Notas de Elena | Sábado 27 de octubre 2018 | La experiencia de la unidad en la Iglesia primitiva | Escuela Sabática

Sábado 27 de octubre
Cristo hizo provisión para que su iglesia fuera un cuerpo transformado, iluminado por la luz del cielo, que poseyese la gloria de Emanuel. Él quiere que todo cristiano esté rodeado de una atmósfera espiritual de luz y paz. No tiene límite la utilidad de aquel que, poniendo el yo a un lado, da lugar a que obre el Espíritu Santo en su corazón, y vive una vida completamente consagrada a Dios.
¿Cuál fue el resultado del derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés? Las buenas nuevas de un Salvador resucitado fueron proclamadas hasta los confines más remotos del mundo habitado. El corazón de los discípulos quedó sobrecargado de una benevolencia tan completa, profunda y abarcante, que los impulsó a ir hasta los confines de la tierra… Mientras proclamaban la verdad tal cual es en Jesús, los corazones cedían al poder del mensaje. La iglesia veía a los conversos acudir a ella desde todas las direcciones. Los apóstatas se volvían a convenir. Los pecadores se unían con los cristianos en la búsqueda de la perla de gran precio… Cada cristiano veía en su hermano la divina similitud del amor y la benevolencia. Un solo interés prevalecía. Un objeto de emulación absorbía a lodos los demás. La única ambición de los creyentes consistía en revelar un carácter semejante al de Cristo y trabajar para el engrandecimiento de su reino (Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 26).
Después del derramamiento del Espíritu Santo, los discípulos salieron para proclamar al Salvador resucitado, poseídos del único deseo de salvar almas. Se regocijaban en la dulzura de la comunión con los santos. Eran afectuosos, atentos, abnegados, dispuestos a hacer cualquier sacrificio en favor de la verdad. En sus relaciones cotidianas unos con otros, manifestaban el amor que Cristo les había ordenado revelar al mundo. Por sus palabras y sus acciones desinteresadas, se esforzaban por encender este amor en otros corazones.
Los creyentes debían continuar cultivando el amor que llenaba el corazón de los apóstoles después del derramamiento del Espíritu Santo. Debían proseguir adelante y obedecer gustosos al nuevo mandamiento:
“Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34). Debían vivir tan unidos con Cristo que se vieran capacitados para cumplir sus requerimientos. Debían ensalzar el poder de un Salvador que podía justificarlos por su justicia (Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 241).
La paciencia es una planta que crecerá rápidamente si se cultiva con esmero. Al conocemos cabalmente a nosotros mismos, y combinando nuestra firme decisión con la gracia de Dios, podremos ser vencedores y llegar a la perfección en todas las cosas sin que nada nos falte.
La paciencia derrama el bálsamo de la paz y el amor en los acontecimientos de la vida hogareña… La paciencia buscará unidad en la iglesia, la familia y la sociedad. Debemos fundir esta virtud en nuestra vida (Mi vida hoy, p. 100).
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ESCUELA SABÁTICA – LECCIÓN 5 – NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
Esta semana estudiaremos la lección 5 – La experiencia de la unidad en la iglesia primitiva
Para el 3 de noviembre de 2018
Lecciones de Escuela Sabática – Cuarto trimestre 2018
UNIDAD EN CRISTO
Narración: Maira Fermin

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