Notas de Elena | Sábado 13 de enero 2018 | ¿Dios o Mamón? | Escuela Sabática

Sábado 13 de enero

El amor al mundo ejerce una terrible influencia sobre la gente a la cual el Señor ha mandado velar y orar constantemente, no sea que venga de repente y los encuentre durmiendo. “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. 1 Juan 2:15-17.

Se me mostró que el pueblo de Dios que profesa creer la verdad presente no se encuentra en una actitud de espera y vigilancia. Los hijos de Dios están incrementando sus riquezas, y están depositando sus tesoros en la tierra. Se están volviendo ricos en las cosas mundanas, pero no ricos en Dios. No creen que el tiempo sea corto; no creen que el fin de todas las cosas está cerca, que Cristo está a las puertas. Pueden profesar mucha fe, pero se engañan a sí mismos; porque solo pondrán en práctica la fe que realmente poseen. Sus obras ponen de manifiesto el carácter de su fe, y dan testimonio ante los que los rodean que la venida de Cristo no se va a producir en esta generación. De acuerdo con su fe serán sus obras. Están añadiendo una casa a la otra, y un terreno al otro; son ciudadanos de este mundo (Testimonios para la iglesia, tomo 2, pp. 177, 178).

El hombre egoísta y amante del dinero vive para comer y beber y gozar de los bienes de este mundo. Pero no tiene en vista la eternidad. No toma en cuenta el mundo eterno. En cambio, los que reciben y creen la verdad tienen esa fe que obra por el amor y purifica el alma de todo lo sensual. El mundo no los puede conocer, porque tienen en cuenta las realidades eternas. Un poder motivador obra interiormente para transformar el carácter. Una influencia que impulsa, recibida del cielo, obra como la levadura escondida en la masa. El amor de Jesús se introduce en el corazón con su poder redentor para controlar todo el ser: el alma, el cuerpo y el espíritu (Cada día con Dios, p. 184).

Recordemos que la naturaleza moral necesita ser fortalecida por la vigilancia y la oración constantes. Mientras miremos a Cristo estamos seguros; pero en cuanto pensemos en nuestros sacrificios y dificulta-des, y empecemos a simpatizar con nosotros mismos y a mimamos, perderemos nuestra confianza en Dios y estaremos en grave peli-gro (Testimonios para la iglesia, tomo 4, p. 513).

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