Notas de Elena | Domingo 19 de septiembre del 2021 | Una visión del fin | Escuela Sabática

Domingo 19 de septiembre: Una visión del fin
Patmos, una isla árida y rocosa del mar Egeo, había sido escogida por las autoridades romanas para desterrar allí a los criminales; pero para el siervo de Dios esa lóbrega residencia llegó a ser la puerta del cielo. Allí, alejado de las bulliciosas actividades de la vida, y de sus intensas labores de años anteriores, disfrutó de la compañía de Dios, de Cristo y de los ángeles del cielo, y de ellos recibió instrucciones para guiar a la iglesia de todo tiempo futuro…
Entre los riscos y rocas de Patmos, Juan mantuvo comunión con su Hacedor. Repasó su vida pasada, y, al pensar en las bendiciones que había recibido, la paz llenó su corazón. Había vivido la vida de un cristiano, y podía decir con fe: “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida”. 1 Juan 3:14. No así el emperador que le había desterrado. Este podía mirar hacia atrás y ver únicamente campos de batalla y matanza, hogares desolados, viudas y huérfanos llorando: el fruto de su ambicioso deseo de preeminencia (Los hechos de los apóstoles, p. 456).
Juan invita a rememorar los maravillosos incidentes de los cuales fue testigo en la vida de Cristo. En su imaginación goza de nuevo de las preciosas oportunidades con las cuales una vez se vio favorecido, y se siente grandemente confortado. De repente su meditación se detiene; alguien le habla en tonos distintos y claros. Se da vuelta para ver de dónde viene la voz, y he aquí ¡contempla a su Señor, a quien él ha amado… Ya no es “varón de dolores, experimentado en quebranto”. Isaías 53:3…
Juan, que tanto amaba a su Señor, que se había adherido tan firmemente a la verdad pese a la prisión, los azotes y la muerte que lo amenazaba, no puede soportar la excelente gloria de la presencia de Cristo, y cae a tierra como herido de muerte. Jesús entonces coloca su mano sobre el cuerpo postrado de su siervo, diciendo: “No temas; yo soy… el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos”. Apocalipsis 1:17, 18. Juan fue fortalecido para vivir en la presencia de su glorificado Señor; y entonces se presentaron delante de él en santa visión los propósitos de Dios para las edades futuras (La edificación del carácter, p. 76).
“Jesús se acercó y les habló diciendo… he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Aquí está nuestro poder, nuestro consuelo. Por nosotros mismos no tenemos fuerza. Pero él dice:
“Estoy con vosotros todos los días”, ayudándoos a cumplir con vuestros deberes, guiándoos, confortándoos, santificándoos y sosteniéndoos, dándoos éxito en hablar palabras que llamen la atención de otros hacia Cristo y despierten en sus mentes el deseo de entender la esperanza y el significado de la verdad, volviéndolos de las tinieblas a la luz…
El transcurso del tiempo no ha cambiado la promesa que hizo al partir. Él está con nosotros hoy tan ciertamente como estuvo con los discípulos, y estará con nosotros “hasta el fin” (In Heavenly Places, p. 188; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 190).
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