Notas de Elena | Martes 29 de agosto 2017 | Abraham, Sara y Agar | Escuela Sabática

Martes 29 de agosto: Abraham, Sara y Agar
El nacimiento del hijo de Zacarías, como el del hijo de Abraham y el de María, había de enseñar una gran verdad espiritual, una verdad que somos tardos en aprender y propensos a olvidar. Por nosotros mismos somos incapaces de hacer bien; pero lo que nosotros no podemos hacer será hecho por el poder de Dios en toda alma Sumisa y creyente. Fue mediante la fe como fue dado el hijo de la promesa. Es por la fe como se engendra la vida espiritual, y somos capacitados para hacer las obras de justicia (El Deseado de todas las gentes, p. 73).
¿Quiénes entre ustedes han estado reuniendo todas las dudas e interrogantes que podían juntar y amontonar contra esta justicia de Cristo? ¿Quién ha estado haciendo esto? ¿De qué lado estás tú?
¿Has estado asimilando las preciosas verdades, punto tras punto, así como han sido presentadas? ¿O has estado pensando en seguir tus propias ideas y opiniones, y lees y juzgas la Palabra de Dios por tus opiniones y teorías? ¿O cotejarás tus ideas y teorías con la Palabra de Dios permitiendo que los oráculos vivientes te revelen dónde están las deficiencias y los defectos en tus ideas y teorías? No podemos tomar la posición de que juzgaremos la Palabra de Dios porque creímos tal y tal cosa. “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren con-forme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20).
Si hubo alguna vez un pueblo que necesitó luz, es el que está viviendo en los días finales de la historia de esta tierra. Queremos saber qué dice la Escritura. Anhelamos allegamos a los oráculos vivientes de Dios. Queremos esa fe viva que ase el brazo del poder infinito, y deseamos confiar con todo nuestro ser en Cristo Jesús nuestra justicia. Y podemos hacerlo…
Hermanos, no hemos tenido fe. Hemos deshonrado a Dios con nuestra incredulidad demasiado tiempo (Fe y obras, pp. 65, 66).
La religión de Cristo no es una religión de mera emoción. No podéis depender de vuestros sentimientos como evidencia de la aceptación de Dios, porque los sentimientos son variables. Debéis afirmar vuestros pies en las promesas de la Palabra de Dios… y aprender a vivir por fe…
Oh, cuántos hay que andan dolientes, pecando y arrepintiéndose, siempre bajo una nube de condenación. No creen en la palabra del Señor. No creen que obrará como lo ha dicho… Usted hiere el corazón de Cristo al dudar, cuando él nos ha dado tantas evidencias de su amor al dar su vida para salvamos para que no pereciéramos, sino que tuviéramos vida eterna…
Debemos confiar; debemos educar y ejercitar nuestras almas en creer la Palabra de Dios implícitamente (In Heavenly Places, p. 126; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 128 y Mente, carácter y personalidad, t. 2, pp. 704, 705).

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