Lección 3 | Jueves 16 de enero del 2020 | La piedra | Escuela Sabática Adultos

Jueves 16 de enero
LA PIEDRA
Lee Daniel 2:34, 35, 44 y 45. ¿Qué nos enseñan estos versículos sobre el destino final de nuestro mundo?
El énfasis del sueño está en lo que sucederá en los “postreros días” (Dan. 2:28). Por más poderosos y ricos que hayan sido, los reinos de metal (y de barro) no son más que un preludio del establecimiento del reino de piedra. Mientras que en cierta medida los metales y el barro cocido pueden ser productos de fabricación humana, ninguna mano humana toca la piedra del sueño. En otras palabras, aunque cada uno de los reinos anteriores oportunamente llegue a su fin, el reino representado por la piedra durará para siempre. Por ende, la metáfora de la roca a menudo simboliza a Dios (p. ej.: Deut. 32:4; 1 Sam. 2:2; Sal. 18:31), y la piedra también puede ser una representación del Mesías (Sal. 118:22; 1 Ped. 2:4, 7). Por consiguiente, no hay nada más apropiado que la figura de una piedra para simbolizar el establecimiento del Reino eterno de Dios.
Algunos sostienen que el reino de piedra se creó durante el ministerio terrenal de Jesús, y que la propagación del evangelio es una indicación de que el Reino de Dios se ha apoderado del mundo entero. Sin embargo, el reino de piedra comienza a existir recién después de que los cuatro reinos principales hayan caído y la historia humana haya llegado al momento de los reinos divididos, representados por los pies y los dedos de los pies de la imagen. Este hecho descarta el cumplimiento durante el siglo I, porque el ministerio terrenal de Jesús tuvo lugar durante la hegemonía de Roma, el cuarto reino.
Pero la piedra da lugar a un monte. Es decir, “la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra” (Dan. 2:35). Un monte así nos recuerda al monte Sion, el lugar donde se encontraba el Templo, la representación concreta del reino terrenal de Dios en la época del Antiguo Testamento. Curiosamente, la piedra cortada del monte se convierte en un monte en sí mismo. Este monte, que según el texto ya existe, lo más probable es que señale a la Sion celestial, el Santuario celestial, de donde vendrá Cristo para establecer su Reino eterno. Y, en la Jerusalén que descenderá del cielo (Apoc. 21:1–22:5), este Reino encontrará su cumplimiento máximo.
Daniel 2 acertó con todos los reinos hasta ahora. ¿Por qué, entonces, es tan lógico y sabio confiar en su profecía sobre la venida del último reino, el Reino eterno de Dios? ¿Por qué es tan irracional no creer en la profecía?
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LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA
Lectura del Folleto de Adultos
Lección 3: Para el 18 de enero del 2020
DEL MISTERIO A LA REVELACIÓN
1er. Trimestre 2020
DANIEL – El libro de Daniel

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