Notas de Elena | Miércoles 19 de julio 2017 | La obediencia de fe | Escuela Sabática

Miércoles 19 de julio: La obediencia de fe
La justificación por la fe en Cristo se manifestará en la transformación del carácter. Esta es para el mundo la señal de la verdad de las doctrinas que profesamos. La evidencia diaria de que somos una iglesia viviente se ve en el hecho de que practicamos la Palabra. Un testimonio viviente se manifiesta al mundo en una acción cristiana consecuente.
Ese testimonio declara a un mundo apóstata que hay un pueblo que cree que nuestra seguridad reside en aferramos a la Biblia. Este testimonio es una distinción inconfundible frente al testimonio de la gran iglesia apóstata, que acepta la sabiduría y autoridad humanas en lugar de la sabiduría de Dios (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1070).
Eloy Satanás presenta las mismas tentaciones que presentó a Cristo, ofreciéndonos los reinos del mundo a cambio de nuestra su-misión. Pero no tienen poder las tentaciones de Satanás sobre aquel que contempla a Jesús como el autor y consumador de su fe. No puede hacer pecar al que acepte por fe las virtudes de Aquel que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. No puede ser vencido el que se arrepiente de sus peca-dos y acepta el don de la vida del Hijo de Dios. Aferrándose por fe de la naturaleza divina, llega a ser un hijo de Dios. Ora, cree. Cuando es tentado y probado, demanda el poder que Cristo dio con su muerte, y vence mediante la gracia de Jesús. Esto necesita entender cada pecador. Debe arrepentirse de sus pecados, debe creer en el poder de Cristo, y debe aceptar ese poder que salva y protege del pecado. ¡Cuán agradecidos debiéramos estar por la dádiva del ejemplo de Cristo! (Mensajes selectos, t. 1, p. 262).
En la fe no hay nada que la convierta en nuestro salvador. La fe no puede quitar nuestra culpa. Cristo es el poder de Dios para salvación a todos lo que creen. La justificación se recibe mediante los méritos de Jesucristo; él ha pagado el precio de la redención del pecado; sin embargo, solo mediante la fe en su sangre es como Jesús puede justificar al creyente.
El pecador no puede depender de sus propias buenas obras como un medio de justificación. Debe llegar hasta el punto donde renuncia a todos sus pecados y acepta un grado tras otro de luz a medida que brillen sobre su sendero. Por la fe sencillamente echa mano de la provisión amplia y gratuita hecha por la sangre de Cristo. Cree en las promesas de Dios, las cuales mediante Cristo son hechas para él santificación, justificación y redención. Y si sigue a Jesús caminará humildemente en la luz, regocijándose en ésta y difundiéndola a otros. Ya justificado por la fe, marcha gozoso en su obediencia durante toda su vida. Paz con Dios es el resultado de lo que Cristo es para él (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1071).

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