y quien, con el consentimiento del ser humano, expele el pecado del corazón. La mente, entonces, es puesta bajo una nueva ley: la ley real de la libertad (Nuestra elevada vocación, p. 154).
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NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
ESCUELA SABÁTICA
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