Miércoles 7 de mayo: La Ley impotente

El pecador ve la espiritualidad de la ley de Dios y sus eternas obli¬gaciones. Ve el amor de Dios al proveer a un sustituto y una seguridad para el hombre culpable, y ese sustituto es Alguien igual a Dios. Esta manifestación de gracia para con el mundo en el don de la salvación llena al pecador de asombro. Este amor de Dios hacia el hombre derri¬ba toda barrera. El hombre viene a la cruz, que ha sido puesta a mitad de camino entre la divinidad y la humanidad, y se arrepiente de sus pecados de transgresión, porque Cristo ha esta-do atrayéndolo hacia él.
Él no espera que la ley lo limpie de pecado, porque no existe ningún elemento perdonador en la ley para salvar a los transgresores de ella. Él mira el sacrificio expiatorio como su única esperanza, en virtud del arrepentimiento delante de Dios -porque las leyes de su gobierno han sido violadas- y considera la fe en nuestro Señor Je-sucristo como lo único que puede salvar al pecador y limpiarlo de toda transgresión.
La obra mediadora de Cristo comenzó en el mismo momento en que comenzó la culpabilidad, el sufrimiento y la miseria humana, tan pronto como el hombre se convirtió en un transgresor. La ley no fue abolida para salvar al hombre y para lograr su unión con Dios. Pero Cristo asumió el papel de ser su garante y libertador al hacerse pecado por el hombre, a fin de que el hombre viniera a ser la justi-cia de Dios en y por medio de Aquel que era [y es] Uno con el Pa-dre. Los pecado¬res pueden ser justificados por Dios únicamente cuando él perdona sus pecados, los libra del castigo que merecen, y los trata como si fueran verdaderamente justos y como si no hubie-ran pecado, recibiéndolos en el favor divino y tratándolos como si fueran justos. Son justificados únicamente por la justicia de Cristo que se acredita al pecador. El Padre acepta al Hijo, y en virtud del sacrificio expiatorio de su Hijo, acepta al pecador (Mensajes selec-tos, tomo 3, pp. 220, 221).
El primer paso hacia la reconciliación con Dios, es la convicción del pecado. “El pecado es transgresión de la ley.” “Por la ley es el conocimiento del pecado” (1 Juan 3:4; Romanos 3:20). Para reco-nocer su culpabilidad, el pecador debe medir su carácter por la gran norma de justicia que Dios dio al hombre. Es un espejo que le muestra la imagen de un carácter perfecto y justo, y le permite dis-cernir los defectos de su propio carácter.
La ley revela al hombre sus pecados, pero no dispone ningún reme¬dio. Mientras promete vida al que obedece, declara que la muerte es lo que le toca al transgresor. Solo el evangelio de Cristo puede librarle de la condenación o de la mancha del pecado. Debe arrepentirse ante Dios cuya ley transgredió, y tener fe en Cristo y en su sacrificio expiatorio. Así obtiene “remisión de los pecados come-tidos anteriormente”, y se hace partícipe de la naturaleza divina. Es un hijo de Dios, pues ha reci¬bido el espíritu de adopción, por el cual exclama: “¡Abba, Padre!” (El conflicto de los siglos, p. 521).

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Notas de Elena Segundo trimestre 2014 Escuela Sabática

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Lección Diaria

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