Notas de Elena | Sábado 24 de febrero 2018 | Las ofrendas de gratitud | Escuela Sabática

Sábado 24 de febrero
Jesús llena las necesidades del pecador, pues ha tomado sobre sí los pecados del transgresor. “El herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. Isaías 53:5. El Señor podría haber extirpado al pecador y haberlo destruido completamente, pero eligió el plan más costoso. En su gran amor, proporciona esperanza al desesperanzado, dando a su Hijo unigénito para llevar los pecados del mundo. Y puesto que ha prodigado a todo el cielo en aquella rica dádiva, no privará al hombre de ninguna ayuda necesaria para que pueda tomar la copa de la salvación y se convierta en heredero de Dios y coheredero con Cristo (Mensajes selectos, tomo 1, p. 379).
Si los hermanos y hermanas estuviesen en el lugar donde debieran estar, no les sería difícil encontrar algo que decir en honor de Jesús, quien pendió de la cruz del Calvario por los pecados de ellos. Si se esforzasen más por comprender la condescendencia manifestada por Dios al dar a su amado Hijo unigénito para que muriese en sacrificio por nuestros pecados y transgresiones, por comprender los sufrimientos y la angustia que soportó Jesús a fin de preparar una vía de escape para el hombre culpable y a fin de que pudiese recibir el perdón y vivir, estarían más dispuestos a ensalzar y magnificar a Jesús. No podrían callar, sino que con acción de gracias y gratitud hablarían de su gloria y de su poder. Y sobre ellos descansarían las bendiciones de Dios por haber hecho eso… Aun cuando repitamos vez tras vez la misma historia, honra a Dios y demuestra que no nos olvidamos de su bondad ni de sus misericordias hacia nosotros (Primeros escritos, p. 115).
Si vosotros, pues, siendo humanos y malos, “sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13). El Espíritu Santo, su representante, es la mayor de todas sus dádivas. Todas las “buenas dádivas” quedan abarcadas en ésta. El Creador mismo no puede darnos cosa alguna que sea mejor ni mayor. Cuando suplicamos al Señor que se compadezca de nosotros en nuestras aflicciones y que nos guíe mediante su Espíritu Santo, no desoirá nuestra petición. Es posible que aun un padre se aleje de su hijo hambriento, pero Dios no podrá nunca rechazar el clamor del corazón menesteroso y anhelante. ¡Con qué ternura maravillosa describió su amor! A los que en días de tinieblas sientan que Dios no cuida de ellos, éste es el mensaje del corazón del Padre: “Sion empero ha dicho: ¡Me ha abandonado Jehová, y el Señor se ha olvidado de mí! ¿Se olvidará acaso la mujer de su niño mamante, de modo que no tenga compasión del hijo de sus entrañas? ¡Aun las tales le pueden olvidar; mas no me olvidaré yo de ti! He aquí que sobre las palmas de mis manos te traigo esculpida”. Isaías 19:14-16 (El discurso maestro de Jesucristo, p. 112).
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Notas de Elena G. de White
Lección 9: Para el 3 de marzo de 2018
Las ofrendas de gratitud
Escuela Sabática – Primer trimestre 2018
Mayordomía: Las motivaciones del corazón

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