Miércoles 27 de agosto: Hacer discípulos

Debemos ser conductos consagrados, por los cuales la vida del cielo se comunique a otros. El Espíritu Santo debe animar e impregnar toda la iglesia, purificando los corazones y uniéndolos unos con otros. Los que han sido sepultados con Cristo por el bautismo deben entrar en una nueva vida, y dar un ejemplo vivo de lo que es la vida de Cristo. Una comisión sagrada nos ha sido confiada. Esta es la orden que hemos recibido: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20). La obra a la que os habéis consagrado consiste en dar a conocer el evangelio de salvación. Vuestro poder debe estar fundado en la perfección celestial. El testimonio que debemos dar por Dios no consiste solo en predicar la verdad y distribuir impresos. No olvidemos que el argumento más poderoso en favor del cristianismo es una vida semejante a la de Cristo, mientras que un cristiano vulgar hace más daño en el mundo que un mundano. Todos los libros escritos no reemplazarán una vida santa. La gente creerá, no lo que diga el predicador, sino lo que viva la iglesia. Demasiado a menudo la influencia del sermón predicado desde el púlpito queda neutralizada por la que se desprende de la vida de personas que se dicen defensoras de la verdad.
El propósito de Dios es glorificarse a sí mismo delante del mundo en su pueblo. El quiere que los que lleven el nombre de Cristo le representen por el pensamiento, la palabra y la acción. Deben tener pensamientos puros y pronunciar palabras nobles y animadoras, capaces de atraer al Salvador a las personas que los rodean. La religión de Cristo debe estar entretejida en todo lo que dicen y hacen. En todos sus negocios, debe desprenderse el perfume de la presencia de Dios (Testimonios para la iglesia, tomo 9, p. 18).
Dios contempla este mundo con intenso interés. Ha notado la capacidad de servicio de los seres humanos. Penetrando a través del tiempo ha considerado a sus siervos, hombres y mujeres, y ha preparado el camino delante de ellos, diciendo: “Enviaré a ellos mis mensajeros, y ellos verán resplandecer gran luz entre las tinieblas. Ganados al servicio de Cristo, utilizarán sus talentos para la gloria de mi nombre. Saldrán a trabajar para mí con celo y devoción. Mediante sus esfuerzos, la verdad hablará con énfasis a miles de personas, y los hombres que están ciegos espiritualmente recibirán la vista y verán mi salvación”.
La verdad será puesta muy de relieve para que pueda leerla aun el que corre. Se idearán medios para alcanzar los corazones. Algunos de los métodos utilizados en esta obra serán diferentes de los métodos usados en la obra en el pasado; pero nadie bloquee, a causa de esto, el camino por medio de la crítica (El evangelismo, p. 99).

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