Notas de Elena | Miércoles 12 de septiembre 2018 | Ante el Sanedrín | Escuela Sabática

Miércoles 12 de septiembre: Ante el Sanedrín
El apóstol [Pablo] iba ahora a ser juzgado por el mismo tribunal del que había formado parte antes de su conversión. Ante los magistrados judíos compareció con tranquilo aspecto, y su semblante denotaba la paz de Cristo, “Poniendo los ojos en el concilio—dijo: —Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el día de hoy”. Después de oír estas palabras, sus odios se encendieron de nuevo; “el príncipe de los sacerdotes, Ananías, mandó entonces a los que estaban delante de él que le hiriesen en la boca”. A su inhumana orden, Pablo exclamó: “Herirte ha Dios, pared blanqueada: ¿y estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y contra la ley me mandas herir? Y los que estaban presentes dijeron: ¿AI sumo sacerdote de Dios maldices?” Con su habitual cortesía Pablo respondió: “No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: Al príncipe de tu pueblo no maldecirás” (Los hechos de los apóstoles, p. 329).
Los fariseos eran muy estrictos en cuanto a la observancia externa de las formas y las costumbres, y estaban llenos de justicia propia altiva, mundana e hipócrita. Los saduceos negaban la resurrección de los muertos y la existencia de los ángeles, y eran escépticos en cuanto a Dios. Esta secta estaba formada mayormente por personajes indignos, muchos de los cuales practicaban hábitos licenciosos (Comentario de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1053).
“Entonces Pablo, sabiendo que la una parte era de Saduceos, y la otra de Fariseos, clamó en el concilio: Varones hermanos, yo soy Fariseo, hijo de Fariseo: de la esperanza y de la resurrección de los muertos soy yo juzgado. Y como hubo dicho esto, fue hecha disensión entre los Fariseos y los Saduceos; y la multitud fue dividida. Porque los Saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu, mas los Fariseos confiesan ambas cosas”. Los dos partidos empezaron a disputar entre sí; y de este modo se quebrantó su oposición contra Pablo. “Los escribas de la parte de los Fariseos, contendían diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si espíritu le ha hablado, o ángel, no resistamos a Dios.
En la confusión que siguió a esto, los saduceos se esforzaban en apoderarse del apóstol para matarlo, y los fariseos luchaban con todo ardor por protegerlo. “El tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado de ellos, mandó venir soldados, y arrebatarle de en medio de ellos, y llevarle a la fortaleza” (Los hechos de los apóstoles, pp. 329, 330).
San Pablo dice: “Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: aun estáis en vuestros pecados. Entonces también los que murieron en Cristo perecieron” [1 Corintios 15:16-18, RV95]. Si desde hace cuatro mil años los justos al morir hubiesen ido directamente al cielo, ¿cómo habría podido decir San Pablo que si no hay resurrección, “también los que murieron en Cristo, perecieron”? No habría necesidad de resurrección (El conflicto de los siglos, p. 534).
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Escuela Sabática – lección 11 – Notas de Elena
Esta semana estudiaremos la lección 11 – Arresto en Jerusalén
Para el 15 de septiembre del 2018
Lecciones de Escuela Sabática – Tercer trimestre 2018
EL LIBRO DE HECHOS
Narración: Maira Fermin

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