Notas de Elena | Miércoles 20 de Diciembre de 2017 | Amarse unos a otros | Escuela Sabática

Miércoles 20 de Diciembre

Amarse unos a otros

Los primeros cuatro mandamientos del Decálogo están resumidos en el primer gran precepto: “Amaras al Señor tu Dios de todo tu corazón”. Los últimos seis están incluidos en el otro: “Amaras a tu prójimo como a ti mismo”. Estos dos mandamientos son la expresión del principio del amor. No se puede guardar el primero y violar el segundo, ni se puede guardar el segundo mientras se viola el primero. Cuando Dios ocupe en el trono del corazón su lugar legítimo, nuestro prójimo recibirá el lugar que le corresponde. Le amaremos como a nosotros mismos. Únicamente cuando amemos a Dios en forma suprema, será posible amar a nuestro prójimo imparcialmente (El Deseado de todas las gentes, p. 559). La hermosura del carácter de Cristo ha de verse en los que le siguen. Él se deleitaba en hacer la voluntad de Dios. El poder que predominaba en la vida de nuestro Salvador era el amor a Dios y el celo por su gloria. El amor embellecía y ennoblecía todas sus acciones. El amor es de Dios; el corazón inconverso no puede producirlo u originarlo. Se encuentra solamente en el corazón donde Cristo reina. “Nosotros amamos, por cuanto él nos amó primero” (1 Juan 4:19). En el corazón regenerado por la gracia divina, el amor es el móvil de las acciones. Modifica el carácter, gobierna los impulsos, restringe las pasiones, subyuga la enemistad y ennoblece los afectos. Este amor atesorado en el alma endulza la vida y derrama una influencia purificadora sobre todos los que están en derredor (El camino a Cristo, p. 59). Aprovechad cada oportunidad que e os presente para contribuir a la felicidad de vuestros semejantes, compartiendo con ellos vuestro afecto. Las palabras bondadosas, las miradas de compasión, las expresiones de aprecio serán como un vaso de agua fresca para el sediento, en el caso de muchas personas solitarias y afligidas. Una palabra de ánimo, un acto de bondad aliviaran muchísimo las cargas. que pesan sobre muchos hombre fatigados. La verdadera felicidad se encuentra en un ministerio abnegado. Y cada palabra y accion nacidas con ese fin se registran en los libros del cielo como si se dirigieran a Cristo… Vivid bajo el resplandor del amor de Jesús. Entonces seréis una bendición para el mundo. El espíritu de trabajo abnegado en beneficio de los demás confiere profundidad, estabilidad y encanto como el de Cristo al carácter y crea paz y felicidad en el corazón de su poseedor. Cada deber cumplido, cada sacrificio hecho en el nombre de Jesús, produce una excelsa recompensa. En el mismo acto del deber, Dios habla, y da su bendición (Mi vida hoy, p. 170).

Compartir

Recomendado

Comentarios de Facebook

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*