Martes 6 de mayo: El poder de la Ley

Pablo dice que “en cuanto a ley” —en lo que respecta a actos ex-ter¬nos— era “irreprensible”; pero cuando discernió el carácter espi-ritual de la ley, cuando se miró en el santo espejo, se vio a sí mismo pecador. Juzgado por una norma humana, se había abstenido de pecado; pero cuando miró dentro de las profundidades de la ley de Dios, y se vio a sí mismo como Dios lo veía, se inclinó humilde-mente y confesó su culpa. No se apartó del espejo ni se olvidó qué clase de hombre era, sino que experimentó verdadero arrepenti-miento ante Dios y tuvo fe en nuestro Señor Jesucristo. Fue lavado, fue limpiado. Dice: “Tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el man-damiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto. Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí”.
El pecado entonces apareció en su verdadero horror, y desapare-ció su amor propio. Se volvió humilde. Ya no se atribuyó más bon-dad y mérito a sí mismo. Dejó de tener más alto concepto de sí mismo que el que debía tener, y atribuyó toda la gloria a Dios. No tuvo más ambición de grandezas. Dejó de desear venganza, y no fue más sensible al repro¬che, al desdén o al desprecio. No buscó más la unión con el mundo, posición social u honores. No derribó a otros para ensalzarse él. Se volvió manso, condescendiente, dócil y humilde de corazón, porque había aprendido su lección en la escue-la de Cristo. Hablaba de Jesús y su amor incomparable, y crecía más y más a su imagen. Dedicaba todas sus energías a ganar almas para Cristo. Cuando le sobrevenían pruebas debido a su abnegada labor por las almas, se inclinaba en oración y aumentaba su amor por ellas. Su vida estaba escondida con Cristo en Dios, y amaba a Jesús con todo el ardor de su alma. Amaba a cada iglesia; se intere-saba en cada miembro de iglesia, pues consideraba que cada alma había sido comprada con la sangre de Cristo (Comentario bíblico adventista, tomo 6, pp. 1075, 1076).
El apóstol reconoce los reclamos de la ley pero no se rebela con-tra ella porque le revela su verdadera situación; tampoco le dice a la ley: “Límpiame, purifícame”. Lo que hace es mirar al Calvario, caer sobre la Roca, Cristo Jesús, y quebrantarse. Es el arrepentimiento del cual no hay que arrepentirse. Sabe que “por las obras de la ley nadie será justifica¬do” (Gálatas 2:16), porque no está en la capaci-dad de la ley salvar, sino condenar; no puede perdonar, sino con-vencer; no puede reducir el rigor de sus reclamos, ni dejar de lado uno solo de sus requerimientos, puesto que al hacerlo, dejaría sin efecto los mandamientos restantes. La ley no puede salvar ni resca-tar al que perece. Hay una sola esperanza para el pecador. ¿Son las ceremonias externas? ¿Es el cumplimiento riguroso de los deberes religiosos? ¿Son las penitencias, las oraciones y la medita¬ción? ¿Son las donaciones a los pobres y las acciones meritorias? No; ninguna de estas cosas producirá la salvación del alma… Nadie puede estar delante de Dios confiado en sus propios méritos. Los que serán salvos lo serán porque Cristo pagó la deuda completa; y el ser hu-mano no puede hacer nada, absolutamente nada para merecer la salvación. Cristo dice: “Porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Entonces, ¿de quién es el mérito? Todo pertenece a nuestro Redentor…
Es la gracia de Cristo la que atrae al pecador hacia él, y solamen-te en él hay esperanza de salvación. El ser humano es indigno de recibir cualquier favor de Dios; pero cuando Cristo llega a ser su justicia, puede pedir y recibir, porque lo hace en su nombre y me-diante sus méritos. Cristo cargó con la penalidad de la ley para que pudiéramos tener su gracia, pero esto no significa que podemos prescindir de la ley. Pablo pregunta: “¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley (Romanos 3:31) (Signs of the Times, 10 de noviembre de 1890).
http://escuelasabatica.es/

Notas de Elena Segundo trimestre 2014 Escuela Sabática

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Lección Diaria

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