Lección 8 | Lunes 16 de noviembre del 2020 | Jesús como Maestro | Escuela Sabática Adultos

Lunes 16 de noviembre
JESÚS COMO MAESTRO
La Biblia utiliza muchos términos para describir a Jesús. Él es el Hijo de Dios, el Mesías, el Hijo del Hombre, el Salvador, el Redentor, el Señor, el Cordero de Dios, por mencionar tan solo algunos. Pero, para quienes lo conocieron mejor durante sus más de tres años de ministerio público en Judea y Galilea, era un Maestro. Lo llamaban “Maestro”, o “Rabí”. Ambos significan lo mismo, a saber, “Maestro”.
Por lo tanto, la profesión docente y la obra de enseñanza debieron haber sido una forma particularmente adecuada para que Jesús llevara a cabo su ministerio público. De alguna manera, su obra de redención es similar a la obra de enseñanza. Es más, el profeta evangélico lo predijo.
Lee Isaías 11:1 al 9. ¿Qué revela sobre la función docente de Jesús?
Una de las profecías mesiánicas más sorprendentes en las Escrituras se encuentra en Isaías 11. Los versículos 1 al 3 retratan al Mesías venidero en términos educativos, alguien que aporta conocimiento, consejos, sabiduría y entendimiento. Todo el pasaje concluye con esta notable promesa: “La tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Isa. 11:9). Quizás esas enseñanzas de las Escrituras hayan sido las que inspiraron a Elena de White, en su libro sobre la educación, a señalar que la obra de la educación y la obra de la redención son una (ver Ed 30).
Lee Juan 3:1 al 3. Nicodemo se dirigió a Jesús como un rabino, y además identificó que los dones de enseñanza de Jesús provenían de Dios, debido a las señales que Jesús realizó: sus milagros y sus revelaciones sobre el significado de la vida. Indudablemente, Jesús reconoció el origen de sus dones de enseñanza (si bien no el título que este le dio) cuando respondió a Nicodemo que debía nacer de nuevo para ver (comprender y entrar en) el Reino de Dios. Esto significa que la autoridad para enseñar a los demás, incluso en el caso de Jesús, proviene de Dios.
Sin duda, la enseñanza es un don de Dios. Es encomendado por Dios, fue adoptado por Jesús, y quienes reciben la enseñanza reconocen que tiene autoridad divina.
¿Cuál es nuestro papel al observar el cumplimiento de esta profecía en cuanto al conocimiento del Señor que se esparce por todo el mundo?
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