Notas de Elena | Miércoles 31 de octubre 2018 | La generosidad y la codicia | Escuela Sabática

Miércoles 31 de octubre: La generosidad y la codicia
Frente al ejemplo de benevolencia mostrado por los creyentes, contrastaba notablemente la conducta de Ananías y Safira, cuyo caso registrado por la pluma de la inspiración dejó una mancha obscura en la historia de la iglesia primitiva… [Bajo la influencia directa del Espíritu de Dios, Ananías y Safira habían hecho una promesa de dar al Señor el importe de la venta de cierta propiedad. Más tarde, Ananías y Safira agraviaron al Espíritu Santo cediendo a sentimientos de codicia. Empezaron a lamentar su promesa, y pronto perdieron la dulce influencia de la bendición que había encendido sus corazones con el deseo de hacer grandes cosas en favor de la causa de Cristo. Pensaban que habían sido demasiado apresurados, que debían considerar nuevamente su decisión… [Sintiendo vergüenza de que sus hermanos supieran que sus almas egoístas les hacían dar de mala gana lo que habían dedicado solemnemente a Dios, decidieron deliberadamente vender la propiedad, y pretender dar todo el producto al fondo general, cuando en realidad se guardarían una buena parte para sí mismos. Así se asegurarían el derecho de vivir del fondo común, y al mismo tiempo ganarían alta estima entre sus hermanos (Los hechos de los apóstoles, p. 59).
La benevolencia constante y abnegada es el remedio de Dios para los pecados ulcerosos del egoísmo y la codicia. Dios ha dispuesto que la benevolencia sistemática sostenga su causa y alivie las necesidades de los sufrientes y menesterosos. Ha ordenado que la dadivosidad se convierta en un hábito que puede contrarrestar el pecado peligroso y engañoso de la codicia…
La práctica constante del plan de Dios de la benevolencia sistemática debilita la codicia y fortalece la benevolencia… Dios conoce nuestro peligro y nos ha protegido contra él con medios que previenen nuestra propia ruina. Se requiere el ejercicio constante de la benevolencia, para que la fuerza del hábito en las buenas obras pueda quebrar la fuerza del hábito en una dirección opuesta (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 601).
En la medida en que el amor de Cristo llene nuestros corazones y domine nuestra vida, quedarán vencidas la codicia, el egoísmo y el amor a la comodidad, y tendremos placer en cumplir la voluntad de Cristo, cuyos siervos aseveramos ser. Nuestra felicidad será entonces proporcional a nuestras obras abnegadas, impulsadas por el amor de Cristo…
El que da a los menesterosos beneficia a los demás, y se beneficia a sí mismo en un grado aún mayor. Dios podría haber alcanzado su objeto en la salvación de los pecadores sin la ayuda del hombre, pero él sabía que éste no podría ser feliz sin desempeñar en la gran obra una parte en la cual cultivara la abnegación y la benevolencia.
Para que el hombre no perdiera los bienaventurados resultados de la benevolencia, nuestro Redentor ideó el plan de alistarlo como colaborador suyo… Envía a sus pobres como representantes suyos… En la medida en que atendemos estos pedidos mediante nuestro trabajo y generosidad, nos vamos asemejando a Aquel que por nosotros se hizo pobre. Al impartir, beneficiamos a otros y así acumulamos verdaderas riquezas (Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 421, 422).
=============================
ESCUELA SABÁTICA – LECCIÓN 5 – NOTAS DE ELENA G. DE WHITE
Esta semana estudiaremos la lección 5 – La experiencia de la unidad en la iglesia primitiva
Para el 3 de noviembre de 2018
Lecciones de Escuela Sabática – Cuarto trimestre 2018
UNIDAD EN CRISTO
Narración: Maira Fermin

Compartir

Recomendado

Comentarios de Facebook

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*