Notas de Elena | Sábado 27 de enero 2018 | Mayordomos después del Edén | Escuela Sabática

Sábado 27 de enero
Bajo la maldición del pecado, toda la naturaleza daría al hombre testimonio del carácter y las consecuencias de la rebelión contra Dios. Cuando Dios creó al hombre lo hizo señor de toda la tierra y de cuantos seres la habitaban. Mientras Adán permaneció leal a Dios, toda la naturaleza se mantuvo bajo su señorío. Pero cuando se rebeló contra la ley divina, las criaturas inferiores se rebelaron contra su dominio. Así el Señor, en su gran misericordia, quiso enseñar al hombre la santidad de su ley e inducirle a ver por su propia experiencia el peligro de hacerla a un lado, aun en lo más mínimo.
La vida de trabajo y cuidado, que en lo sucesivo sería el destino del hombre, le fue asignada por amor a él. Era una disciplina que su pecado había hecho necesaria para frenar la tendencia a ceder a los apetitos y las pasiones y para desarrollar hábitos de dominio propio. Era parte del gran plan de Dios para rescatar al hombre de la ruina y la degradación del pecado (Patriarcas y profetas, pp. 43, 44).
Dios desea que sus obreros lo consideren como el Dador de todo lo que poseen, que recuerden que todo lo que tienen y todo lo que son procede de él, cuyos consejos son admirables y cuyas obras son excelentes. El delicado toque de la mano del médico, su poder sobre los nervios y los músculos, su conocimiento del delicado organismo del cuerpo, constituyen la sabiduría del poder divino que debe emplearse en beneficio de la humanidad doliente. La habilidad con que el carpintero usa el martillo y la fuerza con que el herrero hace resonar el yunque proceden de Dios. Él ha dado a los hombres habilidades, y desea que éstos acudan a él en busca de consejos. Así podrán emplear sus dones con una eficacia infalible, y podrán testificar que son obreros juntamente con Dios…
Todo lo que poseemos pertenece al Señor, sin ninguna duda. Él nos invita a despertamos, a compartir las cargas de su causa para que su obra tenga prosperidad. Cada cristiano debe llevar a cabo su parte como un mayordomo fiel (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 120).
Dios ha hecho a los hombres administradores suyos. Las propiedades que él puso en sus manos son los medios provistos por él para la difusión del evangelio. A los que demuestren ser fieles administradores, les encomendará responsabilidades mayores. Dijo el Señor: “Yo honraré a los que me honran”. (Patriarcas y profetas, p. 569).
Todas las cosas buenas que tenemos son un préstamo de nuestro Salvador. Nos ha hecho mayordomos. Nuestras ofrendas más ínfimas, nuestros servicios más humildes, presentados con fe y amor, pueden ser dones consagrados para salvar almas en el servicio del Maestro y para promover su gloria. El interés y la prosperidad del reino de Cristo deben superar toda otra consideración. Los que hacen de sus placeres e intereses egoístas los objetos principales de su vida, no son mayordomos fieles.
Los que se nieguen personalmente con el fin de hacer bien a otros y se consagren con todo lo que tienen al servicio de Cristo, experimentarán la felicidad que en vano busca el egoísta…
Los cristianos se olvidan de que son siervos del Maestro; de que le pertenecen ellos mismos, su tiempo y todo lo que tienen (Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 436, 437).
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Notas de Elena G. de White
Lección 5: Para el 3 de febrero de 2018
Mayordomos después del Edén
Escuela Sabática – Primer trimestre 2018
Mayordomía: Las motivaciones del corazón

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