Martes 30 de diciembre: El llamado de la sabiduría
¡Qué temas de meditación presentan las Sagradas Escrituras a la mente! ¿Dónde pueden hallarse temas de contemplación más elevados? ¿Dónde hay temas tan intensamente interesantes? ¿En qué sentido son todas las investigaciones de la ciencia humana comparables en sublimidad y misterio con la ciencia de la Biblia? ¿Dónde hay algo que así mueva la fuerza del intelecto a un pensamiento profundo y serio?
Si permitimos que la Biblia nos hable, nos enseñará lo que ninguna otra cosa puede enseñarnos. Pero ¡ay! se espacia la mente en cualquier otra cosa, excepto la Palabra de Dios. La literatura sin valor, las historias ficticias son vorazmente devoradas, mientras la Biblia, con todos sus tesoros de verdad sagrada, permanece descuidada sobre nuestras mesas. Si se hiciera de la Palabra Sagrada la regla de la vida, refinará, elevará y santificará. Es la voz de Dios al hombre. ¿Le prestaremos atención?
“La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples”. Los ángeles están junto al que escudriña las Escrituras para impresionar e iluminar la mente. El mandato de Cristo dirigido a los discípulos hace mil ochocientos años: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna y ellas son las que dan testimonio de mí”, tiene hoy para nosotros igual fuerza que entonces (Mensajes para los jóvenes, p. 254, 255).
Estáis luchando por la corona de vida […]. Vivid para agradar al que os consideró de tanto valor que entregó a Jesús, su Hijo unigénito, para salvaros de vuestros pecados […]. Mantened siempre en mente el pensamiento de que lo que es necesario hacer, debe hacerse bien. Depended de Dios para obtener sabiduría, de modo que no desaniméis a ninguna alma en el bien hacer. Obrad con Cristo en la conducción de las almas hacia él […]. Haced todo lo que emprendáis de la mejor manera posible. Jesús es vuestro Salvador y confiad en él para que os ayude día a día, de modo que no sembréis cizañas, sino la buena simiente del reino […].
Debéis aprender a mirar con la mente tanto como con los ojos. Debéis educar el juicio para que no sea débil e ineficiente. Debéis orar en busca de dirección y confiar vuestros caminos al Señor. Debéis cerrar el corazón a toda necedad y pecado, y abrirlo a toda influencia celestial. Debéis emplear la mayor parte del tiempo y las oportunidades en el desarrollo de un carácter simétrico (Hijos e hijas de Dios, p. 285).
Hay hombres que se esfuerzan por ser originales, que se ponen por encima de lo que está escrito. Por lo tanto, su sabiduría es necedad. Descubren por adelantado cosas admirables, ideas que revelan que están muy atrasados en la comprensión de la voluntad y de los propósitos de Dios. Procurando simplificar o desenredar los misterios ocultos durante siglos a los mortales, son como un hombre que forcejea torpemente en el lodo, incapaz de liberarse, y que, sin embargo, dice a otros cómo salir del mar fangoso en que se encuentran. Esta es una representación adecuada de los hombres que tratan de corregir los errores de la Biblia. Nadie puede mejorar la Biblia sugiriendo lo que el Señor quiso decir o lo que debería haber dicho […].
Dios entregó a hombres finitos la preparación de su Palabra divinamente inspirada. Esta Palabra, distribuida en dos libros, el Antiguo y el Nuevo Testamentos, es el libro guía para los habitantes de un mundo caído, libro legado a ellos para que, mediante su estudio y la obediencia a sus instrucciones, ninguna alma pierda su camino al cielo (Mensajes selectos, t. 1, p. 18, 19).
No necesitáis ir hasta los confines de la tierra para buscar sabiduría, pues Dios está cerca. No son las capacidades que poseéis hoy, o las que tendréis en lo futuro, las que os darán éxito. Es lo que el Señor puede hacer por vosotros. Necesitamos tener una confianza mucho menor en lo que el hombre puede hacer, y una confianza mucho mayor en lo que Dios puede hacer por cada alma que cree. El anhela que extendáis hacia él la mano de la fe. Anhela que esperéis grandes cosas de él. Anhela daros inteligencia así en las cosas materiales como en las espirituales. Él puede aguzar el intelecto. Puede impartir tacto y habilidad. Emplead vuestros talentos en el trabajo; pedid a Dios sabiduría, y os será dada (Palabras de vida del Gran Maestro, p. 112).

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1 Comment

  • Francisco Quezada 2 años ago

    Gracias por su ministerio que nos ayuda a poder estudiar la leccion de Escuela Sabatica a quienes por motivo ocupacional no lo podemos hacer en casa, y la web es de gran ayuda , que Dios les bendiga