Notas de Elena | Miércoles 21 de febrero 2018 | El depósito | Escuela Sabática

Los que están verdaderamente convertidos son llamados a hacer una obra que requiere dinero y consagración. Las obligaciones que asumimos cuando nuestros nombres figuran en el registro de la iglesia nos hacen responsables de trabajar para Dios al máximo de nuestras posibilidades. Él quiere un servicio indiviso, la devoción total del corazón, el alma, la mente y la fuerza. Cristo nos ha dado la oportunidad de trabajar en la iglesia para que podamos dedicar todas nuestras capacidades, y aumentarlas, en un servicio consagrado por la salvación de los demás. Todo lo que no alcance esta norma implicará oposición a la obra. Hay solo dos lugares en el universo donde podemos depositar nuestros tesoros: en el almacén de Dios, o en el de Satanás. Y todo lo que no se dedique al servicio de Dios se cuenta como si estuviera del lado de Satanás, para fortalecer su causa (Cada día con Dios, p. 301).
Por este sistema se alcanzan grandes objetivos. Si todos lo aceptaran, cada uno sería un tesorero de Dios vigilante y fiel, y no faltarían recursos para llevar a cabo la gran obra de proclamar el último mensaje de amonestación al mundo. La tesorería estará llena si todos adoptan este sistema, y los contribuyentes no serán más pobres por ello. Mediante cada inversión hecha, llegarán a estar más vinculados a la causa de la verdad presente. Estarán “atesorando para sí buen fundamento para lo por venir” a fin de “que echen mano de la vida eterna”. 1 Timoteo 6:19 (Testimonios para la iglesia, tomo 3, p. 428).
Los miembros de la iglesia deben contribuir alegremente al sostén del ministerio. Deben practicar la renunciación y la economía, para no quedar atrasados en ningún buen don. Somos peregrinos y advenedizos, que buscan una patria mejor, y cada alma debe hacer un pacto con Dios con sacrificio. Es corto el tiempo que nos queda para salvar almas, y todo lo que no se necesita para suplir necesidades positivas debe ser traído como ofrenda de acción de gracias a Dios.
Y es deber de los que trabajan en palabra y doctrina revelar igual renunciación. Descansa una solemne responsabilidad sobre los que reciben los generosos donativos de la iglesia y administran los recursos de la tesorería de Dios. Deben estudiar cuidadosamente las providencias de Dios, para discernir dónde impera la mayor necesidad. Han de ser colaboradores con Cristo en establecer su reino en la tierra, en armonía con la oración del Salvador: “Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Mateo 6:10 (Obreros evangélicos, p. 469).
Si las personas a quienes se ha confiado el dinero de Dios fueran fieles en llevar a la tesorería del Señor los medios que les fueron prestados, su obra avanzaría con rapidez. Mucha gente sería ganada para la causa de la verdad, y el día del regreso de Cristo se apresuraría…
De modo que nuestra obra en el mundo debe llevarse adelante. Los mayordomos fieles deben depositar el dinero del Señor en su tesorería, para que los obreros puedan ser enviados a todas partes en el mundo.
La iglesia aquí en la tierra debe servir a Dios con abnegación y espíritu de sacrificio. Así es como debe llevarse a cabo su obra y ganarse los triunfos más gloriosos (Testimonios para la iglesia, tomo 9, p. 47).
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Notas de Elena G. de White
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