Notas de Elena | Miércoles 24 de enero 2018 | La vida de sabiduría | Escuela Sabática

Miércoles 24 de enero: La vida de sabiduría
El lenguaje de Salomón al orar a Dios ante el antiguo altar de Gabaón, revela su humildad y su intenso deseo de honrar a Dios. Comprendía que sin la ayuda divina, estaba tan desamparado como un niñito para llevar las responsabilidades que le incumbían. Sabía que carecía de discernimiento, y el sentido de su gran necesidad le indujo a solicitar sabiduría a Dios. No había en su corazón aspiración egoísta por un conocimiento que le ensalzase sobre los demás. Deseaba desempeñar fielmente los deberes que le incumbían, y eligió el don por medio del cual su reinado habría de glorificar a Dios. Salomón no tuvo nunca más riqueza ni más sabiduría o verdadera grandeza que cuando confesó: “Yo soy un niño pequeño y no sé cómo me debo conducir”…
Nuestras peticiones a Dios no debieran proceder de corazones llenos de aspiraciones egoístas. Dios nos exhorta a elegir los dones que redundarán para la gloria de él. Quiere que elijamos lo celestial en lugar de lo terrenal. Abre de par en par ante nosotros las posibilidades y ventajas de un trato con el Cielo. Alienta nuestras metas más altas, da seguridad a nuestros más selectos tesoros. Aunque le sean arrebatadas las posesiones mundanales, el creyente se regocija en su tesoro celestial, cuyas riquezas no pueden perderse en ningún desastre terreno (Conflicto y valor, pp. 189, 190).
Nadie que realmente ame y tema a Dios seguirá transgrediendo ningún punto de la ley de Dios. Cuando infringe la ley, el hombre está bajo la condenación de la misma, que se convierte en un yugo de esclavitud para él…
“La ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma”. Por medio de la obediencia se logra la santificación del cuerpo, el alma y el espíritu. Esta santificación es una obra progresiva, en que se pasa de una etapa de perfección a otra.
Corre una fe viva cual hilo de oro, en toda la ejecución de los deberes aun los más humildes. Entonces toda la tarea diaria promoverá el crecimiento cristiano. Habrá una continua contemplación de Jesús. El amor por él dará fuerza vital a cuanto se emprenda (Mi vida hoy, p. 258).
No ganamos la salvación con nuestra obediencia; porque la salvación es el don gratuito de Dios, que se recibe por la fe. Pero la obediencia es el fruto de la fe. “Sabéis que él fue manifestado para quitar los pecados, y en él no hay pecado. Todo aquel que mora en él no peca; todo aquel que peca no le ha visto, ni le ha conocido”. (1 Juan 3:5, 6). He aquí la verdadera prueba. Si moramos en Cristo, si el amor de Dios está en nosotros, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestros designios, nuestras acciones, estarán en armonía con la voluntad de Dios, según se expresa en los preceptos de su santa ley…
La condición para alcanzar la vida eterna es ahora exactamente la misma de siempre, tal cual era en el paraíso antes de la caída de nuestros primeros padres: la perfecta obediencia a la ley de Dios, la perfecta justicia. Si la vida eterna se concediera con alguna condición inferior a ésta, peligraría la felicidad de todo el universo (El camino a Cristo, pp. 61, 62).

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