Notas de Elena | Sábado 10 de febrero 2018 | Honestidad para con Dios | Escuela Sabática

Sábado 10 de febrero
Todo lo que el hombre recibe de la bondad de Dios sigue perteneciendo al Señor. Todo lo que Dios ha otorgado, en las cosas valiosas y bellas de la tierra, ha sido puesto en las manos de los hombres para probarlos, para sondear la profundidad de su amor hacia él y del aprecio en que tienen sus favores. Ya se trate de tesoros o de dones del intelecto, han de depositarse como ofrenda voluntaria a los pies de Jesús y el dador ha de decir como David: “Todo es tuyo, y lo recibido de tu mano te damos” (Patriarcas y profetas, p. 816).
Nuestro corazón es naturalmente pecador e indolente en el servicio de Cristo; y tenemos que estar en constante guardia, o no lograremos soportar las penurias de buenos soldados de Cristo, y no sentiremos la necesidad de luchar vigorosamente en contra de los pecados dominantes, sino que nos rendiremos pronto a las sugestiones de Satanás y levantaremos nuestro propio estandarte antes que aceptar el puro y elevado estandarte que Dios ha levantado para nosotros (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 625).
El “corazón bueno y recto” mencionado en la parábola, no es un corazón sin pecado; pues se predica el evangelio a los perdidos. Cristo dijo: “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” Marcos 2:17. Tiene corazón recto el que se rinde a la convicción del Espíritu Santo. Confiesa su pecado, y siente su necesidad de la misericordia y el amor de Dios. Tiene el deseo sincero de conocer la verdad para obedecerla. El “corazón bueno” es el que cree y tiene fe en la palabra de Dios. Sin fe es imposible recibir la palabra. “El que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” Hebreos 11:6 (Palabras de vida del gran Maestro, p. 38).
Cuando Cristo habla del nuevo corazón, se refiere a la mente, a la vida, al ser entero. Experimentar un cambio de corazón es apartar los afectos del mundo y fijarlos en Cristo. Tener un nuevo corazón es tener una mente nueva, nuevos propósitos, nuevos motivos. ¿Cuál es la señal de un corazón nuevo? Una vida transformada. Se produce día tras día, hora tras hora, una muerte del orgullo y el egoísmo.
La verdadera conversión nos hace estrictamente honrados en nuestro trato con nuestros semejantes. Nos hace fieles en nuestro trabajo diario (Mensajes para los jóvenes, p. 50).
Los principios, la justicia y la honradez deberían ser siempre bien acogidas… El Maestro exige de sus siervos que tanto sus motivos como sus acciones sean honorables. Para muchos, tales personas no son agradables; en cambio, para Dios son bellas (Testimonios para la iglesia, tomo 4, p. 600).

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